lunes, 5 de octubre de 2020

 

Revista de Prensa

 

Emiratos, rumbo a la centralidad – Los vulnerables nuevos amigos de Israel – Los Acuerdos de Abraham son más importantes de lo que se cree

 

 

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Moran Zaga, de la Universidad de Haifa, saluda los avances que está experimentando Emiratos y los atribuye a su gran manejo del poder tanto en su modalidad blanda como en la dura.

La política exterior de Emiratos Árabes Unidos (EAU) es una de las más enérgicas y proactivas del mundo. ¿Cómo ha conseguido un Estado que boicotea a su vecino Qatar desde hace tres años, que está inmerso en la acerba guerra civil del Yemen y que combate en Libia convertirse en un símbolo de paz en Oriente Medio? La respuesta radica en las aspiraciones emiratíes al liderazgo regional y, en contraste con el desempeño de sus vecinos del Golfo, en su destreza a la hora de lograr sus objetivos. 

[…]

Los Emiratos surgieron hace medio siglo de una serie de coaliciones de tribus residentes en una inhóspita región desértica. Su desarrollo evoca de alguna manera los logros meteóricos conseguidos por el joven Israel en ciencia y tecnología, cultura, seguridad regional, industria aeroespacial, así como en la creación de influyentes grupos políticos de presión en centros neurálgicos de poder. Rankings internacionales como el Índice de Fragilidad Estatal sitúan a Emiratos como el país más estable de Oriente Medio.

Emiratos sigue avanzando rápidamente, con su escasa burocracia, toneladas de ambición y grandes capacidades. Su acuerdo con Israel es otro paso adelante en su desplazamiento desde los márgenes de la Península Arábiga al centro de Oriente Medio.

Martin Kramer, del Washington Institute for Near East Policy, sostiene que los Acuerdos de Abraham han sido posibles por la fortaleza de la que ha conseguido dotarse Israel y por la fragilidad de la posición de los gobernantes de Emiratos y Baréin, que han decidido confiar su seguridad y su estabilidad a su enemigo de ayer mismo.

A diferencia de lo que sucedió con aquellos que fueron derrocados durante la Primavera Árabe, los gobernantes [de las monarquías del Golfo] son perfectamente conscientes de su vulnerabilidad, y han perfeccionado unas estrategias de supervivencia que funcionan extraordinariamente.

Lo más importante es el aseguramiento del apoyo de Occidente, especialmente el de EEUU. […] Es aquí donde encaja la normalización con Israel. […] Unas relaciones plenas con Israel colocan a Emiratos y Baréin en una nueva categoría: de “países árabes amigos que nos venden petróleo” pasan a ser “los mejores amigos árabes de nuestro mejor amigo, Israel”.

[…]

Es un ‘upgrade’ que se torna crucial en tiempos de retraimiento norteamericano. Es asimismo un ‘ábrete Sésamo’ para unos acuerdos sobre armamento mejores y de más entidad, y un ‘detente’ contra potenciales agresores, entre los que descuella Irán.

Israel ha conseguido este hito gracias a su fortaleza. Los países del Golfo han llegado al mismo sitio porque son vulnerables. Israel busca convertir su poderío en reconocimiento y los países del Golfo, convertir su reconocimiento en poderío.

Orde Kittrie, de la Foundation for Defense of Democracies (FDD), ensalza el carácter rompedor de los acuerdos suscritos por Israel con Baréin y, sobre todo, Emiratos y vaticina un futuro promisorio para la región si sigue la senda marcada por los mismos.

El golpe de timón de Emiratos facilitará la paz entre Israel y los palestinos al mostrar que los países árabes y sus ciudadanías obtienen más provecho de asociarse con Israel que de pretender aislarlo o desmantelarlo. Además, al poner de manifiesto la pérdida de respaldo de la Liga Árabe a las posiciones maximalistas, con suerte el tratado [de normalización entre Emiratos e Israel] alentará a los palestinos a calibrar sus demandas y a aceptar una solución de compromiso de dos Estados como las que rechazaron con el Plan Olmert (2008) y el Plan Clinton (2000).

[…]

(…) ojalá el viraje de Emiratos, así como el de Baréin, provoque una muy esperada revolución pacífica en las relaciones entre Israel y el (…) mundo árabe, palestinos incluidos. La región en su conjunto saldría ganando si siguiera la senda emiratí y condujera las relaciones árabe-israelíes del conflicto improductivo a la cooperación fructífera.


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