Una y otra vez, la relación entre la Unión Europea e Israel se ha visto empañada por un lenguaje equívoco, posterior remordimiento en diversos grados junto a una tibia tranquilidad. El desconcierto, la molestia y decepción en ambas direcciones han caracterizado la relación durante muchos años provocando profundas divisiones estructurales en la Unión Europea.

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