Comunicaciones interceptadas y otra información sugieren un cambio estratégico por parte de los líderes de línea dura para aumentar los costos para Estados Unidos y sus aliados regionales.
Por Benoit Faucon y Summer Said
Agosto 16, 2026
Después que el Presidente Trump firmara un memorando de entendimiento con Irán a mediados de junio, funcionarios de la administración se desplegaron para crear apoyo para un acuerdo que esperaban reabriría el Estrecho de Ormuz y empezaría a poner fin a la guerra.
Los intransigentes de Irán se reunieron en Teherán y salieron con un plan diferente, de acuerdo con funcionarios iraníes y árabes. En su opinión, el pacto fue probablemente apenas un intento por parte de Estados Unidos e Israel por sacar presión a la economía mundial y ganar tiempo para un ataque más grande en el camino. En lugar de poner la fe en las conversaciones, ellos se tomaron los últimos dos meses para prepararse para una lucha más grande.
Sus esfuerzos incluyen dar al poderoso Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica más control del ejército normal del país, nombrando en puestos claves a veteranos endurecidos de la guerra con Irak y anteriores represiones internas, expandir las operaciones de contrainteligencia locales y aumentar la producción de misiles y drones. El liderazgo tomó rápidamente la iniciativa, atacando buques para ajustar el control de Irán sobre Ormuz y expandir el campo de batalla al Mar Rojo, el cual Arabia Saudita ha usado para eludir el control del Golfo Pérsico por parte de Irán.
Funcionarios de inteligencia árabes han recabado pruebas—incluyendo comunicaciones entre Irán y las milicias aliadas en países tales como Yemen e Irak—de un cambio estratégico dentro del liderazgo de línea dura del país a preparar a sus fuerzas para ampliar la guerra y aumentar los costos para Estados Unidos, dicen funcionarios al tanto de los descubrimientos. Alarmando a países del golfo más débiles como Kuwait, los líderes de Irán están cada vez más hablando sobre operaciones ofensivas en territorio enemigo.
Su objetivo superador es infligir suficiente dolor para asegurar que no se repitan el tipo de ataques que ha soportado Irán con la guerra de los 12 días del año pasado y el conflicto continuado.
“Hay también una visión generalizada en Irán que la guerra principal todavía no ha empezado siquiera," dijo Mohammad Hassan Sangtarash, un analista de defensa radicado en Teherán cercano al gobierno iraní. "Lo que hemos visto hasta ahora es interpretado cada vez más a través del lente de la táctica de 'cortar salame'—escalada limitada, incremental ideada para debilitar las capacidades ante una confrontación más grande."
Los preparativos iraníes apuntan a un enorme golfo entre cómo Washington y Teherán están percibiendo esta etapa de la guerra. La divergencia ha impulsado una postura de negociación de línea dura y reticencia a cerrar acuerdos por parte de los líderes de Irán que ha desconcertado persistentemente a Trump, quien los ha llamado locos y los acusó de mentir.
La disposición de Irán a luchar también destaca una profunda falta de confianza que es probable que impida a ambos lados a alcanzar un acuerdo duradero para poner fin al conflicto en cualquier tiempo cercano.
Las proclamas de Irán incluyen gran cantidad de bravuconada. La base militar y económica del país ha sido golpeada por los ataques aéreos estadounidenses e israelíes. Los miembros más pragmáticos del liderazgo, incluido el presidente iraní Masoud Pezeshkian, han advertido repetidamente que Irán necesita negociar un acuerdo para poner fin a la guerra que traiga alivio de sanciones o enfrente el colapso de su economía.
Pero Irán está reconstruyendo su infraestructura y restaurando el acceso a las bases de misiles mucho más rápidamente de lo esperado, una preocupación para los funcionarios israelíes que estan interiorizados con el progreso. También ha atacado exitosamente las bases estadounidenses y retiene suficiente poder de fuego para amenazar a las embarcaciones e infraestructura energética del golfo. Los funcionarios árabes se están preparando para el combate continuado y una interrupción extendida de los suministros de energía.
Para el régimen, “la guerra es el punto de partida,” dijo Alan Eyre, un ex diplomático de alto rango estadounidense y negociador nuclear con Irán. "Irán permanecerá en un pie de guerra, preparándose para un ataque posterior."
Cuando Trump firmó el memorando de entendimiento con Irán el 17 de junio en el palacio francés de Versalles, parecía que la mayor dificultad sería convencer a los críticos estadounidenses que no era abiertamente generoso con Teherán.
El acuerdo prometía exenciones de sanciones para permitir que Irán venda su petróleo, el acceso a miles de millones de dólares en dinero congelado y la perspectiva de un fondo de us$300,000 millones para reconstruir el país. La principal obligación de Irán era abrir el Estrecho de Ormuz al tráfico de la navegación y luego negociar de buena fe respecto a su programa nuclear.
