miércoles, 2 de septiembre de 2020

📝Hamas digas Jamas.
Foto: Comunidades Plus
El mismo día, casi como una ironía, en que un avión de El Al aterrizaba en Emiratos con una importante delegación israel- norteamericana, para marcar un hito en el rumbo que los dos países eligieron transitar, se lograba en Gaza llegar a un acuerdo con el Hamas para que cese el fuego de misiles y dejen de incendiar campos y árboles de los israelíes. Claro que a cambio de este acuerdo con mediación del complicado estado de Qatar, los bolsillos del Hamas volverán a rebosar de dinero por algún tiempo más. Poco y nada de ese dinero llegará a los palestinos bajo su control. Irá al pago de “ salarios “ a los terroristas que en algún mes más volverán a disparar. Quizas antes que termine esta nota ya esten disparando. No es el primer acuerdo; no será el último y ya no recuerdo cuantos llevan firmados y a la vez violados desde marzo de 2018.
El problema no es lo que Hamas hace sino lo que Israel no hace para encontrar algún posible alivio a los pobladores del sur de Israel que solo durante el último mes sufrieron 450 incendios fruto de los inocentes y tramposos globos incendiarios.
Nuevamente, pero esta vez en coalición, Netanyahu se encuentra entrampado en la dialéctica chantajista del agresivo terrorismo islamista para insatisfacción de la mayoría de los israelíes. El Hamas, mucho más débil que cualquier otro vecino de Israel, juega al gato y al ratón con el estado hebreo cuyo liderazgo político no desea escalar en un conflicto. Hay muchas respuestas a esta situación de vaiven que Israel acepta a pesar de las reiteradas amenazas de golpear duro a la organización terrorista islamista pro-iraní y ahora pro-turca. Para el Hamas no tiene importancia el color de los billetes sean iraníes, turcos o qataríes. Le importa su supervivencia en ese estado palestino fallido.
Hay quienes dicen que Netanyahu ha preferido mirar hacia los Emiratos dejando de lado cualquier cuestión en el sur que ponga en riesgo el tan anhelado acuerdo. Hay otros que dicen que Israel tiene las manos atadas porque no hay solución fácil con el Hamas. Una invasión a Gaza costaría la vida de muchos soldados y nadie piensa que se puede volver a lo que mal se devolvió en 2005 en uno de los peores errores políticos y estratégicos de Israel. Hay quienes dicen que liderando Netanyahu un gobierno inestable ( en menos de cuatro meses pueden haber elecciones) no se arriesgará a un duro operativo punitivo. Nadie gana elecciones en épocas de guerra. Hay quienes dicen que la lucha contra el corona es una prioridad absoluta y otros dicen que Israel prefiere controlar la expansión iraní en Siria con reiterados bombardeos concentrando sus esfuerzos solo en ese frente ( de hecho hoy hubo un ataque israelí a una base terrorista iraní en Siria ). Cualquiera de estas motivaciones puede ser cierta y tener su justificación pero más temprano que tarde Israel deberá pensar en una solución parcial que le restaure a Israel su iniciativa.
Nadie en Israel piensa que puede haber paz con Hamas. Ni siquiera la ultraizquierda nostálgica de otros tiempos pero a la vez nadie sabe como terminar con esos delincuentes disfrazados de libertarios.
Por esa ironía del destino, hoy aterrizó El Al en Emiratos abriéndose una etapa promisoria e importante que puede modificar el mapa regional. Este mismo día dejaron de “aterrizar “ balones y cohetes del Hamas en el sur de Israel. Pero las diferencias son abismales. En el golfo Pérsico la relación es promisoria; con el Hamas, lo único promisorio que se puede esperar es que en una próxima ronda sea Israel el que tome la iniciativa y doblegue al liderazgo de los criminales que dicen representar a su pueblo cuando en realidad lo han avasallado.

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