domingo, 11 de enero de 2026

del JERUSALEM POST

 LA DESAPARICION DE LOS AMIGOS DE IRAN: POR QUE IMPORTA A ISRAEL EL ARRESTO DE MADURO

Aunque Venezuela no era un aliado iraní en el molde sirio o de Hezbola, funcionaba como un facilitador, proporcionando fondos que ayudaron a sostener a los aliados de Irán.
Illustrative image of Iranian and Venezuelan flags.

Por Herb Keinon
Enero 4, 2026

Para Israel, la importancia del arresto el fin de semana del caudillo venezolano Nicolás Maduro y su esposa por parte de Washington va mucho más allá del escalofrío que probablemente recorrió las espaldas en Teherán.
Sí, el espectáculo de una operación dirigida por EE.UU. removiendo a un autócrata antiestadounidense desafiante agudizará inevitablemente las ansiedades entre los líderes de Irán sobre sus propias vulnerabilidades, especialmente en una época en que las protestas están agitando el país.
Pero se encuentra un significado más profundo en otro lado, en el desmantelamiento de otro pilar de apoyo en la red global que Irán construyó con mucho esfuerzo para financiar, proteger, y sostener su guerra contra Israel. Venezuela nunca fue un aliado iraní en la forma en que lo fueron Hezbola, Hamas, los hutíes o la Siria de Bashar al-Assad.
Caracas no estaba directamente bajo el yugo ni el comando operativo de Teherán, tampoco albergaba fuerzas iraníes en la escala vista en el Medio Oriente. Pero, a través de Hezbola, Venezuela se convirtió en algo no menos importante para los ayatolas – un centro offshore crucial que generaba dinero, lavaba fondos, movía agentes, y permitía que Irán proyecte poder lejos del Medio Oriente.
El arresto de Maduro llega tras los talones de una serie de golpes para la posición regional de Irán. Israel golpeó a Hamas en Gaza, decapitó a Hezbola en Líbano, y degradó las capacidades hutíes en Yemen. También, el régimen de Assad cayó en Siria. Considerados juntos, estos acontecimientos ilustran el poder en declive de Irán.
El problema de Teherán hoy no está restringido a las protestas en las calles o al duro golpe que absorbió en junio, sino también al desmantelamiento de los extensos sistemas de apoyo en que invirtió años y miles de millones de dólares para reunir en el exterior.
Las investigaciones por parte de las agencias de aplicación de la ley estadounidenses y think tanks tales como el Atlantic Council durante los últimos años han mostrado que Hezbola no operaba en Venezuela como una célula terrorista durmiente esperando activación; más bien, funcionaba como una empresa terrorista criminal enredada en la economía venezolana y protegida por el gobierno.
'Objetivos Globales'
Hezbola traficó cocaína desde Venezuela, lavó dinero, transfirió armas, y ayudó a la República Islámica a evadir las sanciones estadounidenses. Ya en el 2018, el Departamento de Justicia de Estados Unidos concluyó que Hezbola rivalizaba con los principales cárteles latinoamericanos en escala y sofisticación. Pero había una diferencia evidente: Los ingresos generados en Sudamérica no permanecían allí; era enviado a Líbano, donde ayudaba a pagar la acumulación militar de la organización terrorista.
Más allá de ser una fuente fiable de ingresos para Hezbola – el satélite principal de Irán – Venezuela ofrecía algo más también: un puente aéreo y marítimo protegido vinculando Teherán, Damasco, y Caracas. Esto permitió la transferencia de personal iraní, bienes de doble uso, combustible, y dinero en efectivo. En otras palabras, Venezuela bajo Maduro ayudó activamente a Irán a perseguir sus objetivos mundiales.
Si bien Venezuela no era un satélite iraní en el molde sirio o de Hezbola, funcionaba como un facilitador, proporcionando fondos que ayudaban a sostener a los aliados de Irán. En ese sentido, era parte fundamental del mundo de Irán.
Precisamente cuán parte de ese mundo se volvió más claro el domingo cuando la Vicepresidente Delcy Rodríguez dijo en un discurso en televisión que el ataque estadounidense tuvo "connotaciones sionistas." Esta afirmación de participación "sionista" no fue prueba de la participación israelí; fue, no obstante, prueba de cuan estrechamente el régimen se indentificó con la visión del mundo de Irán. Fue una afirmación dirigida tanto hacia adentro como hacia afuera.
