martes, 27 de enero de 2026

Del Middle East Forum

 Carta desde Teherán: Una periodista local cuenta la historia de una masacre

‘Has sido identificado y estás bajo investigación,’ dijeron las fuerzas de la represión al marcar las puertas de las casas con una X roja

Enero 25, 2026

Tehran, Iran, as nigh

Tehran, Iran, as night falls in a file photo.

Shutterstock

Una periodista trabajando en uno de los medios noticiosos de Teherán describe lo que vió durante los asesinatos en masa por parte de las fuerzas del gobierno el 8 y 9 de enero del 2026. El Middle East Forum ha ocultado su nombre ya que ella ya ha sido interrogada varias veces por agentes de inteligencia.
Esto es Teherán, el 8 de enero del 2026, algunas horas antes de la puesta de sol. Casi todas las tiendas y cafeterías en la ciudad han cerrado. Algunos coches estaban escuchando canciones revolucionarias y música rap de protesta. Las consignas incluían: "La República Islámica debe decir adiós… No son un gobierno; son un grupo terrorista que ha tomado un país y despojó a Irán y a la región de la paz y estabilidad.” En un giro histórico, en todo Irán la gente estaba gritando el nombre del príncipe exiliado Reza Pahlavi, demandando su retorno.
Todos sabían que la República Islámica asesina sin piedad. Ellos habían visto su historial de matanzas brutales y ejecuciones injustas una y otra vez en protestas anteriores—en el 2022, en noviembre del 2019, en enero del 2018, en las protestas del 2009, y muchas veces antes. Pero la gente estaba diciendo que no quedaba otra opción: O somos asesinados, o vivimos durante décadas bajo la tiranía, violencia, y saqueo de la República Islámica. La segunda opción se había vuelto tan insoportable que había comenzado una ola de suicidios entre personas trabajadoras comunes.
En las calles, fuerzas de la represión fuertemente armadas estaban haciendo guardia. Entre ellas había agentes en ropas de civil—armadas pero sin uniformes militares. Su rol es mezclarse entre los manifestantes con ropas comunes, identificarlos y arrestarlos. Las luces de la ciudad habían sido apagadas, y la visibilidad era mala. Yo no sé para qué propósito ellos habían hecho esto, pero el nivel de miedo y terror en la ciudad era inmenso. La gentes estaba caminando junta, cantando consignas tales como "Muerte al dictador,” “Pahlavi retornará” y “Muerte a la República Islámica.” Los periodistas habían sido advertidos que las fuerzas de la represión habían recibido órdenes de disparar a matar y se les dijo que no salgan a las calles.
Tan pronto como los cantos se hicieron más fuertes, comenzó el sonido de los continuos disparos de armas de fuego. Los manifestantes atacaron a las fuerzas de la represión con piedras y pedazos de ladrillos, y para bloquear la persecución por parte de los motociclistas armados, y también lentificar su movimiento, ellos prendieron fogatas en las calles.
Los motociclistas, sin embargo, se apresuraron junto a las aceras y manejaron en sentido contrario al tránsito sobre la Calle Enghelab [una importante vía en el centro de Teherán], disparando a todo transeúnte que encontraban. Gradualmente, los manifestantes también encendieron fogatas en las aceras. El tiroteo se intensificó. Se sentía como si un enemigo extranjero hubiera invadido la ciudad.
Las fuerzas de la represión estuvieron disparando sin piedad y sin la más mínima restricción—a ancianos que no podían correr, a niños pequeños, a los heridos, a un motociclista repartidor de comida, a un abuelo parado con su nieto frente a un kiosco de revistas, a cualquiera que estuviera al alcance. Cuando alguien protestaba, se les decía: "No deberías haber salido a la calle."
En los callejones y calles laterales, los motociclistas estuvieron yendo de un lado al otro y disparando a la gente que intentaba huir. Si alguien abría la puerta de su casa a la gente corriendo por sus vidas, las fuerzas atacarían las casas desde las puertas y paredes y dispararían hacia sus ventanas.
Agentes en ropas comunes arrastraban a cualquiera que pudieran agarrar, golpeándolos y empujándolos hacia vans negras. Dentro de estas se habían quitado los asientos para meter dentro a la mayor cantidad posible de detenidos. Ellos no aceptaban explicaciones. Un hombre les mostró bolsas de medicamentos de una farmacia, pero ellos todavía lo arrestaron violentamente, con su cara y su cabeza cubiertas en sangre.
Al mismo tiempo, muchas personas que había publicado contenido de protesta en Instagram u otras redes sociales fueron rastreadas en su casa o lugar de trabajo y arrestadas. Esa misma tarde, las autoridades cortaron la internet a nivel nacional. Incluso los SMS y llamadas telefónicas se volvieron imposibles. Nadie podía llamar para ver como estaban los familiares o amigos. Todos estaban hundidos en la incertidumbre absoluta y terrorífica. La ciudad estaba oscura y las comunicaciones estaban cortadas. Incluso si eras atacado por criminales, no podías llamar a la policía.
Las fuerzas de la represión marcaron las puertas de las casas con X rojas y dejaron avisos que decían: "Has sido identificado y estás bajo investigación.” Ellos dijeron a los encargados de edificios que entreguen los nombres de los que habían cantado consignas.
La atmósfera era indescriptiblemente atemorizante, y el sonido de armas de fuego y ametralladoras no se detuvo. Algunos agentes estaban trasladando armas militares pesadas tales como ametralladoras. Había casquillos de munición real esparcidos por todas partes en las calles. El aire era espeso por el humo y el aroma a pólvora. La represión fue tan brutal que en los días siguentes podías fácilmente ver charcos de sangre en las aceras y sangre salpicada en las paredes de la ciudad. Pero fotografiar o filmar no fue tan fácil, porque en cualquier momento un agente en ropas de civil podía agarrarte en una esquina y arrestarte.
Para perseguir a la gente a través de las calles y entre los coches, ellos habían colocado fuerzas de la represión dentro de ambulancias. Esta es la misma táctica que la República Islámica ha utilizado fuera de Irán—transportar armas a sus milicias bajo la tapadera de trabajadores humanitarios y personal de la Media Luna Roja.
Los iraníes han conocido estos trucos por años. Camiones de bomberos estaban estacionados junto a la policía anti-motines. Siempre que los manifestantes encendían pequeños fuegos en las calles para bloquear la persecución por parte de los agentes armados y para proteger a los civiles desarmados, los bomberos los extinguían rápidamente, reabriendo el camino para que las fuerzas armadas persigan a la gente.
Ahora el gobierno ha puesto dos o tres de esos camiones de bomberos y ambulancias incendiados en exhibición en la Plaza Enghelab [centro de Teherán], enfrente de la Universidad de Teherán, para afirmar que los manifestantes atacaron a los servicios de emergencia. Este es un engaño conocido—el mismo que utiliza en el exterior para legitimar sus milicias terroristas e impulsar su propaganda.
Para imponer su propia narrativa, el gobierno iraní no sólo cerró la internet a nivel nacional, sino que también obligó a los diarios y medios noticiosos a publicar contenido online—incluso sin acceso a internet. Al mismo tiempo, envió "noticias" de las protestas a los medios noticiosos directamente desde las agencias de seguridad y les ordenó publicarlas palabra por palabra.
Además, fue establecida una sala especial con acceso a internet dentro del Ministerio de Cultura y Guía Islámica. En presencia de agentes de seguridad, un grupo de periodistas de medios extranjeros que operan en Irán, periodistas de anglo-parlantes, y periodistas cercanos al gobierno fueron convocados e instruidos para que envíen textos dictados presentando la versión de los hechos del gobierno a los medios internacionales como información "en el terreno" desde Irán.

