martes, 27 de enero de 2026

DEL WSJ

 

Lo que Trump sabe sobre Groenlandia

Podría no llenar un manual, pero muestra por qué la disputa no terminó y probablemente embrollará a los rivales de Estados Unidos.


Por Holman W. Jenkins, Jr.
¿La concesión de Donald Trump que él no invadirá Groenlandia puso el tema a descansar? No se hagan ilusiones. Los objetivos estratégicos de EE.UU. y sus aliado de la OTAN requieren colocar una apuesta en el movimiento de independencia de Groenlandia y eso no será tan fácil.
Pero primero un desvío. Si él es tan idiota, ¿qué dice eso sobre aquellos cuyo trabajo era mantenerlo fuera del cargo?
Según se informa, los líderes demócratas están sentados sobre un informe crítico de su fracaso electoral del 2024, pero probablemente no saldrá a la superficie. Antes que terminaran las primarias, los demócratas sabían que persistir con Joe Biden era lo más probable para elegir al Sr. Trump. Ni las encuestas ni las esperadas condenas de Trump lograban justificar que el Sr. Biden eludiera el debate que finalmente lo destruyó. Este era su plan. En el proceso, los demócratas le fallaron al pueblo estadounidense en un deber básico: no nos dieron alguien por quien votar.
Ahora que el Sr. Trump, él mismo un conjunto variado de atributos, ha sido el beneficiario, vale la pena recordar no sólo por qué sino lo que los demócratas ayudaron a darnos.
Su enfoque hacia Groenlandia no es el mío, pero cuando él cuestiona la soberanía danesa, profundiza en el tema real. Cincuenta años de promesas de la boca para afuera de autodeterminación para Groenlandia no suman nada, si es que alguna vez lo hicieron. Sus 57,000 personas no pueden defender una isla más grande que California, Texas y Montana juntos. La "maldición de los recursos" podría bien poner fin a su entidad política recientemente independiente como lo ha hecho con otras. Las maniobras de las potencias más grandes en nuestro mundo irritable probablemente harían una burla de su reivindicada autonomía.
En una de muchas concesiones, Dinamarca permitió a Groenlandia optar por salir de la Unión Europea, mientras Dinamarca permaneció dentro, un precedente desafortunado para alentar a los residentes de la isla a comprar sus lealtades.
Sin embargo, lo impensable ahora es Dinamarca renegando de sus promesas, incluido un referendo de independencia siempre que los groenlandeses quieran uno. Eso equivale a apalancamiento incluso si posponen la independencia real indefinidamente por razones fiscales (los subsidios daneses). Tampoco es probable que los seis partidos políticos propios del pequeño estado dejen de fomentar el sentimiento de la independencia en su búsqueda de votos locales y del botín del poder.
Dos territorios estratégicos ilustran el dilema. Los votantes de Okinawa ejercen presión popular por una presencia militar estadounidense, pero la autoridad incuestionada sobre las decisiones de defensa y estratégicas todavía reside en Tokio. Luego está Islandia. Ocupando una posición estratégica similar a la de Groenlandia, pero totalmente soberana, los islandeses una vez mantuvieron debates fuertes, pero hace largo tiempo han echado su suerte con la OTAN, un compromiso casi escrito en piedra ahora.
Aquí se predice que, en las décadas por venir, Groenlandia evolucionará en una dirección diferente, para ser mucho más probablemente un futuro dolor de cabeza para los que buscan un socio fiable para la OTAN y Estados Unidos.
¿Qué hizo clic en la cabeza del Sr. Trump? Difícil saberlo. Tal vez alguien le mostró un mapa o enfatizó que otros presidentes lo habían intentado y habían fallado. Tal vez él recordó una historia noticiosa de 1981, cuando estaban siendo formadas sus actitudes. Un equipo canadiense había descubierto los restos de una estación climática secreta nazi, aparentemente utilizada para guerra submarina y tal vez en una prueba destinada a aprovechar su masa de hielo para aterrizar y reabastecer un avión con la idea de bombardear la Ciudad de New York.
Hoy, para la defensa misilística, para controlar el subacceso ruso al Atlántico, para desarrollar los recursos y navegación del Artico, para proteger las rutas marítimas que conectan Estados Unidos y Europa, Groenlandia es estratégicamente indispensable. El problema que presenta es probable que siga regresando para los futuros líderes de la OTAN en tanto Dinamarca no pueda poner al genio de la autodeterminación nuevamente dentro de su botella.
El Sr. Trump no va a resolverlo. Esta columna ha estado en espera de la muerte virtual de su influencia presidencial desde el desastre del chat de Signal en marzo. El carece de una estrategia para esposar su capital político local, sin el cual será recordado principalmente como una interrupción. Incluso en tiempos polarizados, él debería tener una tasa del 55% de aprobación basada en la economía si no en sus payasadas que minan la confianza. Por lo tanto, se necesita una advertencia: Cuando él dice "recordaremos" el rechazo de Europa a entregar Groenlandia, "nosotros" significa "yo." Toda encuesta muestra que los votantes estadounidenses no comparten su obsesión con Groenlandia. ¿Y qué decir de esos expertos que no pudieron ver a Scott Bessent y Marco Rubio diciendo furiosamente que las amenazas de invasión del Sr. Trump no debían ser tomadas en serio?
Sin embargo, el Sr. Trump ocasionalmente tiene algún efecto útil en el mundo. Eso es particularmente cierto cuando él le refriega en la cara a la OTAN dilemas con los que la OTAN estará luchando mucho tiempo después que él se haya ido.
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Zelensky y Trump Exponen la Debilidad de Europa

