domingo, 4 de enero de 2026

DE YNET

 ISRAEL JUEGA LA CARTA INVERSA DEL UNO CONTRA LA OBSESION DE DOS ESTADOS

Al reconocer estados reales en lugar de imaginarios, Israel expone el sistema que quebró la región; su reconocimiento de Somalilandia, un estado en funcionamiento durante 30 años, subraya cómo la soberanía puede ser medida por medio de la realidad, no del discurso.


Por Guy Goldstein


El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel cayó como un plato en una sala llena de diplomáticos fingiendo no escuchar el golpe. Somalia protestó. La Liga Arabe reprochó. Turquía y Egipto advirtieron oscuramente sobre precedentes. La Unión Africana se preocupó por la estabilidad. Los funcionarios occidentales susurraron sobre el proceso. Todo el teatro de siempre. Lo que ninguno de ellos quiso decir en voz alta fue la verdad obvia que les devolvía la mirada. Israel no hizo nada radical. Aplicó las reglas.


Durante treinta años, Somalilandia ha funcionado como un estado. No una consigna, no una causa, no una economía de agravios. Un estado. Población permanente. Territorio definido. Gobierno efectivo. Capacidad para conducir relaciones exteriores. Las cuatro pruebas de la Convención de Montevideo, cumplidas calladamente y constantemente desde 1991.


Sumen un quinto hecho que la convención ni siquiera pide, pero la historia sí. Somalilandia ha cometido exactamente cero actos de terrorismo internacional. Ningún secuestro. Ningún bombardeo de embajadas. Ninguna yihad exportada. Ninguna red de recaudación de fondos lavando sangre como política.


Ahora coloquen eso a un lado de la amarga ironía que el sistema se niega a enfrentar. El mismo orden internacional que pierde la cabeza por Somalilandia ha pasado décadas reconociendo y subsidiando un así llamado proyecto de estado en la región que falla las cuatro pruebas de Montevideo. Ningún territorio definido bajo control soberano. Ningún gobierno efectivo con un monopolio sobre la fuerza. Ninguna capacidad de política exterior independiente. Ninguna administración coherente. Gran cantidad de facciones armadas. Gran cantidad de asesinato glorificado. Gran cantidad de terrorismo internacional. Y sin embargo ese proyecto es tratado como sagrado, inevitable e intocable.


La medida de Israel no es un rechazo a la idea de dos estados. Es el retorno de esa idea a la realidad. Es lo que sucede cuando dejas de recompensar la disfunción y empiezas a reconocer el comportamiento.


Aquí es donde la historia se pone más interesante, y más incómoda para la gente que construyó sus carreras sobre el viejo guión. Israel no actuó sola o en un vacío. Actuó en paralelo con una campaña creciente, liderada junto a los Emiratos Arabes Unidos, por estabilizar y formalizar entidades políticas viables donde el caos ha sido preservado artificialmente.


Yemen del Sur es el caso más obvio. Un lugar con fronteras, puertos, instituciones y una población que recuerda ser un país antes de ser aplastada en una unión fallida. Un lugar cuya inestabilidad ha sido aprovechada por milicias, contrabandistas y potencias regionales precisamente porque carece de reconocimiento y responsabilidad. 


El patrón no es difícil de ver. Donde existe autogobierno viable, el sistema bloquea el reconocimiento en el nombre de la estabilidad. Donde existe inestabilidad, el sistema arroja dinero y legitimidad dentro de ello en el nombre de la justicia. El resultado ha sido predecible. Guerra eterna. Mediación eterna. Conferencias eternas. Tumbas eternas.


El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel pincha esa lógica. Dice algo profundamente ofensivo a la industra profesional de la paz. La soberanía no es una vibración. Es una actuación. La ganas gobernando, no sufriendo en voz más alta que tu vecino.


La Convención de Montevideo fue escrita para prevenir exactamente este tipo de farsa. Cuatro criterios. No ideología. Ninguna excepción por buen márketing. Ninguna exención para la victimización permanente. Un estado cumple la prueba o no la cumple. El reconocimiento es declaratorio, no mágico. La ley no crea estados. La realidad los crea.


Ese es el motivo por el cual la reacción fue tan feroz. No debido a Africa. No debido a Somalia. Debido a que una vez que aplicas la Convención de Montevideo de forma honesta, colapsa la narrativa regional entera. Somalilandia aprueba. Kurdistán aprueba. Yemen del Sur está cerca. Puntlandia no está muy lejos. Y el único proyecto que domina toda agenda de la O.N.U., toda protesta en los campus universitarios, toda lección moral, no.


Israel sabe esto mejor que nadie porque ha pasado décadas siendo sermoneada por personas que no tienen ningún interés en estados que realmente funcionan. La demanda nunca tuvo que ver con la paz. Se trató de control de la narrativa. Israel se suponía que cumpla, se disculpe y subsidie una ficción eterna.


En su lugar, Israel dio vuelta las tablas. Al reconocer a Somalilandia, Israel hizo algo casi original en su simplicidad. Trató la soberanía como condicional a la responsabilidad. Reconoció fronteras que son mantenidas, instituciones que funcionan y una población que eligió las urnas por sobre las bombas. Envió una señal que la era de indulgencia eterna a los no estados violentos podría estar terminando.


El trabajo en paralelo con los E.A.U. en Yemen del Sur refuerza el punto. La estabilidad no llega de fingir que las uniones fallidas son sagradas. Llega de alinear la legitimidad política con la realidad vivida. Puertos que funcionan. Gobiernos que gobiernan. Fuerzas de seguridad que responden a los civiles. Fronteras que significan algo.


La ironía es tan aguda que se disfruta. Los mismos diplomáticos que exigen una solución de dos estados en Israel retroceden cuando Israel reconoce un estado real. Las mismas instituciones que predican el derecho internacional entran en pánico cuando alguien lo aplica. Las mismas voces que excusan el terrorismo en el nombre de la liberación no pueden tolerar una liberación que produce orden en lugar de caos.


Esto no se trata de volver a trazar el mapa de forma imprudente. Se trata de admitir que el mapa ya cambió mientras que el papelerío permaneció congelado. El Cuerno de Africa, la Península Arábiga, el Levante. Estas regiones son inestables no porque hay demasiados estados, sino porque hay muy pocos reales.


El reconocimiento de Somalilandia por parate de Israel es un tiro de advertencia, y una invitación callada. Construyan algo real, y podrían ser tratados como reales. Elijan gobernancia por sobre agravios y podrían obtener soberanía en lugar de simpatía.


Ese es el Uno al revés. No el desafío por sí mismo. Sólo las reglas, aplicadas al fin.


Guy Goldstein es un estratega, asesor, autor y productor. Es CEO de Revenue Path, una consultora que ayuda a los líderes a diseñar las estrategias y procesos que generan crecimiento.


Supporters of the Southern Transitional Council (STC), a coalition of separatist groups seeking to restore the state of South Yemen, hold South Yemen flags during a rally, in Aden, Yemen, Dec. 25, 2025. Arabic reads, 'announcement of South Arab state'

Partidarios del Consejo de Transición Sureño, una coalición de grupos separatistas para restaurar el estado de Yemen del sur, sostienen banderas durante una concentración en Adén, Yemen, Dic. 25, 2025. (Photo: AP Photo)


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