EUROPA QUIERE LA PROTECCION DE ESTADOS UNIDOS. ISRAEL SE LA GANA-- OPINION
Por Jason D. Greenblatt (ex enviado de la Casa Blanca a Medio Oriente)
Diciembre 31, 2025
Después de mi reciente artículo de opinión en Newsweek argumentando que en lugar de confiar en Estados Unidos Europa debe asumir la responsabilidad primaria por su propia defensa en vez de priorizar generosos beneficios sociales y otras elecciones fiscalmente irresponsables, yo recibí una pregunta recurrente: ¿El Presidente Trump aplicaría la misma lógica a Israel?
Mi respuesta es no. No creo que el Presidente Trump vea los dos casos como remotamente comparables.
No hablo por el Presidente Trump. Pero basado en su historial de largo tiempo respecto a Israel, cómo él ha hablado acerca de y apoyado a Israel durante décadas y las realidades estratégicas involucradas, está claro que él ve apoyar a Israel de forma muy diferente de respaldar la defensa de Europa.
En primer lugar, el historial del Presidente Trump respecto a Israel habla por sí mismo. Más que cualquier presidente estadounidense, él apoyó a Israel no sólo retóricamente, sino materialmente y diplomáticamente. El reconoció a Jerusalén como la capital de Israel, reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, negoció los Acuerdos de Abraham, apoyó a Israel durante los ataques masivos con misiles de Irán, tomó medidas decisivas para revertir las ambiciones nucleares de Irán y garantizó el retorno de los rehenes retenidos por Hamas que muchos creyeron sería imposible. Estos ejemplos sólo empiezan a capturar la profundidad de su apoyo. Estas no son las acciones de un presidente que se deja llevar por un oportunista. Reflejan a un líder que ve a Israel como un aliado estratégico central cuya seguridad está profundamente entrelazada con los intereses estadounidenses.
En segundo lugar, Israel no es parte de la OTAN, y esa distinción importa mucho. La crítica a Europa de Trump se ha centrado a menudo en la OTAN, una alianza creada bajo compromisos de defensa explícitos y recíprocos. El artículo 5 no es una limosna. Presupone que cada miembro invertirá seriamente en su propia defensa. La frustración de Trump con Europa y la OTAN se deriva de la realidad que las obligaciones han fluido abrumadoramente en una dirección, desde Estados Unidos a Europa. Israel, por el contrario, no tiene ninguna obligación de tratado que requiera que las fuerzas estadounidenses combatan en su nombre. El apoyo estadounidense a Israel es una elección estratégica, no un acuerdo contractual desequilibrado.
La propia doctrina de Israel refuerza ese punto. Uno de los principios definitorios de Israel es que no pide que las tropas estadounidenses libren sus guerras. Los israelíes defienden a Israel. El servicio militar obligatorio, la movilización masiva de reservistas y la preparación constante son hechos de la vida. Eso no significa que Israel pueda permanecer sola en todas las circunstancias, como quedó demostrado por los recientes ataques iraníes cuando la ayuda estadounidense bajo el Presidente Trump fue esencial, junto con años de ayuda militar estadounidense, mucha de la cual circula de regreso dentro de la economía estadounidense a través de la producción de defensa. Pero eso significa que Isrel no terceriza su supervivencia.
En tercer lugar, las objeciones de Trump a las políticas de defensa europeas preceden por mucho su presidencia. Mucho antes de su primer mandato, él criticó a los gobiernos europeos por tercerizar su seguridad en Washington mientras gastaban generosamente en casa. Su opinión ha sido consistente: los estados europeos ricos eligieron la comodidad política por sobre la preparación militar mientras asumían que Estados Unidos siempre llenaría la brecha. Israel simplemente no se ajusta a ese modelo.
En cuarto lugar, Israel de forma demostrable, asume su propia carga de defensa. El gasto en defensa de Israel, medido como una parte del PBI, está entre los más elevados en el mundo y excede por mucho el promedio europeo. La sociedad israelí absorbe los costos económicos y humanos de la vigilancia permanente. Trump respeta el esfuerzo, el sacrificio y la seriedad. La subinversión crónica de Europa está en agudo contraste.
La brecha de escala entre Europa e Israel subraya aun más la diferencia. Europa es un continente de cientos de millones de personas con vasta capacidad industrial y profundos mercados de capitales. Con el respaldo de Estados Unidos, Europa tiene la capacidad de defenderse si elige hacerlo. Israel, aunque altamente exitosa, es un país pequeño en geografía y población, rodeado por actores hostiles y enfrentando constantes amenazas convencionales y asimétricas. Ningún nivel plausible de autoayuda puede compensar por completo esos riesgos.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky una vez advirtió al Presidente Trump que la distancia no debía tranquilizar a Estados Unidos acerca de los desafíos para la seguridad de Europa. Trump rechazó esa lógica, y con razón. Los desafíos de Europa, aunque serios, son amortizados por la distancia y no cargan la misma inmediatez para Estados Unidos que otros desafíos actuales, incluida la inestabilidad en el Medio Oriente. La inestabilidad en el Medio Oriente ha producido repetidamente consecuencias inmediatas y en efecto cascada para los intereses estadounidenses.
La inestabilidad en torno a Israel no permanece a nivel local. Afecta los mercados energéticos, las campañas contraterroristas, la proliferación nuclear, los equilibrios de fuerzas regionales y la credibilidad estadounidense en el mundo. Una Israel debilitada invitaría a conflicto más amplio y envalentonaría a los adversarios mucho más allá de la región. Apoyar a Israel no tiene que ver con subsidiar la complacencia. Se trata de prevenir reacciones en cadena peligrosas en una de las regiones más volátiles del mundo.
Trump ve la difícil situación de Europa como en gran medida auto-infligida. Europa gozó de un dividendo de la paz durante décadas, apostando a que la protección estadounidense fue eterna aun cuando eludía sus responsabilidades. Cuando Trump dice que Estados Unidos no debería apuntalar al mundo como Atlas, él está hablando a los aliados que tuvieron toda oportunidad de valerse por sí mismos y eligieron no hacerlo.
Israel nunca tuvo ese lujo.
La diferencia no es favoritismo, aunque Trump claramente tiene una profunda calidez hacia el estado judío y su pueblo. Es responsabilidad. Los aliados que asumen la responsabilidad por su propia seguridad se ganan el apoyo estadounidense. Los que no, no deberían esperar cheques en blanco.
Ese es el motivo por el cual ayudar a Israel no es, y nunca ha sido, lo mismo que respaldar la defensa de Europa.
Jason D. Greenblatt fue el enviado a Medio Oriente de la Casa Blanca en la primera administración Trump. El es autor de "En el Camino de Abraham: Cómo Donald Trump Hizo la Paz en el Medio Oriente" y fundador de Abraham Venture LLC.

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