Israel abre su pabellón en la Bienal de Venecia pese a protestas y tensión política
El pabellón de Israel en la Bienal de Venecia 2026 abrió finalmente sus puertas al público en medio de fuertes protestas políticas, manifestaciones pro palestinas y debates sobre el rol del arte en tiempos de conflicto internacional.
La instalación “Rose of Nothingness”, "Rosa de la Nada", creada por el artista israelí Belu-Simion Fainaru, incorpora símbolos del misticismo judío y elementos vinculados a la identidad espiritual de Israel.
La participación israelí en la Bienal de Venecia había quedado envuelta en una intensa controversia luego de que grupos activistas exigieran excluir al país del evento cultural por la guerra en Gaza. Incluso parte del jurado presentó su renuncia antes de la inauguración oficial, aumentando la tensión alrededor de una de las exposiciones artísticas más importantes del mundo.
A pesar de las protestas, el artista aseguró que el pabellón recibió una gran cantidad de visitantes desde su apertura y destacó que el público se mostró interesado principalmente en la obra artística y no en las disputas políticas.
El pabellón de Israel en la Bienal de Venecia apuesta al simbolismo judío
La instalación presentada por Belu-Simion Fainaru combina agua, tuberías de riego, cerraduras grabadas y mezuzot tradicionales judías dentro del histórico complejo Arsenale de Venecia.
Uno de los elementos centrales de la obra son los tubos de irrigación que dejan caer agua en ciclos de 42 segundos sobre una pileta central. Según explicó el artista, el número representa conceptos relacionados con las fuerzas creativas divinas dentro de la mística judía.
El sistema utilizado está inspirado en la tecnología agrícola desarrollada por la empresa israelí Netafim, reconocida mundialmente por sus innovaciones en irrigación para zonas áridas y desérticas.
La obra también incluye candados grabados con mensajes como “Ama a tu prójimo como a ti mismo” y “Todo va a estar bien”, buscando transmitir ideas de convivencia, espiritualidad y esperanza.
Otro detalle que llamó la atención de los visitantes fue la colocación de mezuzot en distintas puertas del pabellón.
Las mezuzot contienen pergaminos con versos bíblicos hebreos y forman parte de una antigua tradición judía presente en hogares y espacios comunitarios.
Fainaru contó que algunos asistentes se sorprendieron al encontrar estos símbolos religiosos en una exposición contemporánea y que incluso visitantes judíos besaron las mezuzot, siguiendo la costumbre tradicional.
El artista israelí aseguró además que varios participantes internacionales de la Bienal se acercaron al pabellón para expresarle apoyo y compartir conversaciones sobre identidad judía y arte contemporáneo.
La apertura del pabellón israelí ocurrió pocos días después de una gran protesta organizada por grupos pro palestinos en Venecia.
Cerca de 2.000 manifestantes marcharon hacia el área del Arsenale e intentaron acercarse al espacio israelí, generándose algunos enfrentamientos menores con la policía italiana.
La organización resolvió que los premios principales de la edición 2026 serán definidos directamente por el voto del público visitante.
Belu-Simion Fainaru, sostuvo que dentro del ámbito artístico recibió muestras de apoyo de funcionarios italianos, artistas internacionales y visitantes de distintos países, incluidos ciudadanos iraníes y libaneses.
El artista afirmó que incluso algunos asistentes provenientes del Líbano lo invitaron a exponer en Beirut, destacando el potencial del arte como espacio de diálogo más allá de los conflictos geopolíticos.
Fainaru, nacido en Rumania y radicado en Israel, ya había participado anteriormente en otras bienales internacionales y es reconocido por su trabajo vinculado a la identidad, la memoria y la espiritualidad.
Además de ser ganador del Premio Israel, se desempeña como profesor de arquitectura en la Universidad de Haifa.
Según informes de Reuters, la Bienal de Venecia, fundada en 1895, es considerada una de las plataformas artísticas más influyentes del mundo y suele reunir a cientos de miles de visitantes durante sus siete meses de duración.
El caso del pabellón israelí volvió a poner en evidencia como las tensiones internacionales atraviesan actualmente los grandes eventos culturales globales. Para Fainaru, el desafío consiste en preservar el arte como un espacio de libertad creativa y encuentro humano.
“Vine como artista, no como político”, afirmó el creador israelí, quien insistió en que el objetivo de su instalación es conectar a las personas a través de símbolos universales y experiencias emocionales compartidas.
Imagen hecha con A.I.
Aurora Israel
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