Cuando Irán empezó a disparar a los barcos que EE.UU. estaba guiando a través del estrecho tres semanas más tarde a principios de juio, tomó por sorpresa a Estados Unidos.
“La gente peligrosísima de Irán, son locos,” dijo Trump, quien también llamó escoria a los líderes de Irán. "Hay algo errado con ellos."
De hecho Irán estaba siguiendo una política de dos vías. Mientras los diplomáticos buscaban un acuerdo de paz con EE.UU., el líder iraní Mojtaba Khamenei estaba dando pasos para preparar el aparato de seguridad para una confrontación expandida que puede ser iniciada por el propio Teherán.
La Guardia Revolucionaria utilizó la calma creada por el memorando de entendimiento para preparar el terreno con las milicias aliadas en toda la región para aumentar los ataques si es necesario, enviando asesores a Irak, Yemen y Líbano para discutir los planes, dijeron funcionarios al tanto de los recientes hallazgos de los servicios de inteligencia árabes.
La información incluidas las comunicaciones interceptadas mostraron a la Guardia Revolucionaria enviando comandantes a zonas controladas por los hutíes de Yemen para planificar una confrontación aumentada con Arabia Saudita en coordinación con las milicias iraquíes que también son apoyadas por Irán.
La Guardia Revolucionaria supervisó despliegues de misiles, armas navales y lanzadoras de misiles a posiciones que otean el Mar Rojo. También proporcionó a los militantes yemeníes información, listas de objetivos que incluyen puertos saudíes y plantas de energía, y consejo sobre protegerse de la represalia saudí, dijeron los funcionarios.
El resultado fue el combate que se intensificó hasta fin de julio. Los hutíes atacaron a fuerzas gubernamentales yemeníes respaldadas por Arabia Saudita y declaró que el Estrecho Bab al-Mandeb que vincula el Mar Rojo con los mercados mundiales estaba cerrado para Arabia Saudita. El grupo militante ha disparado a los buques saudíes, complicando los esfuerzos del reino por exportar su petróleo y aumentando los riesgos de abastecimiento para los mercados mundiales.
Alrededor de la misma fecha, Arabia Saudita dijo que las milicias apoyadas por Irán en Irak habían lanzado ataques con drones sobre sus instalaciones petroleras.
La Guardia Revolucionaria amenazó a los estados del golfo conque destruiría sus plantas de energía si Estados Unidos fuera a atacar sitios similares en Irán—llegando tan lejos como a enviar listas detalladas de objetivos individuales a sus homólogos árabes, dijeron los funcionarios.
Irán también intensificó sus ataques contra las tropas estadounidenses. Teherán sorprendió a Estados Unidos disparando cinco misiles balísticos a Jordania durante una tregua en el conflicto. El ataque llegó dos semanas después que otro ataque iraní en Jordania mató a tres soldados estadounidenses.
Las autoridades en el golfo se alarmaron más mientras observaban el alcance de los ataques crecer y a los misiles iraníes evadir las defensas estadounidenses y atacar objetivos más precisamente en Jordania, Kuwait y Bahréin. El combate se expandió dentro de agosto, con Irán atacando seis barcos de Emiratos Arabes Unidos durante las últimas dos semanas mientras trataban de transitar el Estrecho de Ormuz.
“Aprovechamos al máximo el período del cese del fuego," dijo el vocero de la Guardia Revolucionaria, Brig. Gen. Hossein Mohebbi, en una entrevista en julio con la agencia noticiosa Tasnim afiliada a la Guardia. "Realzamos nuestras capacidades, aceleramos nuestra tasa de producción de misiles y mejoramos la precisión de los misiles."
Tras bambalinas, el líder supremo Khamenei estuvo posicionando sus fuerzas para una lucha más agresiva, designando a siete líderes clave de seguriddad para dirigir las instituciones militares y de represión renovadas en una reorganización que fue divulgada hace una semana.
Los nombramientos llegaron con objetivos agresivos que incluyeron ajustar la cadena de mando militar, convertir a una milicia ideológica en una agencia de inteligencia vecinal y enfatizar un enfoque ofensivo.
Mohsen Rezaei, quien lideró a la Guardia Revolucionaria durante la guerra con Irak en la década de 1980, fue nombrado secretario del principal organismo de toma de decisiones de Irán, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, donde será el representante de Khamenei. En la semana pasada, el consejo frustró el avance de un acuerdo para abrir gradualmente Ormuz.
Para reforzar la seguridad interna, Khamenei restituyó al veterano Hossein Taeb, un estrecho colaborador que lideró una represión letal contra las protestas en el 2009, en el timón de la Basij. El líder supremo le encargó transformar esta fuerza de voluntarios en una "red de inteligencia popular" tras dos guerras que mostraron cuan minuciosamente había sido infiltrado Irán por los servicios de inteligencia israelíes.
