domingo, 21 de abril de 2019

Daniel Karpuj

LA LIBERTAD DE LIBERARSE…
Sal, sal de tu Egipto personal, y abandona tu estrechez mental.
No te esclavices a pensar siempre del mismo modo.
No existe mayor exilio que el estar encerrado en los barrotes mentales propios.
Revisa si la realidad que captas desde “tu Egipto”, realmente corresponde con “la realidad” verdadera.
Porque, de lo contrario, te condenas a vivir en tu propia realidad inventada, que fricciona con todos y con todo.
No te olvides de que cada vez que dices “me resulta imposible” o “jamás podré”, o “actúo así porque todos lo hacen”, sumas un nuevo barrote a tu Exilio personal.
El Faraón más feroz es el que nosotros imaginamos, y que permitimos que nos domine.
Las cosas “no son así”, y depende de ti que sean diferentes.
Si piensas por ti mismo, verás que el Faraón “ladra, pero no muerde”.
Te persigue, pero nunca te alcanza.
Pero eres tú quien debe anhelar el camino que te aleje de toda estrechez posible.
Somos seres terrenales, pero podemos aspirar a los Cielos.
Sal, sal de tu Egipto personal, y atrévete a pisar la arena de tu desierto, en el que tú y sólo tú trazas los caminos a seguir.
Deja la estrechez del pasado, camina en tu desierto propio, y aventúrate a buscar tu Monte de Sinaí.
Porque ¿para qué puede vale una vida sin Sabiduría?
¿Qué sentido tiene continuar viviendo “engreído y presuntuoso”, como inflado por levadura, cuando tu fiesta puede terminarse en cualquier momento?
Sal de tu Egipto, pisa firme la arena de tu desierto, y pon tu rumbo en dirección a tu Tierra Prometida.
Y verás que por fin la libertad deja de ser un símbolo, y se convierte en tu modo de vivir.

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