Cómo el derecho internacional ha sido convertido en arma contra Israel
El orden mundial basado en leyes ha expirado en la desgracia.
Por Melanie Phillips
Enero 8, 2026
Otro día, otro libelo contra Israel en el nombre del derecho internacional.
La Oficina de Derechos Humanos de la O.N.U. ha emitido un informe detallando lo que llama la "discriminación sistemática" de Israel contra los palestinos en los territorios disputados de Judea y Samaria, tanto como en Jerusalén Oriental.
“Esta es una forma particularmente seria de discriminación racial y segregación que recuerda el tipo de sistema de apartheid que hemos visto antes,” declaró el Alto Comisionado para Derechos Humanos, Volker Türk.
Esta es la mentira desplegada constantemente por los enemigos de Israel para demonizarla y destruirla.
Ignora el hecho que toda restricción sobre los árabes que viven en la “Margen Occidental” es impuesta por Israel sólo para prevenir los ataques terroristas asesinos que los árabes que viven allí perpetran contra los civiles israelíes casi a diario.
Ridículamente, acusa a Israel de practicar el apartheid—un sistema que discriminó contra los propios ciudadanos de Sudáfrica en todo aspecto de su existencia—en territorio que no es ni siquiera parte de Israel.
Aun cuando el mapa geopolítico está actualmente en flujo debido a las convulsiones en Irán, Siria, Líbano, y ahora, en el aliado cercano de Hezbola, Venezuela, la campaña para deslegitimar a Israel continúa lo mismo de siempre.
El nexo global entero ha sido durante mucho tiempo convertido en arma para destruir a Israel en una esfera alternativa y más prometedora que la actividad militar. Esto se debe a que el universalismo liberal se ha vuelto la religión laica del Occidente.
La civilización occidental está arraigada en los principios morales y sociales de la Biblia. Durante décadas, sin embargo, los progresistas se han vuelto contra los principios centrales del Occidente y rindieron culto en su lugar al santuario del derecho internacional. Este se ha vuelto un instrumento general e indiscutible para gobernar el mundo en la forma que el Occidente se dice que debería ser gobernado.
La exfiltración por parte de la administración Trump del ex presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, de Caracas provocó condena instantánea bajo el fundamento que fue un acto ilegal, ya que infringió el derecho internacional. Tales críticas afirman que el derecho internacional apuntala el “orden global basado en leyes” que se interpone entre el mundo y el caos del aventurerismo del “poder es correcto.”
Esto es claramente una ilusión. El presidente ruso Vladimir Putin invadió Georgia, anexó Crimea y marchó hacia Ucrania mientras el orden basado en leyes del derecho internacional estaba siendo sostenido supuestamente en el Consejo de Seguridad—por nada menos que Putin.
El derecho internacional no impidió que el ex presidente de Siria, Bashar Assad, masacre a medio millón de sus conciudadanos, ni al régimen islámico de Irán librar una guerra terrorista contra el Occidente durante el último medio siglo. Y el presidente de China, Xi Jinping invadirá Taiwán si, como Putin, piensa que puede salirse con la suya.
En su lugar, el derecho internacional es utilizado contra Israel de una manera que pervierte la ley y corrompe a la justicia en tribunales transnacionales, tales como la Corte Penal Internacional (CPI) y la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de la ONU.
La jueza Julia Sebutinde, vicepresidente ugandesa de la CIJ, quien ha votado persistentemente contra la mayoría en la Corte en sus fallos contra Israel, ha señalado que ésta ha excedido repetidamente sus poderes para hacerlos.
En cuanto a la CPI, su tema de órdenes en noviembre del 2024 para el arresto del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y el ex ministro de defensa de Israel, Yoav Gallant, representó un abuso atroz del proceso.
La medida estuvo basada en acusaciones falsas alimentadas por ONGs que forman una cámara de eco venenosa del odio contra Israel en las Naciones Unidas—el pilar central del estamento universalista y que es él mismo obsesivamente hostil hacia el estado judío.
Y todavía según UK Lawyers for Israel (Abogados de Reino Unido para Israel), el fiscal principal, Karim Khan—quien ha estado posteriormente enlodado en acusaciones tórridas de acoso sexual—“pidió a la corte ignorar cualquier información o prueba aparte del material que él presentó originalmente en sus solicitudes de órdenes de arresto,” lo que UKLFI dice infringió las propias normas de la CPI.
Una razón clave de por qué tantas personas bienintencionadas odian a Israel es que creen toda palabra pronunciada por el nexo humanitario de las Naciones Unidas, los tribunales internacionales y las ONGs.
Este nexo se ha vuelto sinónimo de consciencia, y el derecho internacional es su catequismo. Se cree que es verdadero, correcto y bueno en la forma en que muchos creyentes religiosos ven su fe como totalmente incuestionable.