Al mismo tiempo, Abbas Araghchi, el ministro del exterior de la República Islámica, invitó a embajadores extranjeros en Irán y entregó la misma narrativa inventada, diciéndoles que había estallado una "guerra callejera entre terroristas y fuerzas del gobierno"—buscando justificar el asesinato en masa de civiles inocentes por parte del estado.

La propaganda de la República Islámica no se detuvo allí. Periodistas iraníes pro-gobierno que trabajan en medios noticiosos extranjeros utilizaron conexiones de internet breves e inestables dentro de Irán para enviar mensajes a los periodistas locales, pidiéndoles que confirmen la narrativa del gobierno para poder ser citados y publicada en el exterior, insertando la versión de los hechos del gobierno iraní en los medios mundiales.

Durante las protestas del 2022, cuando dispararon a la familia Pirfalak, matando a su hijo de 9 años, Kian, con una bala de grado militar, ellos afirmaron que fue un ataque terrorista. Pero la familia Pirfalak se negó a aceptar esta narrativa y se posicionó contra ella, diciendo que agentes del gobierno habían disparado contra su coche. No obstante, el gobierno ejecutó a un manifestante llamado Mojahid Korkor como el presunto “terrorista” y “asesino” de Kian.

Las familias de varios manifestantes asesinados en las manifestaciones recientes me dijeron que el gobierno exigió que paguen las balas usadas para matar a sus seres amados, o el cuerpo no sería devuelto. A las familias que no podían permitirse estas sumas exorbitantes y se resistieron se les dijo que firmen un documento declarando falsamente que el manifestante asesinado había sido miembro de las fuerzas de la República Islámica o de la milicia Basij.
Una familia me dijo: “Aceptamos debido a la pobreza. Pero ellos me pusieron enfrente un papel registrando los nombres de cuatro manifestantes detenidos y dijeron que eran terroristas y los asesinos de nuestro hijo, y que debemos exigir su ejecución.” Tras ver los nombres y la mentira, la familia se negó a firmar. Los agentes respondieron: "No les daremos el cuerpo.” La familia respondió: “Guárdense el cuerpo.”
Ahora los periodistas afiliados al gobierno iraní están tratando de afianzar esta narrativa en los medios mundiales para allanar el camino para la ejecución de grandes números de manifestantes detenidos en Irán bajo la etiqueta de “terroristas.” Este es el crimen de los medios noticiosos y periodistas que se han vuelto instrumentos de la propaganda de la Repúbica Islámica.

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