sábado, 14 de diciembre de 2024

del WSJ

 EJECUTADO, EJECUTADO, MUERTO POR ENFERMEDAD': LOS REGISTROS SOMBRIOS DE LA TRISTEMENTE CELEBRE PRISION DE SIRIA

La búsqueda de seres queridos en una cárcel que colgaba hasta 50 personas por día, reabre las heridas para las familias.
TRADUCIDO POR Marcela Lubczanski
Por Jared Malsin
Diciembre 12, 2024

SAYDNAYA, Siria—Los sirios que están buscando a los seres amados desaparecidos están peinando el terreno de la prisión más famosa del país, hurgando a través de listas de detenidos y descascarando el suelo de hormigón buscando celdas o tumbas ocultas.
Civiles, soldados milicianos, abogados y un equipo de rescatistas de Turquía recogieron montones de ropas dejadas en los bloques de celdas de la prisión Saydnaya dirigida por el ejército, y observaron las sogas de cuerda roja colgando de un muro de concreto detrás del edificio. Tantas como 50 personas eran colgadas cada día en la prisión, dijo el Departamento de Estado en el año 2017.
Decenas de miles de personas desaparecieron dentro de la red en expansión de detención desde que el régimen del Presidente Bashar al-Assad pasó detenidos y permitiendo que el público busque a los desaparecidos.
“El 99% de ellos están muertos,” dijo Ammar Al-Bara, un abogado de camisa blanco crujiente y abrigo gris de estilo, quien dijo que las familias le habían pedido que busque a sus parientes.
El sacó una hoja de un fajo de registros de prisión que llevaba bajo un brazo, y leyó una tabla de nombres. "Ejecutado, ejecutado, muerto por enfermedad," dijo, señalando la lista.
Sadeq Al-Falaj, un residente de Damasco de 48 años, dijo que estaba buscando información sobre su sobrino, quien había sido llevado por los servicios de seguridad una década antes. "Estamos esperanzados, pero siento que estamos buscando una aguja en un pajar. No hemos encontrado siquiera un rastro,” dijo mientras estaba parado entre una pila de documentos en una oficina de la administración de la prisión.
El sobrino, Jaber Al-Falaj, quien era un estudiante de segundo año de filosofía en una universidad de Damasco, desapareció después de su arresto en un dormitorio estudiantil, dijo su tío. Jaber había permanecido fuera de las protestas contra Assad en el 2011 e incluso evitaba los comentarios políticos online, dijo su familia. Ellos no habían recibido ninguna información sobre su paradero.
“Si está muerto, entonces no hay nada que podamos hacer," dijo su tío.
Las celdas que albergaban a grandes grupos de prisioneros, estaban abarrotadas de ropa descartada, y había colchonetas esparcidas en el suelo. En la pared de una celda estaban las palabras “algún día.”
El derrocamiento de Assad ha creado una oportunidad para que los sirios se enfrenten a más de medio siglo de abusos por parte de un estado policíaco dirigido por la familia del ex líder. Con respaldo militar de Rusia e Irán, Assad permaneció en el poder durante más de una década después que los sirios iniciaron el levantamiento del 2011. El huyó a Rusia el pasado fin de semana cuando las fuerzas de la oposición avanzaron hacia la capital, mientras los soldados del gobierno se despojaron de sus uniformes y se rindieron.
Después del levantamiento, el régimen expandió su uso de la tortura y arrestos masivos en una escala industrial, de acuerdo con los gobiernos occidentales, grupos de derechos humanos y sobrevivientes de los abusos. Para el 2022, unos 100,000 sirios habían desaparecido. También desaparecieron ciudadanos extranjeros, incluido el periodista estadounidense Austin Tice, quien desapareció mientras informaba cerca de Damasco en el 2012.
Junto con su uso de armas químicas y bombardeo de áreas retenidas por los rebeldes, las prisiones de Assad son un símbolo global de la brutalidad de su régimen y una razón clave por la que una variedad de países lo rechazaron. Cientos de miles de personas murieron durante el curso de la guerra civil de Siria, y 12 millones de personas fueron desarraigadas de sus casas. 
Un informe del 2014 por parte de fiscales superiores de crímenes de guerra internacionales encontró evidencia que el gobierno de Assad había ejecutado a unos 11,000 detenidos. Un fotógrafo militar sirio encargado de documentar los cuerpos de los muertos contrabandeó fuera cientos de miles de fotos que fueron más tarde usadas como prueba en enjuiciamientos por crímenes de guerra. El apodo del desertor, César, fue usado para nombrar una ley aprobada por el Congreso en el 2019 para sancionar al régimen de Assad por los abusos del líder contra su propio pueblo.
Ahora, con los grupos rebeldes en control de la capital y trabajando para restaurar el orden, los sirios están buscando información sobre los desaparecidos.
En el Hospital de Damasco, una instalación médica en la capital, los civiles llorosos empujaban las puertas para observar las docenas de cuerpos que los médicos dijeron que habían sido recuperados de las prisiones desde la caída de Assad. El hedor de los cuerpos en descomposición llenaba el aire.
Los cuerpos estaban en camillas, en casilleros de acero inoxidable y en el suelo en el patio adyacente al hospital.
Mujeres y hombres entraron en las salas, despegando las sábanas blancas para revelar los cadáveres. Algunos estaban resecos y grises. Otros habían muerto apenas días antes, de acuerdo con funcionarios médicos forenses en el hospital. El cuerpo de un hombre yacía en el suelo, su brazo derecho sobre su cabeza, la sangre sobre su nariz todavía secándose.
Médicos en batas blancas y barbijos luchaban por contener a la multitud de civiles, algunos de ellos con fotos de familiares desaparecidos hacía largo tiempo. "¡Sólo un segundo!" gritó un médico mientras hacía señas a la gente para que salieran de una habitación llena de cadáveres sobre las mesas. 
“¡Ese es mi hijo! ¡Ese es mi hijo!” gritó una mujer, provocando un revuelo en la multitud. La madre, Amira Homsi, residente de Damasco, reconoció a su hijo por un par de tatuajes de estrella sobre su pecho.
Su hijo, el herrero de 20 años de edad Mohammed Faiz Abu Shakra, había estado pasando el rato con amigos en la casa de un vecino tarde en la noche cuando las fuerzas de seguridad lo secuestraron el 26 de octubre, dijo su madre, quien tiene 50 años de edad. Un joven por lo demás apolítico, él había confiado a la familia y amigos que estaba pensando en unirse a la oposición clandestina al régimen. Su madre cree que uno de sus amigos lo informó al gobierno.
Un hombre de barba áspera negra, su cuerpo yace sobre una sábana de plástico negro. Sangre seca y abrasiones marcaban su pecho y un gran vendaje le cruzaba el abdomen.
“Ojalá mis ojos quedaran ciegos para no tener que ver esta visión,” dijo Homsil “Deseo que ellos no me hubiesen dicho que venga y lo identifique. El habría permanecido en mi mente en la forma en que solía verse."

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