viernes, 30 de enero de 2026

Del THE AMERICAN CONSERVATIVE

 

Greenland And Europe Hope To Avert U.S. Intervention To Aquire Greenland

Tras adquirir exitosamente Alaska de manos de Rusia, el Secretario de Estado William Seward (1861–1869) buscó adquirir Groenlandia de manos de Dinamarca. Entre 1886 y 1909 exploradores como Robert Peary exploraron y trazaron  Groenlandia, buscando hacerla parte de Estados Unidos. A principios de la década de 1900 el interés en Groenlandia fue concurrente con adquirir las Indias Occidentales Danesas, ahora conocidas como las Islas Vírgenes, las cuales adquirimos en 1917. En 1946, el Presidente Harry Truman ofreció adquirir Groenlandia. 
A pesar del rechazo de Dinamarca a vender, Estados Unidos construyó bases allí durante la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría. Asegurar las vías de navegación era esencial para ganar la Segunda Guerra Mundial y para
preservar la seguridad desde entonces. Establecida en 1951, la Base Espacial Pituffik reconoce la importancia geográfica de Groenlandia para la detección temprana de misiles balísticos, comunicación satelital, y vigilancia del Artico. Los piratas políticos que atacan al Presidente Trump por su interés en Groenlandia ignoran el consenso bipartidista de más de un siglo en que Groenlandia es indispensable para la defensa norteamericana y la disuasión estratégica de Estados Unidos. 

El Acuerdo de Defensa de Groenlandia de 1951 ya concede a Estados Unidos derechos militares amplios e indefinidos sin una fecha de expiraión fijada, a menudo descripto como concediendo acceso "completo" o “total” a perpetuidad por necesidades de defensa. A medida que comenzamos a construir la capacidad de defensa de misiles largamente soñada, primero como Star Wars y ahora como la Cúpula Dorada, ahora necesitamos un conjunto complejo de instalaciones—y necesitamos una relación más fuerte con Groenlandia también. Reconociendo la importancia estratégica, el Presidente Trump ha presionado por algo más integral. 

Asegurar estas instalaciones será vital para proteger su integridad operativa y la integridad del sistema entero. La Estrategia de Seguridad Nacional del Presidente Trump comunica una gran estrategia coherente que restaura el foco apropiado de Estados Unidos sobre la seguridad nacional de Estados Unidos de América, empezando en nuestro propio hemisferio.

Para entender por qué esto importa, debemos admitir que el modelo de la OTAN posterior a la Guerra Fría se ha quebrado. Durante décadas, Europa se dependió de Estados Unidos como su fuerza de defensa de facto, expandiendo la Unión Europea bajo la protección del ejército de Estados Unidos mientras invertía crónicamente poco en su propia seguridad. Sin embargo, cuando Estados Unidos busca promover su propia seguridad—especialmente en el Artico—los líderes europeos repentinamente objetan, aun cuando la influencia económica china y rusa se inserta en las instituciones políticas y comerciales de Europa. Este es el status quo que los críticos están tratando de preservar, pero es precisamente lo que la administración Trump tiene razón en desafiar. Estados Unidos no puede defender Norteamérica con un modelo de seguridad diseñado para priorizar a Europa. Reformar ese desequilibrio comienza con una nueva arquitectura del Artico anclada en Groenlandia.

Debemos cambiar nuestro modelo de seguridad, porque Rusia y China están explotando a los europeos y reconocen la riqueza de recursos, vías de navegación, e importancia geográfica del Artico en general y de Groenlandia en particular. Por último, aunque los países nórdicos aseguran la influencia en el Artico de Europa, la Unión Europea está aprovechando colectivamente el reclamo de Dinamarca que Groenlandia siga en la discusión sobre las grandes potencias. Peary tuvo razón cuando reconoció que Groenlandia estaba esencialmente sujeta a una extensión de la Doctrina Monroe. Groenlandia es parte de Norteamérica, no de Europa.

De hecho, los groenlandeses se han negado a participar en las estructuras europeas. En 1985, Groenlandia salió formalmente de la Comunidad Europea—el primer territorio en la historia en hacerlo. Por consiguiente, Groenlandia no es parte de la Unión Europea. En el año 2009, Dinamarca reconoció el derecho a la autodeterminación de Groenlandia. Con una sola votación, Groenlandia puede votar por cambiar su relación con Dinamarca. Obviamente, el pueblo de Groenlandia enfrentaría entonces inmediatamente un dilema de autosuficiencia, incluida la capacidad de defender Groenlandia.

Una posibilidad que obtiene poca atención ya funciona en otros lados. Con una segunda votación, la gente de Groenlandia podría entrar en un nuevo Compacto de Asociación Libre (COFA) con Estados Unidos de América. Los países del COFA tienen una relación singular con EE.UU. que incluye responsabilidad estadounidense para su defensa. Estados Unidos mantiene autoridad de defensa internacional plena y el derecho de operar fuerzas militares en sus territorios. A cambio, Estados Unidos proporciona ayuda financiera garantizada y concede a los ciudadanos de estas naciones el derecho de vivir y trabajar en Estados Unidos sin visas o permisos de trabajo.
La gente de Groenlandia está correctamente preocupada por grandes cambios para su cultura y forma de vida. Ellos han desarrollado una identidad no sólo inuit y específica de Groenlandia sino también de parte de Dinamarca. No obstante, un futuro compartido con Estados Unidos ofrece seguridad, autonomía, mayor acceso a los mercados y capital estadounidenses. La presencia estadounidense en Groenlandia ciertamente crecería mientras desarrollamos la tierra y recursos, mientras preservamos el acceso comercial y cultural para la gente de Groenlandia. Con una votación, el pueblo de Groenlandia podría separarse de Dinamarca. Con una segunda votación ellos podrían unirse a Estados Unidos de América. Habiéndonos comprometido con la colaboración futura, ¿tal vez podamos todos concordar?

Como parte de este cambio, el Congreso puede—y debería—utilizar sus autoridades de supervisión para organizar misiones de investigación y viajes de delegaciones a Groenlandia. Estas visitas son un primer paso práctico hacia construir confianza compartida, establecer intereses en común, y demostrar la seriedad de Estados Unidos acerca de una sociedad a largo plazo.
Estoy ansioso por compartir el pan con amigos en Groenlandia y esperanzado en un futuro más cercano juntos.

El congresista Warren Davidson es miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara y ex Guardaparques.

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