‘Europa ama discutir el futuro,' dijo el ucraniano a la multitud en Davos, 'pero evita tomar acciones hoy.’


Por Walter Russell Mead

Enero 23, 2026

Davos, Suiza

Esta semana se hizo historia en Foro Económico Mundial, pero la sabiduría convencional sobre lo que sucedió aqué fue tan errada como lo es generalmente el consenso en Davos.
La historia convencional es que el grotesco presidente de EE.UU. finalmente tuvo éxito en destruir el orden mundial que sus predecesores más sabios habían puesto en vigencia. Ocho décadas de paciente política por parte de una sucesión de presidentes estadounidenses, aptamente secundados por sus virtuosos y visionarios colegas europeos, habían construido una red de instituciones y precedentes que ofrecieron a la humanidad sufriente una promesa de paz global. Donald Trump lo ha reducido gratuitamente a escombros.
El Hombre de Davos a menudo se equivoca, pero no completamente. La presencia del Sr. Trump en Davos fue intencionalmente provocativa y disruptiva. El y sus asociados, muy notablemente el Secretario de Comercio Howard Lutnick, atacaron a la ligera en cada oportunidad, insultando prácticamente todo valor que estiman sus homólogos europeos. A veces, como cuando mostró desprecio por los sacrificios que hicieron los aliados de Estados Unidos para apoyar sus campañas en Afganistán, Irak y más allá, el Sr. Trump fue más que desagradable. Fue profundamente injusto. 
Las exhibiciones ostentosas de deferencia que demandó y recibió de los jefes de estado y CEOs manifestaron una arrogancia que enfureció a algunos participantes y una vulgaridad que repugnó a otros. Oderint dum metuant, el Sr. Trump puede decir con Calígula—“Que odien en tanto teman”—pero muchos participantes de Davos se estaban consolando con las reflexiones de cómo Calígula encontró su final.
Hay un precio que pagar por este tipo de comportamiento, y el Sr. Trump y sus sucesores sentirán los efectos. Los partidos de extrema derecha europeos, cortejados por funcionarios de la administración se unieron en criticar el comportamiento del presidente en Davos. Los nacionalistas resienten de los insultos a sus países. El presidente puede tener éxito en convencer a los europeos que la política de poder importa, sólo para iniciar un impulso europeo de oponerse y contener a Estados Unidos.
Pero hay más para la historia, y la mejor guía para la razón real de la crisis occidental radica en el discurso impactante del Presidente Volodymyr Zelensky en Davos.
El empezó citando el cierre de su discurso del año pasado: “Europa tiene que saber cómo defenderse.”
“Europa adora discutir el futuro,” dijo él, “pero evita tomar acciones hoy—acciones que definan qué tipo de futuro tendremos. Ese es el problema.”
“Hay interminables argumentos internos y cosas que quedan sin decir que impiden que Europa se una y hable de forma suficientemente honesta para encontrar soluciones reales," dijo el Sr. Zelensky. “En lugar de volverse una potencia verdaderamente mundial, Europa sigue siendo un caleidoscopio hermoso pero fragmentado de potencias chicas y medianas. En lugar de tomar la delantera en defender la libertad en el mundo, especialmente cuando el foco de Estados Unidos cambia hacia otro lado, Europa se ve perdida, tratando de convencer al presidente estadounidense para que cambie. Pero él no cambiará... El no escuchará a este tipo de Europa."
