El líder supremo de Irán, Ali Khamenei, el líder con más años en el cargo en Medio Oriente, enfrenta una elección existencial si quiere preservar su gobierno y la teocracia que ha gobernado Irán durante cerca de 50 años.
Khamenei ha resistido décadas de inmensa presión extranjera sobre la economía de Irán y numerosos levantamientos públicos, mientras insiste en el derecho de Irán a enriquecer uranio y construir misiles avanzados.
Ahora, incluso si sus fuerzas de seguridad se las arreglan para aplastar la última ola de protestas, a él se le está agotando el espacio para la maniobra política.
Sin compromiso, el líder iraní enfrenta “un futuro con protestas nacionales inevitables y la posibilidad profunda de cambio de régimen, ya sea debido al malestar popular o a través de la acción externa,” dijo Norman Roule, un ex alto funcionario de inteligencia de Estados Unidos con experiencia en Irán. “Es como un resorte que se tensa más con cada acontecimiento que se encienyatode.”
Las recientes protestas, que estallaron a fin de diciembre, han presentado una de las amenazas más serias a la fecha para el gobierno de casi cinco décadas de la República Islámica. Aunque una represión brutal que mató a miles ha proyectado una sombra sobre las ciudades de Irán, los analistas dicen que el la agitación estallará nuevamente de forma inevitable.
Irán puede sólo arreglar los problemas económicos que sustentan el enojo del público si obtiene alivio de las sanciones internacionales. Eso requeriría que Khamenei se comprometa, en particular, en el programa nuclear de Irán. Durante décadas, él ha insistido en que Irán tiene un derecho a desarrollarlo para propósitos civiles. El Presidente Trump ha exigido que Irán renuncie por completo al enriquecimiento nuclear.
Roule dijo que el régimen tendrá no sólo que hacer concesiones respecto al enriquecimiento nuclear, sino también respecto a su programa de misiles y poner fin a la misión del ala extranjera del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que dirige su red de aliados militantes.
“La brecha entre la población y el estado se ha vuelto inzanjable sin grandes compromisos," dijo Peyman Jafari, un experto en movimientos sociales iraníes en The College of William & Mary in Williamsburg, Va. “No puedo ver como puede sobrevivir la vieja guardia sin grandes cambios.”
La decisión que enfrenta ahora el líder de Irán reitera una similar que fue enfrentada por su predecesor, el Ayatola Ruhollah Khomeini, fundador de la República Islámica de Irán. El una vez describió la perspectiva de un cese del fuego humillante con Irak como tomar de una copa envenenada. Pero, el fundador de la República Islámica de Irán tuvo pocas opciones aparte de detener el combate en 1988 tras ocho años de guerra brutal.
Tras el compromiso histórico y muerte consiguiente de Khomeini, Irán entró a la década de 1990 bajo Khamenei alentado por el crecimiento económico, reconstrucción de posguerra y la construcción de un estado de bienestar con altos niveles de educación y salud.
La primera gran revuelta contra el liderazgo islámico ocurrió en 1999, cuando los estudiantes protestando por el cierre de un diario reformista fueron reprimidos violentamente. En el 2009, hasta tres millones de personas protestaron una elección discutida en lo que se volvió conocido como el Movimiento Verde.
Desde entonces, las protestas han estallado regularmente. Cada vez, las autoridades iraníes las han enfrentado con violencia rápida y letal. Al menos 2,600 personas han sido asesinadas en la última represión, de acuerdo con Human Rights Activists in Iran, la cuenta más alta de muertos de cualquier agitación durante el mandato de Khamenei.
El gobierno raramente responde a las protestas haciendo cambios políticos. Pero después de las protestas nacionales en el 2022 luego del asesinato policial de una joven mujer acusada de llevar de forma impropia su pañuelo para la cabeza, las autoridades iraníes han hecho frecuentemente la vista gorda ante las violaciones del código de vestimenta en Teherán. El gobierno ha aflojado otras restricciones sociales también, permitiendo música en vivo y bailes en la capital.
Tales medidas no abordan las quejas fundamentales de los iraníes y enmascaran la realidad que Khamenei ha quedado fuera de contacto con la nación.
“Ningún régimen tiene los recursos para combatir a la sociedad, cuyos valores han cambiado desde 1979,” dijo Ali Alfoneh, experto en temas de Irán del Arab Gulf States Institute, una think tank en Washington. Cuando fue fundada la República Islámica, una de cada cuatro mujeres iraníes podía leer y escribir. Ahora las mujeres están universalmente alfabetizadas y conforman una mayoría de los estudiantes universitarios.
