viernes, 13 de febrero de 2026

DEL WSJ

 

Un Irán débil significa una Israel más aislada

Los saudíes y otros árabes se han vuelto menos entusiastas acerca de normalizar las relaciones.


Por Walter Russell Mead
Irán está poniendo las carretas en círculo. Con un grupo de ataque de portaaviones estadounidense patrullando fuera de las cosas, los países europeos clave etiquetando al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista, la estrategia regional de Teherán en ruinas, y la economía iraní implosionando, la República Islámica se está manteniendo firme. Para toda demanda, los mulahs tienen la misma respuesta: nah—"no" en persa. No al fin al programa nuclear, no a los límites sobre la producción de misiles balísticos, no a aliviar la línea dura contra Israel, no a terminar el apoyo a lo que queda de su red de milicias satélites.
Por el otro lado, ni los mulahs ni la administración Trump quieren una guerra en este momento, entonces las conversaciones continúan. El Presidente Trump sigue siendo tan impredecible como siempre, y nadie sabe qué sigue.
Pero a medida que persiste el enfrentamiento con Irán, el resto del Medio Oriente sigue evolucionando. Una coalición floja de potencias suníes, incluidas Turquía, Pakistán, Catar, Egipto y Arabia Saudita están colaborando para llenar el vacío creado por la caída de los aliados de Irán en Líbano y Siria. El socio regional más fuerte de Israel, Emiratos Arabes Unidos, está en gran medida aislado en los mundos árabe y musulmán. Catar, el amigo y aliado más fuerte de Hamas, está de regreso en el corazón de la diplomacia regional.
Los saudíes, que han ascendido al liderazgo del mundo árabe mientras los rivales de largo tiempo Irak y Siria se hundieron en el caos y Egipto en decadencia económica, han sido los principales impulsores del cambio. De considerar seriamente la entrada en los Acuerdos de Abraham, los saudíes han regresado a atacar el comportamiento israelí hacia los palestinos.
Tres realidades parecen estar influenciando el cambio saudí en el enfoque. Primero, la derrota de Irán por parte de Israel--y la extraordinarias capacidades militares y de inteligencia del estado judío exhibidas en la guerra--incrementaron las inquietudes saudíes acerca de la fuerza israelí a medida que disminuía el temor de Riad a los mulahs. A pesar de su tamaño y población pequeños, la capacidad de Israel de atacar a grandes distancias, su relación estrecha aunque complicada con la administración Trump, y su respuesta audaz a los ataques de Hamas del 7 de octubre el 2023, incomodaron a sus vecinos, especialmente a Riad. El operativo contra los líderes de Hamas en Doha, la capital catarí, fue particularmente preocupante, demostrando que Israel puede llevar a cabo acciones militares en los estados del Golfo.
En segundo lugar, el giro saudí del camino de Abraham llega cuando el reino desfinancia o abandona varios proyectos de alto perfil. Los planes para un rascacielos en el centro de Riad lo suficientemente alto como para emparejar al Edificio Empire State han sido suspendidos. Los planes para la megaciudad Neom, promocionada como el emprendimiento más audaz del mundo en diseño urbano, han sido desintensificados. Con su agenda de modernización viéndose menos convincente, los líderes saudíes--como muchos de sus pares en otros países--buscan apuntalar el apoyo entre los conservadores sociales y religiosos.
En tercer lugar, alejarse de Israel es una buena forma para que Arabia Saudita haga errar a sus amigos enemigos en los E.A.U. Los emiratos tomaron la iniciativa en el acercamiento a Israel y han estado trabajando con el estado judío en lugares como Somalilandia. Ese camino se volvió menos popular regionalmente a medida que aumentaba el enojo contra la guerra en Gaza. Alejarse de Israel es para los saudíes una forma de dejar a los emiratíes solos aislados en abrazar lo que muchos en la región ven como un canalla.
Muchos en Israel y Estados Unidos esperaban que un foco más profundo entre los estados árabes en la modernización económica llevaría al menos a la integración de Israel dentro de la región. Los logros económicos y técnicos de Israel, tanto como la perspectiva de acceso más fácil a la tecnología y confianza de Estados Unidos, ganaría a los estados árabes que buscan la modernización y desarrollo. En la derecha israelí, muchos han esperado que el deseo árabe de modernización podría sobrevivir a los esfuerzos intensificados por ampliar y profundizar los asentamientos israelíes en la Margen Occidental.
Estos argumentos todavía tienen peso, pero por ahora tienen menos fuerza de lo que quisieran los israelíes. Eso es en parte porque algunos árabes han encontrado que el acceso a tecnología y armas puede ser negociado calladamente con los amigos y familiares de Trump sin importar lo que piense Israel. Y eso se debe en parte a que muchos árabes ahora creen que la estabilidad regional está más amenazada por la resistencia israelí a la idea de un estado palestino, aun como una perspectiva para un futuro distante, que por los movimientos débiles del régimen moribundo en Teherán.
La coalición suní floja de Arabia Saudita, Turquía, Egipto, Catar, Siria y Pakistán es frágil y, las rivalidades entre sus miembros son intensas. Pero, en tanto persista el alineamiento, la diplomacia regional israelí luchará para promover la integración del único estado judío dentro del Medio Oriente.
Walter Russell Mead es el Miembro Distinguido de la Cátedra Ravenel B. Curry III en Estrategia y Arte de Gobernar en el Hudson Institute, y columnista de Visión del Mundo en The Wall Street Journal.
 
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