domingo, 17 de noviembre de 2019


**La Lluvia Lo Sabe**

Como con baldes o un diluvio la lluvia caía y todo mojaba. La gente
corría buscando refugio; yo sin paraguas me cobijé en el portal de un
 hotel cuyo techo de chapa la lluvia golpeaba y golpeaba.
Mientras la lluvia mojaba y mojaba sin mirar a quien; ella se refugio
a mi lado, en sus manos un paraguas roto de nada servía. Mojada y
afligida noté en sus ojos algunas lágrimas quizás por llegar tarde a
una cita de amor o trabajo o algún horario que debe cumplir.
Le hice lugar a mi lado. Le presté un pañuelo, secó su pelo arregló su
rostro me dio las gracias junto a una pequeña sonrisa que aún la
recuerdo digna de ver.
Mientras la lluvia repiqueteaba sobre la chapa desnuda nosotros en voz
alta comenzamos a conversar. Temas dispares, sin importancia, mientras
entre nosotros nacía algo con el fondo estridente de las chapas sonar.
Y así sin más ni menos comenzó a germinar una simpatía que apuró nuestro pulso, nuestras manos se buscaron y sin pensarlo nuestros labios
se abrieron pidiendo besar.
Fue ella la que dijo: busquemos refugio en el hotel hasta que el mal tiempo pase; tomamos una habitación nuestras bocas se buscaron nuestras
manos intimaron y en un momento me sentí arrastrado al deseo urgente
de ser su amante, de ser feliz, de agradecer a la lluvia haberla encontrado.
De pronto la lluvia cesó ella arreglo su pelo maquilló su rostro me saludó
con un simple adiós y marchó.
¡Eso es todo lo que pasó!
Hace mucho que no llueve espero intrigado y esperanzado la lluvia otra vez y quizás, sólo quizás, la vuelva a encontrar.
¡La lluvia lo sabe, tú lo sabes, para que más!
Mario Beer-Sheva.-

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