Desde el punto de vista del Sr. Zelensky, la diferencia moral entre el presidente estadounidense y los líderes europeos no es grande. La distinción principal entre el Sr. Trump y sus críticos europeos (y canadienses) urbanos es que él no es hipócrita. Sus acciones y discurso son consistentes con su visión sombría del mundo.
Los políticos europeos tradicionales han elegido otro camino. Ellos se deleitan en ideales difíciles y demandantes sin desarrollar las capacidades requeridas para defenderlos. Quieren sentirse y verse virtuosos sin la disciplina y sacrificio que demanda la virtud. Es peor que la hipocresía, porque ellos buscan engañar no sólo a otros, sino a sí mismos. Hasta hace muy poco, ellos estuvieron teniendo éxito.
La agresión implacable e inconcebible de Vladimir Putin y la ambición egoísta del Sr. Trump se han combinado para destruir el refugio dorado de la ilusión en el cual muchos europeos, canadienses y por tal caso estadounidenses, pensaron que podían anidar de forma segura. El aire frío de un mundo más duro ha invadido el paraíso poshistórico en el cual muchos esperaban vivir por el resto de sus días.
Este no es el año en que Donald Trump rompe el orden mundial. Es el año en que los europeos finalmente empiezan a ver cuán mal han jugado sus cartas. A pesar del enorme potencial de Europa, el continente es, en las palabras del Sr. Zelensky, "una ensalada de potencias chicas y medianas sazonadas con los enemigos de Europa." La brecha entre las pretensiones europeas y la realidad europea se ha vuelto un cisma.
Es más fácil y más placentero para los estamentos político y cultural europeos odiar al Sr. Trump que reflexionar sobre su propia responsabilidad por hacer tan impotente a Europa—y, por supuesto, el discurso y comportamiento del Sr. Trump lo hacen un chivo expiatorio casi irresistible. Pero posponer el ajuste de cuentas sólo traerá más dolor. Europa hoy enfrenta las mismas opciones que enfrentaba Japón antes de la Restauración Meiji en 1868. Puede cambiar por su cuenta o ceder todo el control sobre su futuro.
Motivados en parte por su pica contra el Sr. Trump, muchos europeos están tentados de recurrir a Beijing o a Moscú. Allí radica más desastre. Facilitado por sus partidarios en Beijing, el Sr. Putin no quiere despertar a Europa. El espera quebrarla para siempre.
Por poco atractivo que pueda parecer el Tío Sam bajo el actual liderazgo político, el presidente realmente quiere que Europa se despierte de su sueño encantado. Un príncipe más encantador podría encontrar la forma de hacer esto con un beso. El Sr. Trump prefiere agua fría y cachetadas. Aun así, la vida no es un cuento de hadas, y mientras los europeos luchan por cambiar el rumbo, harían bien en enfrentar el nuevo día con franqueza, en lugar de intentar arrullarse nuevamente en un sueño engañoso y evanescente.
imageVolodymyr Zelensky y Donald Trump en Davos, Suiza, 22 de enero. Abaca/ZUMA Press

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