Los asesores del gobierno iraní ven la siguiente etapa de la confrontación yendo más allá de la guerra convencional para que incluya intentos externos por fomentar el descontento interno. El gobierno reprimió brutalmente las protestas por la crisis económica del país en enero y teme que sea sólo cuestión de tiempo antes que el deterioro continuo bajo la presión estadounidense lleve a los manifestantes nuevamente a las calles.
Khamenei también consolidó la influencia de la Guardia Revolucionaria sobre el ejército regular unificando el control de los dos brazos militares bajo el Brig. Gen. Ali Abdollahi, un veterano comandante de alto rango de la Guardia Revolucionaria y líder militar que ha defendio agresivamente los ataques contra los estados árabes que albergan bases estadounidenses por todo el Golfo Pérsico.
Al nuevo comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi—quien ha estado en el puesto no oficialmente desde marzo—le fue dada formalmente la posición y se le dio la tarea de "operaciones ofensivas poderosas contra el enemigo," decía el decreto de su nombramiento el lunes. Al día siguiente, el General Mohammad Reza Naghdi, un asesor de Vahidi, dijo que la fuerza paramilitar debe estar preparada para asumir operaciones en territorio enemigo.
“La elevación de Vahidi es consistente con un liderazgo que está preparando al estamento de seguridad para un período de confrontación sostenida en lugar de un retorno a la política normal de tiempos de paz," dijo Saeid Golkar, experto en servicios de seguridad de Irán en la Universidad de Tennessee en Chattanooga. La Guardia Revolucionaria—una fuerza armada de cerca de 200,000 integrantes—ha ideado nuevos planes para más escalada incluidos ataques preventivos, de acuerdo con funcionarios y declaraciones públicas iraníes. Entre las opciones: sabotear los cables de internet en el Golfo Pérsico, crear agitación política en países con comunidades chiíes tales como Kuwait y Bahréin, y potencialmente incluso operaciones terrestres en Kuwait.
Kuwait toma seriamente esos riesgos. A principios de mayo, el pequeño jecato del golfo dijo que sus fuerzas de seguridad habían interceptado a seis tropas de la Guardia Revolucionaria que utilizaban un barco pesquero alquilado para atracar en una isla kuwaití separada de Irán sólo por una estrecha franja de territorio iraquí. Algunas figuras políticas iraníes han sugerido que la Guardia Revolucionaria podría lanzar operativos terrestres a través del sur de Irak si Estados Unidos fuera a amenazar territorio iraní como la Isla Kharg.
Algunos funcionarios del golfo dijeron que el comportamiento reciente de Irán está alimentando la incertidumbre acerca de las relaciones con el vecino mucho más grande y recientemente más agresivo tras la guerra. Ellos dicen que sigue siendo difícil evauar la extensión del daño que hicieron Estados Unidos e Israel a las capacidades de la Guardia Revolucionaria. Pero, está claro que la organización no ha sido derrotada o disuadida, y su control sobre Ormuz ha fortalecido su posición regional, dijeron ellos.
Esa realidad ha ayudado a empujar a los estados del golfo a apoyar incluso acuerdos desfavorables que reconocerían la supervisión iraní del estrecho si Irán detiene la escalada adicional. Pero los líderes regionales también se están volviendo cada vez más frustrados por la falta de cambios fundamentales en el comportamiento de Teherán en respuesta al alcance diplomático.
El liderazgo iraní preocupado por la seguridad, dijeron ellos, parece estar cada vez más confiado en sus demandas.
Los mediadores en las conversaciones dijeron que los diplomáticos iraníes aceptaron temprano en el mes un acuerdo con Omán para establecer y supervisar rutas a través de Ormuz que llevarían a la reapertura gradual del estrecho. Esos esfuerzos fueron bloqueados por la Guardia Revolucionaria, la que volvió a atacar embarcaciones.
Con las negociaciones bloqueadas e Irán no retractandose de escalar el combate, Trump ha dado marcha atrás para ver si la presión económica de las sanciones y el bloqueo de la Marina suavizarán la posición de Irán, dijeron los funcionarios estadounidenses.
Pero los líderes de Irán son profundamente escépticos de los motivos de Trump y se están deslizando hacia una economía de supervivencia dirigida a resistir.
Personas cercanas a los principales negociadores de Irán han advertido que las conversaciones de paz podrían ser tan sólo un interludio antes de más conflicto. Mehdi Mohammadi, un asesor estratégico del negociador principal iraní Mohammad Bagher Ghalibaf, describió el estancamiento actual el martes como la calma antes de la tormenta.
En una publicación anterior en redes sociales, Mohammadi dijo que los motores del conflicto continuado incluyen un “proyecto generacional para venganza sangrienta” por la eliminación del lídere supremo Ali Khamenei, padre de Mojtaba, en los ataques iniciales de la guerra.
“La nación iraní todavía tiene muchos temas inconclusos con Trump,” dijo Mohammadi, quien es también un miembro del equipo negociador de Irán. "Irán está preparado para la gran confrontación."
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