¿Cómo detectar que una sociedad entra en decadencia moral e institucional?
Una forma útil es observar su tolerancia al antisemitismo. No porque el antisemitismo sea el único termómetro del deterioro, sino porque suele funcionar como indicador temprano: cuando una comunidad acepta que se culpabilice colectivamente a “los judíos” de crisis económicas, epidemias, derrotas políticas o “conspiraciones”, está normalizando tres cosas muy concretas: la mentira útil, la deshumanización y la renuncia al Estado de derecho. Ese mismo mecanismo, chivo expiatorio, propaganda, castigo ejemplar, rara vez se detiene en un solo grupo.
Por eso se repite una advertencia clásica en educación cívica y memoria histórica: el odio antijudío empieza con los judíos, pero no termina con los judíos. Esta idea aparece de forma reiterada en discursos contemporáneos de derechos humanos y en materiales educativos sobre antisemitismo.
Es imposible listar “cada caso” porque hablamos de miles de incidentes documentados en más de dos milenios, Pero aqui van algunos pocos:
Siglo III–II a. C. (Egipto helenístico): autores greco-egipcios como Manetón difunden relatos que presentan a los judíos como impuros y peligrosos para el orden social, sentando bases tempranas del odio cultural. Consecuencia: se legitima una narrativa cultural que presenta a los judíos como impuros y peligrosos, integrando el odio en la literatura y el pensamiento político. Expansión: el mismo modelo de “minoría corruptora” se aplicó luego a otros pueblos no griegos, reforzando un racismo cultural generalizado.
167 a. C. (Imperio seléucida – Antíoco IV Epífanes): prohibición de prácticas judías (circuncisión, Torá, Shabat) y profanación del Templo de Jerusalén; intento de erradicar su religión por decreto estatal. Consecuencia: persecución religiosa estatal y profanación del Templo; intento de aniquilar una identidad espiritual.
Expansión: el programa de helenización forzada afectó también a otros pueblos que resistían la religión oficial del imperio.
Siglo I a. C. (Alejandría): conflictos violentos entre población griega y judía; pogromos locales con participación de autoridades. Consecuencia: pogromos urbanos y ruptura del orden civil.
Expansión: la violencia étnica se normaliza como herramienta política contra cualquier minoría considerada “no integrada”.
Antigüedad (siglos II a. C. y posteriores): aparecen acusaciones tempranas tipo “libelo” (calumnias rituales) en autores antiguos; son semillas de un repertorio de odio que reaparece cíclicamente.Consecuencia: se crea un repertorio de acusaciones simbólicas (rituales secretos, conspiración).
Expansión: esas mismas acusaciones se reutilizan luego contra cristianos primitivos, herejes y sectas.
70 d. C.: destrucción del Segundo Templo de Jerusalén por Tito tras la Gran Revuelta Judía; inicio de la diáspora forzada masiva. Consecuencia: diáspora forzada y trauma civilizatorio.
Expansión: Roma aplica el mismo modelo represivo a otros pueblos rebeldes (galos, britanos, cristianos)
135 d. C. (revuelta de Bar Kojba): Adriano prohíbe la presencia judía en Jerusalén (rebautizada Aelia Capitolina) y persigue la práctica del judaísmo. Consecuencia: prohibición del judaísmo en Jerusalén. Expansión: persecución de cualquier práctica religiosa no romana; luego de cristianos y otros cultos.
Siglos II–III: imposición del fiscus judaicus (impuesto especial a judíos), marcando discriminación legal sistemática. Consecuencia: discriminación legal institucionalizada. Expansión: el sistema de impuestos diferenciados se replica contra otros grupos “no ciudadanos plenos”.
1066 (Granada): masacre de la comunidad judía tras la caída del visir judío Yosef ibn Nagrela. Consecuencia: masacre comunitaria. Expansión: persecución posterior de musulmanes disidentes y cristianos.
1096 (Primera Cruzada): masacres de comunidades judías en Renania (Maguncia, Worms, Colonia) por cruzados cristianos. Consecuencia: masacres masivas de judíos europeos. Expansión: la violencia se dirige también contra musulmanes, herejes y cristianos orientales.
1144 (Norwich, Inglaterra): uno de los primeros grandes casos medievales de libelo de sangre (acusación falsa de asesinato ritual), que alimenta violencia social e institucional. Consecuencia: institucionalización judicial del mito ritual. Expansión: se crea un precedente para procesos inquisitoriales contra otros colectivos.
1215: obligación de portar signos distintivos (ropa especial, Judenhut). Consecuencia: segregación visual y humillación pública. Expansión: el mismo sistema de marcas se aplica a musulmanes, herejes y luego a “brujas”.
1290 (Inglaterra): expulsión oficial de los judíos. Consecuencia: expulsión total y confiscación de bienes. Expansión: se expulsa después a otras minorías y se persigue a católicos disidentes.
1306 (Francia): expulsión decretada por Felipe IV. Consecuencia: expulsión y ruina económica de comunidades. Expansión: persecución posterior de protestantes (hugonotes).
