El Monte Sión de Jerusalén está lleno de misterio y sorpresas, pero este verano, los arqueólogos desenterraron un tesoro que dejó a los expertos rascándose la cabeza y sonriendo de alegría. En medio del polvo y las ruinas de un sitio que data de los períodos bizantino y del Segundo Templo, un destello de porcelana reveló un hallazgo notable: un fragmento de un cuenco chino del siglo XVI con una inscripción poética en mandarín: “Por siempre guardaremos la eterna primavera”.
Aunque ya se había encontrado porcelana china antigua en Israel, este es el primer descubrimiento que presenta una inscripción china real.
Se trata de un pequeño fragmento de porcelana, que data de la dinastía Ming (1520-1570) y contiene la inscripción china más antigua conocida descubierta en Israel.
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