Hacia adentro, apuntaba a los partidarios de Maduro y a su predecesor, Hugo Chávez, quien convirtió a Israel en un villano imperialista, imbuido de tropos antisemitas tradicionales, con los cuales concentrar a los partidarios. Hacia afuera, estuvo dirigido a la región, donde el mensaje antisemita ha servido durante mucho tiempo como un grito convocante conveniente, ya que la cultura política de Latinoamérica todavía contiene simpatía reflexiva por las narrativas anti-estadounidenses dentro de las cuales Israel se ve a menudo envuelta sin esfuerzo.
Rodríguez mencionó a Israel no porque estuviera involucrado en la operación de EE.UU., sino porque se ajusta al molde ideológico de Teherán adoptado por Venezuela: las fallas internas explicadas a través de la conspiración extranjera, con el “Sionismo” sirviendo como el chivo expiatorio para todo uso al que acudir.
El arresto de Maduro es significativo para Israel porque elimina otra pieza importante del rompecabezas que ha estado reuniendo Irán por años. No una pieza del rompecabezas dentro de la distancia de ataque de Israel, sino una que desempeñaba un rol de apoyo importante para los que están dentro de esa distancia de ataque.
La lucha de Israel con Irán a lo largo de los años ha tratado sobre la capacidad nuclear, misiles balísticos y disuasión. Se ha prestado menos atención a la disputa más discreta sobre el acceso, financiación y refugios seguros.
Venezuela era parte de ese frente más discreto – nunca decisivo por sí solo, pero valioso para Irán precisamente porque estaba distante y a menudo pasado por alto. Si, con el arresto de Maduro, Venezuela es sacada de la órbita de Teherán, entonces las opciones de la República Islámica serán estrechadas más, y esto precisamente en una época en que está quedando bajo considerables tensiones internas.
'Pedazo por Pedazo'
El siguiente paso de Venezuela – en qué se convertirá – es incierto. Pero lo que parece certero es que después de esta intervención estadounidense, los días en que proporcionaba a Irán un punto de apoyo protegido en el hemisferio occidental están llegando velozmente a su fin. Y para Israel esa es razón suficiente para sonreír.
Pero las palabras en una entrevista reciente de la figura más prominente de la oposición de Venezuela, la ganadora del Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, dan a Israel una razón mayor para sonreír. Ella ha sido explícita al describir a Irán, Hezbola, y Hamas como fuerzas extranjeras que penetraron Venezuela bajo el gobierno de Maduro. En su decir, Venezuela no fue meramente mal gobernada; fue comandada por actores externos cuyos intereses iban directamente contra los de un país soberano.
 Ella acompañó ese marco con palabras cálidas hacia Israel, raramente escuchadas desde Caracas en décadas. Cuando se le preguntó en una entrevista con Israel Hayom en noviembre directamente si una Venezuela luego de Maduro restauraría las relaciones con Israel y mudaría su embajada a Jerusalén, Machado respondió: “Ciertamente. Venezuela será el aliado más cercano de Israel en Latinoamérica." Ella dijo que la cooperación con Israel sería parte de la lucha venezolana más general contra el "crimen y el terror" que habían caracterizado al país bajo el mandato de Maduro.
Para Israel, esas palabras importan menos porque garantizan resultados políticos y más porque marcan un quiebre conceptual con la visión del mundo que ha definido a Venezuela desde que Chávez cortó lazos con Jerusalén en el 2009. Bajo Chávez y Maduro, la hostilidad hacia Israel fue un símbolo de pertenencia ideológica a un bando anti-estadounidense y anti-occidental alineado con Teherán. El lenguaje de Machado señala un rechazo total a ese marco.
Durante años, Irán buscó demostrar que su alcance era global y sus opciones ilimitadas. Hoy, el cuadro se ve diferente. Gaza, Líbano, Siria, Yemen – y ahora Venezuela – cuentan una historia no de expansión, sino de contracción.
La caída de Maduro no reforma la realidad estratégica de Israel de la noche a la mañana, tampoco pone fin a la guerra.
Israel está luchando contra los aliados de Irán. Pero representa otro revés incremental en la posición global de Irán – un recordatorio
que el poder de Irán fue construido pacientemente, pieza por pieza, y ahora está siendo desmantelado de la misma manera.

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