El gobierno de Benjamin Netanyahu, envalentonado por la administración entrante de Donald Trump, se prepara para facilitar la salida de los gazatíes. Egipto, mientras tanto, se alista para contener el desbordamiento.
Durante más de dos años, la llamada “Opción Sinaí” —el desplazamiento masivo de palestinos de Gaza hacia territorio egipcio— ha sido un tema tabú en la diplomacia regional. Desde el presidente Abdel Fattah El-Sisi hasta el último guardia fronterizo, funcionarios egipcios han insistido en que esa posibilidad es una “línea roja” que equivaldría a una “liquidación de la causa palestina”.
Sin embargo, el Decreto Presidencial n.º 736 de 2025, publicado el 25 de diciembre en el Boletín Oficial, sugiere un cambio de rumbo. Bajo el pretexto de “desarrollo nacional”, Egipto asigna más de 6,2 millones de metros cuadrados de terrenos estatales en el norte del Sinaí a la Autoridad General de Tierras y Puertos Secos. Oficialmente, el objetivo es crear “zonas logísticas” para el comercio. En la práctica, el trazado del mapa apunta a algo más: la preparación de infraestructura para una población que podría llegar en masa.
La logística del desplazamiento
El decreto designa tres áreas clave: Rafah, El Hassana y Bagdad, todas en el norte del Sinaí. La ubicación no es casual. Rafah sería la zona de recepción inmediata para quienes crucen la frontera, mientras que El Hassana y Bagdad —en el centro del Sinaí, lejos del Delta del Nilo y del Canal de Suez— servirían como zonas de contención.
El plan, según fuentes militares y analistas, parece orientado a procesar a los refugiados en la frontera y trasladarlos rápidamente hacia áreas aisladas bajo control militar. El artículo 2 del decreto confirma que las Fuerzas Armadas conservarán la propiedad y autoridad sobre cualquier terreno designado con fines militares. En la práctica, se trata de ley marcial disfrazada de planificación urbana.
Mapa de la Península del Sinaí
El colapso de la “línea roja”
La promulgación del Decreto 736 coincide con crecientes presiones políticas y económicas. Con una economía en crisis, una moneda devaluada y vencimientos de deuda inminentes, El Cairo podría estar optando por una salida pragmática: aceptar lo que antes calificaba de inaceptable.
Una pesadilla de seguridad en ciernes
El nuevo esquema amenaza con erosionar el principio central de los Acuerdos de Camp David, que establecieron un Sinaí desmilitarizado y separado del conflicto palestino. Si las “zonas logísticas” se convierten en asentamientos permanentes para cientos de miles de gazatíes, el norte del Sinaí podría transformarse en un foco de inestabilidad.
Milicianos de Hamás podrían infiltrarse entre la población desplazada en una región que ya ha sufrido una década de insurgencia. La zona de Bagdad, en particular, podría convertirse en un nuevo centro operativo, a poca distancia de la frontera israelí pero protegida por la soberanía egipcia.
Mientras tanto, los aliados de Netanyahu, que promueven la “migración voluntaria” de los palestinos, verán en las obras egipcias no infraestructura comercial, sino la materialización de su visión estratégica.
El día después
Con el Decreto 736, la “Opción Sinaí” ha pasado del rumor diplomático a la realidad administrativa. Egipto ya está construyendo el escenario del “día después”: no un Estado palestino, sino un archipiélago securitizado de campamentos y puertos secos en pleno desierto, gestionado por el ejército y financiado por una comunidad internacional deseosa de mirar hacia otro lado.
Los muros, literal y metafóricamente, están cayendo.
La pregunta ya no es si los gazatíes serán desplazados al Sinaí, sino cuándo la fachada logística dará paso a las tiendas de campaña.
Un texto de Amine Ayoub publicado en Israel National News
Reproducción autorizada con la mención siguiente: ©EnlaceJudío

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