viernes, 13 de febrero de 2026

DEL WSJ

 

La jactancia de Hamas inculpa al Occidente

A diferencia de Hitler y Stalin, los asesinos en masa de hoy pueden esperar que nuestras élites aplaudan sus atrocidades.


Por Gary Saul Morson y Morton Schapiro
imageA September 2025 demonstration in New York. Alexi J. Rosenfeld/Getty Images
¿Cómo se convirtió Rosalia Shikhberg en Karen Jones? Después que la Sra. Shikhberg fue baleada en la masacre de Bondi Beach, el hospital de Sydney que la admitió quitó su religión de la ficha de ingreso y le dio un alias. Se le dijo que esto era para protegerla de los medios de comunicación, pero ella cree que "ellos temían al personal, no a los medios." Ella recordó que dos enfermeras australianas dijeron públicamente el año pasado que en lugra de tratar a los pacientes israelíes si llegaban a su hospital, ellas los asesinarían. Lo que dijeron esas enfermeras fue terrorífico; que ellas se sintieran empoderadas para decirlo públicamente lo es más aún. ¿Qué le ha sucedido a la civilización occidental?
Los nazis ocultaban sus crímenes. Ellos burlaban a sus víctimas con la amenaza que nadie descubriría jamás lo que les había sucedido. La U.R.S.S. fingía que no había ningún Gulag y negó de forma vehemente la hambruna terrorista, en la cual varios millones de campesinos fueron hambreados de forma deliberada hasta morir durante la colectivización de la agricultura. O estos dictadores sabían que lo que estaban haciendo estaba mal o, muy probablemente, estaban seguros que otros así lo pensarían. 
En ambos casos, el mundo exterior fue cuidadoso de no investigar lo que estaba teniendo lugar, para no ser obligado a actuar. Lenin se refirió supuestamente a (y claramente los consideró) los que creían ingenuamente en su propaganda como "idiotas útiles." Algunos de ellos no eran idiotas en lo absoluto, pero sabían que estaban ocultando crímenes que no querían publicitar.
La prensa estadounidense siguió el juego. Luego de los deseos de ciertos funcionarios de gobierno situados en lo alto y mimando el antisemitismo de algunos lectores, los diarios minimizaron las noticias durante el Holocausto hasta que la carnicería se volvió imposible de ignorar. Los políticos también lo hicieron. En 1937 el Secretario de Estado Cordell Hull se disculpó con el gobierno alemán después que el alcalde de New York, Fiorello La Guardia, se refiriera a Hitler como “un fanático que ahora está amenazando la paz del mundo.” Hitler, ustedes ven, no era diferente de otros líderes mundiales, y lo mismo se decía rutinariamente del "Tío Joe" Stalin. El periodista del New York Times ganador del Premio Pulitzer, Walter Duranty, a quien Stalin favoreció con acceso directo, insistió en que no había ninguna hambruna en la U.R.S.S.
Los intelectuales siguieron su ejemplo. En una carta en 1933 al Manchester Guardian, George Bernard Shaw y otros 20 visitantes recientes a la Unión Soviética se refirieron a los informes de hambruna como absurda propaganda contrarrevolucionaria. “Particularmente ofensivo y ridículo,” opinaron ellos, "es el renacimiento de los viejos intentos de representar la condición de los obreros rusos como una de esclavitud y hambre.” En cambio, ellos veían una “clase obrera esperanzada y entusiasta,” gozando de libertad de la  “tiranía e incompetencia de sus antiguos gobernantes” y “estableciendo un ejemplo de industria y conducta” para que emulen todos.
¿Estos defensores de los soviéticos se estaban engañando intencionalmente a sí mismos? El aforista francés François de La Rochefoucauld destacó que “la hipocresía es el tributo que el vicio paga a la virtud.” Los que fingieron ser inocentes de un crimen afirman tácitamente que hay uno. Al ocultar el asesinato de millones, Hitler y Stalin, junto con Pol Pot, Mao y otros que cometieron atrocidades, rindieron ese tributo. Cuando los idiotas útiles siguen el juego, la hipocresía es doble: Los perpetradores fingen ser humanos, y los apologistas fingen creerles.
El 7 de octubre del 2023, mostró algo diferente. Lejos de ocultar su brutalidad, Hamas la publicitó, filmando y transmitiendo la crueldad sádica. Promocionó la tortura y ejecución de mujeres y niños israelíes como un gran logro moral, usando el asesinato como una herramienta de reclutamiento.

Recuerden el tono entusiasta de ese hombre joven que llamó a sus padres desde el teléfono de una mujer israelí a la que acababa de asesinar, implorando que su madre y padre abrieran el WhatsApp. “Miren cuantos asesiné con mis propias manos. ¡Tu hijo asesinó judíos!” dijo a su padre. Sus padres estuvieron extremadamente felices. “Mi hijo, Dios te bendiga,“ dijo su padre. “Desearía haber estado contigo," agregó su madre.

En lugar de una cobertura, este fue un evento mediático.
¿Qué explica la diferencia entre Hitler y Stalin, quienes negaron sus atrocidades, y Hamas? ¿Podría ser que Hamas sabía que muchos en su público occidental, a diferencia de en la época de Hitler y Stalin, celebraría sus crímenes como resistencia noble? Si es así, la franqueza de Hamas inculpa a nuestra propia cultura, o al menos a sus intelectuales.
Al cabo de días tras el 7 de octubre, los campus estadounidenses explotaron con discurso antisionista y antisemita. Casi inmediatamente, más de 30 grupos estudiantiles de Harvard respaldaron las acciones de Hamas como justificadas. Los presidentes de las universidades testificaron que la aceptabilidad de pedir la aniquilación del pueblo judío "depende del contexto." 
Cuando Zohran Mamdani, el alcalde de New York, argumenta, por inverosímil que parezca, que el llamado a “globalizar la intifada” es en cierta forma ambiguo, él está al menos rindiendo el tributo de La Rochefoucauld a la decencia. Ese no fue el caso en una manifestación en la Casa de la Opera de Sydney llevada a cabo dos días después de la masacre del 7 de octubre, cuando la multitud quemó banderas israelíes y cantó “¿Adónde están los judíos?” En la primera noche de Jánuca en el 2025, ellos estaban en Bondi Beach.
Los asesinos en masa de hoy ya no necesitan ocultar sus crímenes de las élites educadas del Occidente, quienes los aplauden. La jactancia terrorista da testimonio de nuestra propia decadencia moral.
El Sr. Morson es profesor de literatura eslava en la Universidad Northwestern. El Sr. Schapiro es un profesor emérito de economía y presidente emérito en la Universidad Northwestern.

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