Con la suspensión de Karim Khan, la podredumbre moral queda al descubierto.
Este es el fiscal obsesionado contra Israel, ayer, finalmente suspendido en medio de graves sospechas.
Gaza, La Haya y la hipocresía internacional: quien lideró una cruzada judicial desenfrenada contra el Estado de Israel y sus dirigentes, se encuentra ahora fuera de los muros de la Corte Penal Internacional (CPI). Karim Khan, el fiscal jefe que se atrevió a establecer una distorsionada equivalencia moral entre el primer ministro de Israel y los líderes asesin0s de la organización terrorist@ Ham@s, ha sido suspendido oficialmente de su cargo en medio de un profundo descrédito.
El hombre que durante largos meses dio lecciones de moral a un Estado democrático que defiende a sus ciudadanos, y que acusó a las Fuerzas de Defensa de Israel de crímenes que Israel considera infundados, quedó expuesto en toda su vergüenza.
El órgano supervisor de la Corte le mostró la puerta de salida y lo sometió a procedimientos disciplinarios tras una investigación independiente que estableció serias sospechas de conducta sexual inapropiada, acoso y agresión contra una empleada de su oficina.
En Israel y entre numerosos juristas alrededor del mundo, se fortalece la percepción de que existe una relación directa entre la ceguera moral de Khan y su conducta personal corrupta.
Quien vulnera normas morales básicas en su vida privada y abusa de su poder frente a sus subordinados, es precisamente el mismo tipo de persona que podría utilizar el poder del sistema judicial internacional para perseguir de manera obsesiva y por motivaciones políticas al Estado judío.
El hombre que buscó emitir órdenes de arresto contra la dirigencia israelí se ha convertido ahora en una figura apartada y cuestionada.
Esta suspensión oficial demuestra, según sus críticos, que la “moral” en cuyo nombre hablaba Khan no era más que una máscara destinada a ocultar una profunda hostilidad hacia Israel y una grave degradación ética interna.
Los engranajes de la justicia pueden avanzar lentamente, pero al final, quien intentó oscurecer el nombre de Israel ante el mundo terminó siendo apartado de su cargo, desacreditado y a la espera del juicio de la historia y de la ley.
SE HA HECHO JUSTICIA A LA SUPUESTA JUSTICIA.





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