jueves, 4 de junio de 2026

Del New York Post

 Del New York Post:

El abismo moral progresista que provocó la muerte de Henry Nowak

Henry Nowak, 18, was walking home from a night out when he was stabbed by Vickrum Digwa in June 2026.Henry Nowak, de 18 años de edad, estaba caminando a casa después de una salida nocturna cuando fue apuñalado por Vickrum Digwa en junio del 2026. Hampshire Police

Así que este es el abismo moral al que nos ha arrastrado el progresismo.

Una sociedad donde un muchacho adolescente moribundo puede ser esposado duramente por los policías porque alguien lo acusó de ser racista.

Una distopía infernal donde lo último que un muchacho escucha mientras exhala su último aliento es a un oficial de policía políticamente correcto leyéndole sus derechos.

Un mundo de pesadilla donde ni siquiera la víctima de un feroz acuchillamiento puede escapar a la sospecha altanera de los matones estatales entrenados en el DEI.

La muerte cruel, y solitaria de Henry Nowak ha causado una tormenta aquí en el Reino Unido. 

Debería darles escalofríos a ustedes también — porque proporciona una visión escalofriante de la barbarie del progresismo.

Para ver adonde puede llevar la adopción estatal de la teoría crítica de la raza, no miren más lejos de los horrores infligidos al pobre Henry.

El tenía 18 años de edad, estaba en su primer año en la Universidad de Southampton sobre la costa sur de Inglaterra.

El 3 de diciembre del 2025, él estaba caminando a casa después de una salida nocturna con compañeros cuando se cruzó con Vickrum Digwa, un hombre sij de 23 años de edad.

Tuvo lugar algún tipo de altercado — luego un acto de salvajismo puro.

Digwa sacó un cuchillo de 8 pulgadas.

El acuchilló a Henry cinco veces, en sus piernas, su pecho y su rostro.

Henry intentó escapar, pero la pérdida de sangre lo dejó demasiado débil.

El colapsó en la entrada de la cochera de un extraño.

Digwa lo persiguió, y lo burló, y lo filmó en su teléfono. 

Fue como un linchamiento.

Pero con todo lo repugnante que fue este ataque, es lo que sucedió luego lo que dejá conmocionada a Gran Bretaña.

Cuando llegó la policía, Digwa les dijo una mentira malvada: que Henry lo había insultado racialmente.

Y los policías la creyeron.

Ellos creyeron al hombre que estaba de pie, y no creyeron al muchacho retorcido de terror y agonía en el suelo.

Lo que ellos hicieron luego desafía toda lógica y humanidad: Ellos arrastraron al muchacho fatalmente herido a través de la grava áspera de la entrada del garaje.

Ellos le sujetaron las manos tras la espalda para esposarlo.

Y todo el tiempo Henry estuvo gritando: “¡He sido apuñalado!”

El lo dijo cuatro veces.

El dijo nueve veces “No puedo respirar,” mientras su pulmón perforado se llenaba de sangre.

Sin embargo, los policías siguieron adelante.

Le leyeron sus derechos. Lo arrestaron.

Henry perdió la consciencia y murió.

Es difícil pensar en una muerte tan espantosa e inmisericorde como esta.
Un chico ahogándose en su propia sangre en la oscuridad de una noche invernal, y lo último que escucha es una calumnia burlona de su asesino y el procedimiento policial monótono.

Las imágenes de las cámaras corporales de los momentos de la muerte de Henry son extremadamente desgarradores.

Su publicación el lunes encendió una tormenta de furia a lo largo del Reino Unido.

Pero sería un error ver la muerte de Henry como una falla de oficiales individuales.

No, este horror habla de una podredumbre moral más profunda: Revela el efecto corrosivo que ha tenido la ideología del progresismo en las instituciones de nuestra sociedad.

La razón por la que los policías creyeron al monstruo que llevaba un cuchillo y descartaron a su víctima moribunda es simple: El asesino era un hombre de piel amarronada, y su vícima era un hombre de piel blanca.

La teoría crítica de la raza está muy extendida en las fuerzas policiales de Gran Bretaña.
En virtud de la guía oficial, los policías deben creer toda acusación de un "crimen de odio."

Están entrenados para estar siempre alerta ante el racismo.

De hecho, la Policía de Hampshire, que cubre Southampton, se jacta de su devoción a la misión santa del estado progresista de perseguir el "odio."

Su “plan de acción racial” rebosa con la clase de discursos racistas que ustedes escuchan en todo campus de las universidades de élite.

Describe la muerte en Minnesota de George Floyd en el 2020 como un “momento crucial” para la policía británica también.
Esa tragedia, dice, obligó a la fuerza, a ser “anti-racista” en todas las acciones policiales.

La ironía es evidente: Esta fuerza afirma haber "aprendido las lecciones" de la muerte de un hombre negro que gritaba "No puedo respirar" — sin embargo, apenas seis años más tarde sus oficiales están maltratando horriblemente a un muchacho blanco que suplicaba lo mismo.

Es precisamente su adopción de la manía de Las Vidas Negras Importan posterior a Floyd la que llevó a estos policías a maltratar groseramente al joven Henry.
Habiendo interiorizado el guión infantil que proyecta a los blancos como los opresores y a los no blancos como los oprimidos, ellos estaban predispuestos a creer a Digwa y a dudar de Henry.

Para ellos, él era sólo un hombre blanco, ¿y qué podía ser peor que eso?

Digwa fue finalmente llevado ante la justicia esta semana, sentenciado a cadena perpetua sin ninguna posibilidad de libertad bajo palabra por 21 años.

Sin embargo, el daño societario sigue siendo inmenso.

El Primer Ministro Keir Starmer y prácticamente nuestro establishment político entero se arrodillaron por el delincuente de carrera Floyd. 

Ellos no han hecho tal cosa por el amable y reflexivo Henry Nowak.

Y ahí está: el "virtuoso" prejuicio racial obsceno de las élites progresistas.

Brendan O’Neill es redactor político principal para la revista online británica Spiked.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.