“Esta es la tragedia de los regímenes modernizantes no democráticos,” dijo Alfoneh. “Ellos cambian a la sociedad a través de la educación, pero no logran adaptarse al cambio de la sociedad.”
El empeoramiento de la economía de Irán está impulsando las protestas, tras ser presionada durante años por las sanciones internacionales dirigidas a torcer las actividades nucleares de Teherán. Privado de moneda extranjera, comercio e inversión extranjeros, el gobierno es incapaz de controlar la inflación y detener la depreciación de la moneda, el rial.
A finales del año pasado, la economía entró en picada, poniendo presión sobre los iraníes comunes en formas que finalmente causaron que las tensiones exploten.
La moneda entró en una espiral descendente. Un intento de limpiar la corrupción aboliendo una tasa de cambio fuertemente subsidiada, disponible para importadores de alimentos e importaciones médicas, causó indignación entre los comerciantes. Un sistema bancario apuntalado con dinero impreso exacerbó la inflación y empezó a desmoronarse. La presentación de una entrega de us$7 mensuales atrajo sólo burlas.
La capital sufre bajo una crisis de agua tan dura que el presidente iraní Masoud Pezeshkian en noviembre dijo que podría tener que ser evacuada. Una de las naciones más ricas en petróleo sobre la Tierra, Irán ya no puede mantener las luces encendidas para sus ciudadanos 24 horas al día. En las tardes, la energía baja repentinamente a la mitad, incluso en las rutas de las ciudades más concurridas.
Pezeshkian parece haber bajado los brazos.
“Si alguien puede hacer algo, que lo haga," dijo el presidente ante una reunión de estudiantes y académicos a principios de diciembre. "Yo no puedo hacer nada. No me maldigan."
La dificultad económica se ha agravado en el peor momento posible para Khamenei. El infortunio se ha apilado sobre el líder supremo desde el 7 de octubre del 2023, el ataque de Hamas contra Israel. En una serie de guerras que siguieron, Israel bombardeó a Hamas, a Hezbola y al propio Irán, atacando el país directamente por primera vez en la historia. A fin del 2024, otro aliado iraní clave, el presidente sirio Bashar al-Assad, cayó ante una rebelión islámica.
El verano pasado, un Israel envalentonado lanzó un ataque devastador contra las plantas nucleares y sitios de misiles iraníes, incluidas zonas residenciales de la capital mientras atacaba a los principales oficiales militares y científicos nucleares. Hacia el final de la guerra de 12 días, los bombarderos B-2 estadounidenses atacaron plantas nucleares iraníes cruciales con bombas masivas.
Incluso los iraníes opuestos al liderazgo habían asumido hace largo tiempo que las milicias actuaban como una garantía contra la intervención extranjera—que Irán no podía ser atacado como Irak o caer en la guerra civil como Siria. Los ataques israelíes y estadounidenses—sin perder un solo avión—destrozaron esa ilusión, dando a los iraníes comunes menos razones para respaldar a sus líderes.
El primer líder de la República Islámica, Khomenei, murió a los 86 años de edad, menos de un año después de comprometerse a salvar su gobierno. Khamenei cumple 87 en abril.
Aunque él está envejeciendo, reemplazar al líder supremo no es simple. El no es un burócrata que puede simplemente er intercambiado por otro. Una figura religiosa, él reivindica un estatus estilo papal como el jefe de millones de musulmanes chiíes en todo el mundo. La República Islámica justifica su existencia a través de su autoridad personal, y Khamenei a lo largo de décadas ha eliminado a cualquier clérigo que pudiera rivalizar con él por la posición.
Pero, el estamento alrededor de Khamenei se está preparando para un futuro después de él. A pesar de su posición religiosa, Khamenei se ha vuelto cada vez más políticamente dispensable, dicen los analistas. El pasó la guerra de los 12 días con Israel en un búnker seguro, dejando a los funcionarios políticos y militares hablar a la nación. La Guardia Revolucionaria, fundada para proteger a la República Islámica contra sus enemigos, es la fuerza política y económica más fuerte del país.
Si Khamenei no está dispuesto a comprometerse para salvar al sistema, los leales de línea dura de la República Islámica podrían tomar acciones ya sea para usurpar o marginalizarlo, dijo Alex Vatanka, miembro principal del Middle East Institute en Washington.
“Tenemos que asumir que una mayoría de la gente del régimen quiere vivir después que Khamenei se haya ido,” dijo él. “El sistema está quebrado, y la alternativa para el gran cambio en la cima es la violencia masiva, la posible guerra civil y la división de Irán.”
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