Declaraciones de Victor Fadlun, presidente de la Comunidad Judía de Roma, en vísperas de las conmemoraciones del 16 de octubre de 1943.
16 DE OCTUBRE – FADLUN: «LA ANPI NO DEBERÍA PARTICIPAR EN NUESTRAS CONMEMORACIONES. NO PODEMOS ACEPTAR ESTO POR PARTE DE QUIENES INTENTARON EXCLUIR LAS BANDERAS DE LA BRIGADA JUDÍA Y DE ISRAEL».
«El 16 de octubre es el día más doloroso en la historia de los judíos de Roma: el día en que 1022 personas fueron arrancadas de sus hogares por los nazi-fascistas, arrastradas a la fuerza y deportadas en tren a campos de exterminio. Solo regresaron dieciséis, y ni un solo niño. Detrás de esas cifras hay familias destrozadas para siempre, hogares que quedaron vacíos, seres queridos borrados; un dolor que atraviesa generaciones y que pertenece, ante todo, a las familias de las víctimas. Como Comunidad Judía de Roma, tenemos el deber de respetar y proteger este dolor.
El 16 de octubre no debe convertirse en una fuente de nuevas divisiones. Por esta razón, pedimos a la ANPI que no participe en nuestras conmemoraciones. Aquellos que se opusieron a la presencia de las banderas de Israel y de la Brigada Judía durante las marchas del 25 de abril [Día de la Liberación]; aquellos que no defendieron —sin ambigüedades— el derecho de los judíos y de todos los italianos a honrar la contribución de la Brigada Judía a la Liberación; y aquellos que, en plazas públicas, mostraron complacencia ante la violencia propalestina, no pueden pretender ahora unirse a nosotros el 16 de octubre como si nada de esto importara, o como si no hubiera dejado huella en nuestra comunidad; una comunidad que, desde el 7 de octubre, viene sufriendo un terrible resurgimiento del antisemitismo. En Milán, llegamos incluso al absurdo de ver cómo se cuestionaba a la Brigada Judía, y de escuchar al presidente nacional...» ...que la ANPI considere inapropiada la presencia de banderas israelíes —llegando incluso a calificarlas de «vergüenza»—, en lugar de dirigir su indignación hacia quienes intentaron impedir que los judíos participaran en la marcha, resulta profundamente hiriente. Resulta aún más grave por provenir de una organización que debería salvaguardar los valores de la Resistencia y la lucha contra el fascismo y el antisemitismo.
No tenemos intención alguna de convertir la memoria de nuestros seres queridos en una controversia política. Sin embargo, precisamente por esta razón, debemos mantenernos firmes: no podemos permitir que el duelo de las familias de los deportados —un dolor que permanece vivo e imborrable, especialmente en estos momentos— se vea perturbado por la presencia de personas que han adoptado posturas que consideramos incompatibles con el respeto debido a nuestra historia. La ANPI debería reflexionar sobre sus propias responsabilidades y demostrar la sensibilidad —por no decir el sentido de la decencia— necesaria para dar un paso al costado.
El 16 de octubre forma parte de la memoria colectiva de Roma, pero pertenece, ante todo, a quienes aún conservan el nombre, el rostro y el vacío dejado por alguien que nunca regresó. No pudimos traer de vuelta a casa a quienes perecieron; sin embargo, podemos defender —y defenderemos— la dignidad de su memoria. En este aspecto, no daremos ni un solo paso atrá

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