1348–1351 (Peste Negra): se difundieron rumores de envenenamiento de pozos atribuidos a judíos; la histeria derivó en persecuciones y matanzas. Consecuencia: masacres masivas. Expansión: se asesina también a mendigos, extranjeros y minorías sospechosas.
Siglo VII: sometimiento de judíos como dhimmíes (protegidos pero subordinados), con impuestos especiales (jizya) y restricciones legales. Consecuencia: subordinación legal permanente. Expansión: el mismo sistema se aplica a cristianos y otras minorías religiosas.
Siglos XII–XIII (almohades): conversiones forzadas y persecución de judíos en el norte de África y Al-Ándalus. Consecuencia: conversiones forzadas. Expansión: persecución de cristianos y otras sectas islámicas.
Siglos XII–XIV: difusión del libelo de sangre y acusaciones de profanación de hostias consagradas. Consecuencia: ejecuciones colectivas y pogromos. Expansión: la acusación ritual se aplica luego a templarios, cátaros y otros disidentes.
1492 (España): el Decreto de la Alhambra ordena la expulsión de los judíos. En el mismo ciclo histórico, la maquinaria de homogeneización y sospecha se extiende también a otros colectivos (p. ej., conversos, y posteriormente musulmanes y protestantes), mostrando el “efecto expansión” del dispositivo persecutorio. Consecuencia: expulsión judía y trauma cultural. Expansión: persecución luego de musulmanes, conversos y protestantes.
Siglos XIV–XV: expulsiones y humillaciones públicas en Yemen, Marruecos y Persia. Consecuencia: expulsiones y humillación pública. Expansión: represión contra cualquier grupo no dominante.
Siglos XVI–XVII: guetos obligatorios (Roma, Venecia, Frankfurt). Consecuencia: aislamiento social permanente. Expansión: el modelo de gueto se usa luego para pobres, enfermos y marginados.
Siglo XIX (Oriente Medio): pogromos en Damasco (1840), Irak e Irán bajo acusaciones rituales similares al libelo europeo. Consecuencia: pogromos modernos. Expansión: el modelo conspirativo se usa contra cristianos y minorías locales.
1894 (Francia): el Caso Dreyfus evidencia cómo el antisemitismo puede fracturar instituciones y convertir un proceso judicial en crisis moral y política nacional.
Principios del siglo XX: los Protocolos de los Sabios de Sion (documento fraudulento) difunden conspiracionismo antijudío a gran escala; el mito conspirativo se vuelve “explicación total” para cualquier mal social. Consecuencia: fractura institucional francesa. Expansión: persecución política de socialistas, anarquistas y disidentes.
Siglo XIX (Imperio ruso): los pogromos ilustran cómo la violencia antijudía puede operar como válvula de escape social y política, con participación o tolerancia local. Consecuencia: miles de muertos, migraciones masivas. Expansión: violencia también contra polacos, ucranianos y opositores políticos.
1933–1945 (Nazismo): los nazis consideraron a los judíos su enemigo principal, pero el programa de deshumanización y exterminio se extendió a múltiples grupos (Roma y Sinti, personas con discapacidad, opositores políticos, testigos de Jehová, homosexuales, entre otros). Es un ejemplo paradigmático del “empieza con unos y se amplía”. Consecuencia: genocidio judío. Expansión: exterminio también de gitanos, discapacitados, homosexuales, opositores, eslavos.
1953 (URSS): el “complot de los médicos” muestra cómo el antisemitismo puede reactivarse como campaña estatal basada en conspiración, instrumentalizando el miedo para purgas y control social. Consecuencia: purgas políticas bajo conspiración médica. Expansión: persecución de científicos, intelectuales y disidentes.
Y esto no es más que una lista mínima: un recordatorio de cómo un pueblo ha sido, una y otra vez, señalado, humillado, expulsado y masacrado a lo largo de la historia. Y, aun así, permanece: conserva su cultura, su memoria, su idioma, sus tradiciones y su vínculo con su tierra de origen.
Por eso, cuando alguien señala a un judío y pretende presentarse como defensor de la paz o de los derechos humanos, pero guarda silencio, o relativiza, frente a otras persecuciones y crímenes masivos (Irán, Sudán, Nigeria, China, entre otros), lo que queda en evidencia no es un compromiso universal con la dignidad humana, sino un doble rasero. Y cuando ese doble rasero se activa de forma sistemática contra los judíos, deja de ser “activismo”: se convierte, simple y llanamente, en hostilidad antijudía.
Luego están los que dicen: “yo soy antisionista”. Esto se usa como etiqueta para negar al pueblo judío el derecho a existir como colectivo con autodeterminación, un derecho que se acepta para otros pueblos. Cuando se construyó el Estado de Israel, se construyeron además muchos de los Estados islámicos actuales y, unos pocos años antes, la mayoría de las naciones de Europa tal como las conocemos hoy. ¿Ahí no hay objeciones? Por supuesto ahi te silencias porque , no te interesa la historia, no te interesa la justicia, no te interesan los derechos humanos te interesa odiar a los judios. Y cuando la sociedad empieza a señalar judios... esa sociedad CAE, llamalo Juticia Divina.
YO SOY SIONISTA
AM ISRAEL JAI

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.