Lo que sigue, por lo tanto, es que como el derecho internacional se ha vuelto contra Israel, se cree generalmente que el estado judío representa la ilegalidad y el mal. No sólo esto es tan falso como repugnante, sino que el derecho internacional está en sí construido sobre arena.
Sus fuentes son establecidas por la CIJ. Esto lo define como estando basado en acuerdos, convenios y costumbres internacionales, principios generales de derecho "reconocidos por las naciones civilizadas" y las enseñanzas de "los publicistas más altamente calificados de las distintas naciones."
El estatuto de la ONU, que está firmado por todos los estados miembros, es visto como teniendo la fuerza de ley. Pero esto es tendencioso.
Acuerdos internacionales como el estatuto de la ONU son efectivamente contratos entre partes que los firman y así prometen respetar sus principios. Eso no es lo mismo que la ley, que es un deber de obedecer porque su autoridad es absoluta. Por el contrario, el derecho internacional no tiene autoridad suprema porque no tiene ninguna jurisdicción identificable.
Ciertamente, el imperio de la ley es esencial para una sociedad civilizada. Pero eso involucra leyes aprobadas dentro de la jurisdicción de una nación democrática y que por lo tanto están arraigadas en el consentimiento de la gente.
El derecho internacional, arraigado en su lugar en acuerdos entre estados, es esencialmente política a través de otros medios.
Como resultado, se ha vuelto un arma como la "guerra legal" por parte de personas con una agenda maligna contra Israel. Sin embargo, muchos abogados, incluidos judíos progresistas, creen firmemente que es un medio correcto de restringir a los tiranos y llevarlos ante la justicia.
Uno de tales es el legendario profesor británico de derecho Philippe Sands, quien representó a “Palestina” en el caso llevado contra Israel en la CIJ en el 2024.
Pero el caso que él estaba afrontando fue uno malicioso, basado en las afirmaciones patentemente falsas sobre el "apartheid" israelí, la ilegalidad de los "asentamientos" israelíes y otras presuntas violaciones israelíes del derecho internacional.
También desechó los acuerdos previos entre Israel y los árabes palestinos para resolver todas las cuestiones a través de negociaciones directas. Así vació el principio legal internacional fundamental que estipula la necesidad de obtener el consentimiento de Israel.
El caso se basó en la afirmación de Sands que los palestinos, como todos los pueblos, tenían un derecho absoluto a la auto-determinación.
Pero los árabes palestinos no son "un" pueblo. La identidad nacional palestina fue inventada en la década de 1960 como una estrategia para la destrucción de Israel. Su agenda real radica en lo que los árabes palestinos enseñan a sus hijos—el objetivo de exterminar a Israel y la apropiación cultural, o robo, de la "propia historia única y antigua de los judíos sobre la tierra."
El caso de la CIJ es un ejemplo claro de cómo el derecho internacional repudia la justicia y verdad en concierto con sus facilitadores de "derechos humanos."
En el centro de esta red de odio se encuentra la ONU. La gente cree en su auto-designación como el custodio trascendental de la paz y justicia en el mundo. Esto se debe a que representa a la mayoría de los países del mundo, y entonces juega en la fantasía placentera de la hermandad del hombre.
Pero la mayoría de los países son dictaduras, cleptocracias, u otros abusadores de derechos humanos. Estos dominan la Asamblea General de la ONU, mientras que la presencia de las tiránicas Rusia y China en el Consejo de Seguridad de la ONU hacen una burla de ajustar cuentas a los malhechores del mundo.
El año pasado, ¿cuál fue el número de veces que la Asamblea General condenó a Cuba, Catar, Arabia Saudita, China, Sudán, Turquía, Hamas, Somalia, Pakistán, Líbano o Venezuela? Cero. ¿El número de veces que condenó a Israel? 15.
En su represión cada vez más brutal contra la actual insurrección en Irán, el régimen de Teherán ha asesinado a al menos 36 manifestantes. ¿El número de resoluciones o sesiones de emergencia de la ONU por esto? Cero.
El derecho internacional no es el camino a un mundo más justo y más civilizado. En su feroz conversión en arma contra Israel, ha sido convertido en la negación de justicia y el instrumento legal del mal.
El orden basado en leyes ha expirado en desgracia. La única "fuerza" que restringió fue la capacidad de las víctimas de agresión para defenderse. La única ley que debería regir la lucha contra el mal es, en cambio, lograr su derrota total.

Volker Türk, U.N. high commissioner for human rights, briefs the U.N. Security Council meeting on the situation in the Middle East, alongside Danny Danon, the Israeli ambassador to the United Nations, April 4, 2025. Credit: Loey Felipe/U.N. Photo.
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