La visita del Maccabi Tel Aviv a España volvió a poner de manifiesto un problema que va más allá del deporte: el antisemitismo.
Como resultado, Barça y Real Madrid jugaron a puerta cerrada siguiendo recomendaciones de seguridad. Los aficionados no pudieron disfrutar del espectáculo, mientras la política y los prejuicios influyen en la competición.
El alcalde José Luis Martínez-Almeida recordó que un equipo israelí no puede ser tratado distinto a cualquier otro: la seguridad debe garantizarse, pero la discriminación no puede normalizarse.
El deporte debe ser un espacio de respeto, no un escenario de antisemitismo ni de manipulación política.

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