Cuando se toma una decisión tan grande como la de hacer Aliá, hay que pensar y repensar muchísimo.
Hay que priorizar muchas cosas y renunciar a muchísimas otras.
Cada historia es muy diferente, cada persona es un mundo en sí misma, incluso dentro de una misma familia las diferencias pueden ser grandes.
Pero hay algo que nos une a todos los que elegimos volver a empezar en este rincón del mundo, la esperanza y la sensación de estar en el lugar indicado, el sentir que volvimos a nuestra propia casa.
Con el tiempo, y ya disfrutando nuestra ciudadanía israelí, empiezan a aparecer las experiencias, las vivencias individuales.
Cada quien en su ocupación.
Luego del romance inicial con ésta hermosa tierra, empezamos a ver y vivir la vida con otros ojos. Había que asumir nuestras responsabilidades como ciudadanos y no solo disfrutar de nuestros derechos.
Comenzamos a convivir con las buenas y no tan buenas, aparecen más allá de la alfombra roja del comienzo, las piedras en el camino, las grandes, las medianas y las chiquitas.
El idioma, la adaptación, el trabajo, la distancia, el extrañar a los amigos, a la familia, la comida, etc etc.
Una a una, las fuimos sorteando.
Todavía quedan más piedras y también vamos a lograr sortearlas.
Cada piedra superada nos acerca un poco más a ese horizonte que vinimos a buscar, el futuro, el ansiado y esperado futuro promisorio.
Ese futuro con más y mejores oportunidades para quienes vienen detrás nuestro siguiendo nuestros pasos, pero también ellos generando su propio camino y sus propios pasos, y también superando día a día sus propias piedras, con energía y valentía en muchos casos.
Poco a poco, los resultados empiezan a aparecer.
Con emoción, con orgullo y también con las marcas de las caídas y los momentos de duda.
Esos raspones en los codos y rodillas que nos recuerdan aquellos días dificiles. El camino no fué ni será fácil. La subida empinada cansa pero la cima reconforta.
Esas mejillas que en algún momento fueron surcadas por lágrimas de frustración e impotencia empiezan a ser parte del pasado, del mejor pasado, ese que ayudó a forjar este presente y el futuro que asoma de a poco.
Todavía no se llegó a la cumbre pero se está en el camino correcto, el que conduce hasta ella.
Un camino que nos fue mostrando como las semillas iban floreciendo.
Hoy puedo decirte que sí, que se puede, que todavía falta un poquitito más para que la flor termine de abrirse y mirar al sol con toda su belleza.
Te miro a los ojos y es ese brillo que veo en ellos el que me lo confirma, si se puede.
Todo es posible con ganas y esfuerzo.
Que va a doler, si. Que te vas a golpear, también.
Pero vas a ver cómo todo a su tiempo florece.
La semilla inicial, es la flor que hoy comienza a brillar.
Vas a ver que el futuro que viniste a buscar es real.
Estoy orgulloso de esas semillas que empiezan a florecer.
Estoy orgulloso de ser parte de este país que, incluso en tiempos difíciles, nos regala momentos de felicidad que alguna vez parecieron inalcanzables.
Esto es parte de la Alia, es parte de vivir Israel y día a día, el solo hecho de estar aquí, nos confirma que es posible un futuro mejor y en nuestra propia casa.
La tierra prometida.
Esta tierra, la de los milagros, tiene ese que sé yo que nos pinta una sonrisa en el rostro, cuando menos lo esperamos.
Que Ds nos dé suficiente vida para seguir disfrutando emociones.
Que Ds nos bendiga y nos proteja a todos.
AM ISRAEL JAI 


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