EL CAOS ES SU NEGOCIO. EL ODIO, SU ARGUMENTO.
¿Cómo se puede hablar de paz cuando del otro lado Hamas sigue apostando al terrorismo y la Autoridad Palestina no demuestra tener la fuerza ni la legitimidad necesarias para garantizar un acuerdo duradero?
¿Y cómo se puede razonar con un judeófobo que ya decidió que Israel es culpable de absolutamente todo?
El problema no es la falta de argumentos. Es que hay quienes no quieren escucharlos.
Porque para Hamas, y para quienes justifican sus atrocidades, el caos es un negocio extraordinario: cuanto más sufrimiento, más imágenes, más indignación internacional y más oportunidades de señalar a Israel como único culpable.
Y ahí aparece nuestra querida IZMIERDA, esa que se llena la boca hablando de derechos humanos, pero parece quedarse sin voz cuando las víctimas no encajan en su libreto ideológico.
Compran el relato completo. Sin leer la letra chica. ¡Y encima se creen intelectualmente superiores!
Yo no escribo para convencer a judeófobos. Sería como intentar enseñarle física cuántica a una piedra.
Escribo para quienes todavía conservan la capacidad de pensar, cuestionar y sacar sus propias conclusiones.
Y lo más divertido es lo que sucede después.
Yo publico. Ellos se sacan.
Sus argumentos son siempre los mismos: «jabón», «genocida», «jázaros», «vos no sos semita», «vos no sos judío», «volvete a Europa», «supremacistas»...
¡Un verdadero congreso de intelectuales!
Yo no necesito desenmascararlos. Se les cae la careta solita cada vez que abren la boca.
Y mientras tanto, ciertos sectores de la izquierda radical siguen haciendo de voceros gratuitos de organizaciones islamistas que desprecian muchos de los valores progresistas que ellos dicen defender.
Defienden la libertad mientras justifican a quienes la reprimen. Hablan de igualdad mientras disculpan a quienes persiguen a las mujeres y a las minorías sexuales. Gritan por la paz mientras encuentran excusas para el terrorismo.
¡Una coherencia admirable!
Yo sí creo que algún día debe haber paz entre israelíes y palestinos. Pero esa paz necesita interlocutores que quieran construirla, no dirigentes que hagan del conflicto su razón de existir.
Y termino con algo muy sencillo:
No escribo para que los fanáticos cambien de opinión. Escribo para que quienes todavía piensan no terminen convertidos en fanáticos.
Porque hay algo que los judeófobos todavía no entendieron:
Cada vez que me insultan en lugar de argumentar, no me están refutando. Me están dando la razón sobre su intolerancia.
Yo pongo las ideas. Ellos ponen los insultos. Y la careta... se la sacan solos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.