La primera consideración que hay que hacer, a la hora de analizar la grave situación geopolítica que estamos viviendo, es que el principio de la navaja de Ockham, según el cual la explicación sencilla tiende a ser la correcta, resulta inservible. Al contrario, el único modo de arrojar algo de luz sobre todo lo que pasa es adentrarse en una enrevesada madeja de complejidad. Ninguna mirada maniquea, ni ninguna explicación simplista nos ayudará a entender cómo hemos llegado hasta el punto de hablar del botón nuclear. La invasión rusa de Ucrania ha dinamitado todos los parámetros que hasta ahora (y de forma precaria) sostenían el orden mundial, y de nada sirven las palabras bienintencionadas, ni los razonamientos sentimentales, ni los tópicos de todo a cien para llenar tertulias improvisadas. Lo que ha pasado viene de lejos y echa raíces en una larga cadena de circunstancias, decisiones y errores que han inflamado el polvorín hasta hacerlo explotar.

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