jueves, 1 de enero de 2026

DEL WSJ

 EL REGALO DE LA ESPERANZA DE ISRAEL

El estado judío es una reprimenda a la idea que más personas significan más pobreza.

Por William McGurn


El domingo a la noche los judíos celebraron el inicio de Januca, la que conmemora la victoria de los israelitas en el año 167 A.C. sobre los seléucidas y su esfuerzo por imponer su identidad griega sobre el pueblo de Israel. Hoy los israelíes tienen una victoria precisamente igual de consecuencial—y no me refiero a la reciente en el campo de batalla. Esta otra victoria israelí encierra esperanza no sólo para los israelíes, sino para el mundo.
Los años tras la Segunda Guerra Mundial vieron lo que podría ser llamada una epidemia de vida. En casi todos los indicadores—longevidad, producción de alimento, salud, educación—la humanidad prosperó. Las próximas generaciones se preguntarán por qué las élites occidentales, en lugar de maravillarse de cómo la vida se estaba volviendo mejor, mirabal el futuro y veían sólo pesimismo. Instituciones abarcando desde el gobierno de Estados Unidos al Banco Mundial abrazaron tal pesimismo con gusto. Ellos exportaron al mundo la idea nociva que los países pobres eran pobres porque tenían demasiados bebés.
Frente a la desolación, un economista y profesor de negocios de la Universidad de Maryland dio un paso al frente para ofrecer esperanza. Su nombre era Julian Simon. Su idea simple—que los seres humanos comunes son “el recurso supremo”—desafió la noción malthusiana que el crecimiento de la población lleva a escaseces y, finalmente, hambruna.
Simon, quien murió en 1998, señaló que el defecto en ese pensamiento era mirar al crecimiento de la población y ver sólo más bocas que alimentar. El señaló que los seres humanos son mentes también, y que cuantas más mentes, más creativas las soluciones a los problemas de la vida.
Yo acababa de terminar la universidad hacía un año y estaba trabajando en el American Spectator cuando en 1982 Julian hizo una visita a nuestra oficina en Bloomington, Ind. El acababa de escribir “El Recurso Supremo.”
El había resumido su argumento en un artículo de opinión de 1980 para el Washington Post que citaba al economista Wilfred Beckerman respecto a la perversidad dominante: “En cuanto nace un ternero, el ingreso per cápita y la riqueza aumentan, pero al instante en que nace un niño, el ingreso per cápita y la riqueza bajan."
En nuestro propio día, el pesimismo por la sobrepoblación ha dado camino a preocupaciones muy reales que no nos estamos reemplazando. En este contexto, es difícil imaginar cuán comprometido con el control de población se había vuelto el Occidente—el colmo del imperialismo racista, ustedes podrían decir. Pero el guión ha cambiado.
Observen a China. Durante décadas las naciones pobres incluida China libraron la guerra contra sus tasas de nacimientos (a menudo a través de abusos horrorosos tales como la esterilización forzada y el aborto.) Hoy la población de China se está achicando, y Beijing desearía poder tener de regreso esos millones de bebés que nunca nacieron debido a sus propias políticas.
¿Y Julian? El vio venir todo.
Allá por 1985, cuando la ideología de 'la gente es una carga' estaba en ascenso, Julian predijo la próxima escasez de mano de obra en China. Aquí está.
¿Qué tiene que ver esto con Israel? Mucho. En muchas maneras, los israelíes han resuelto el problema de tasas de fertilidad por debajo del reemplazo. En el Medio Oriente y el mundo más amplio, Israel sobresale por su tasa de natalidad saludable.
La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico está conformada por 38 democracias con economías basadas en el mercado. A menudo es considerada un indicador del mundo desarrollado. Entre sus países miembros, el número de bebés nacidos de cada mujer promedia el 1.5.
¿La única nación de la OCDE por sobre la tasa de reemplazo del 2.1? Israel, cuya tasa de fertilidad total es de aproximadamente 2.9.
El éxito de Israel en hacer crecer su población es atribuido a menudo a la alta tasa de nacimientos de las comunidades judías ortodoxas del país. Pero otros países tienen comunidades religiosas como los judíos ortodoxos y todavía no han detenido la espiral descendente. La diferencia es que las mujeres judías laicas tienen una tasa de fertilidad más alta que sus homólogas en el resto del mundo.
En Israel hoy, podemos ver uno de los principios clave de Julian en funcionamiento. El crecimiento de la población, dijo él, incrementa el motor más importante del florecimiento y la prosperidad humana: el acervo mundial de conocimiento. Otro de sus principios clave es que "el problema del mundo no es demasiadas personas, sino la falta de libertad política y económica."
David Simon, uno de los hijos de Julian, dice que su padre habría pensado que el crecimiento de la población de Israel continuaría alimentando el fuerte crecimiento económico. El dice que Julian también habría enfatizado las reformas de libre mercado que presentó, empezando en el año 2003, el por entonces Ministro de Finanzas Benjamin Netanyahu.
“Más personas y más libertad, habría dicho mi padre, significan más esperanza—y harán que la luz de Israel para el mundo brille aun más."
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