HOMBRE, ¡DESPIERTA!
Podrás dirigirte hacia la derecha o hacia la izquierda, viajar, conocer, comprar y vender, descubrir culturas diferentes, hablar distintos idiomas, cantar, bailar, emborracharte y dormir.
Podrás comer una fruta o dos, verduras, e incluso hasta podrás consumir carne de distintos gustos, sabores y variedades.
Podrás conocer a una mujer, enamorarte, casarte con ella, construir una casa y tener muchos hijos y nietos.
Podrás comprarte una mesa, grande, extensa, y que toda tu familia y tus descendientes se sienten a su alrededor.
Podrás incluso comprarte zapatos, una caña de pescar, un cigarro y un automóvil.
Pero lo que no podrás, irrefutablemente, es ser feliz y alcanzar la paz espiritual si no sabes quién eres, qué haces en el mundo, cuál es tu misión individual e insustituible, y hacia dónde te dirigirás una vez que tu corazón haya dejado de latir.
Podrás intentar olvidar lo esencial durante algunos años, varios, muchos, pero llegará un día en el que las únicas preguntas que te acosarán serán aquellas que, durante tus años de salud, no te animaste a enfrentar ni a mirar a los ojos.
Hombre, ¡despierta!
No lo postergues más, no te mientas más, ni pongas más excusas.
Porque ahora, y vaya uno saber hasta cuando, aún tienes la Vida.

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