"EL PUEBLO JUDÍO MERECE CAMINAR ERGUIDO EN SU PROPIA TIERRA" MENAHEM BEGIN: En un rincón de Europa, Brest en Bielorusia, un lugar marcado por el frío y la injusticia, nació un niño con fuego en el alma: Menachem Begin. Desde pequeño, su padre le enseñó que ser judío no era una vergüenza, sino un orgullo. “El pueblo judío merece caminar erguido en su propia tierra”, le decía con los ojos brillando de fe. Años más tarde, esas palabras serían su norte.
Sufrió exilio, prisión y el dolor de perder a su familia en el Holocausto. Pero nunca perdió la esperanza. Llegó a la tierra de Israel con una sola convicción: liberar a su pueblo y cumplir el sueño milenario de un hogar seguro. En la clandestinidad, lideró al Irgún con determinación, y aunque muchos no lo comprendieron, él lo hizo por amor a su gente. “La libertad no se regala, se conquista”, repetía, mientras luchaba con palabras, ideas y valentía.
Contra todo pronóstico, llegó a ser Primer Ministro. Pero no fue el poder lo que lo definió, sino su capacidad de soñar en grande: soñó con un Israel fuerte, pero también justo; con soldados que defienden, pero también con niños que ríen en paz. En 1979, firmó la paz con Egipto. Entre lágrimas y esperanza, declaró: “Ninguna nación tiene derecho a decidir por otra si puede vivir o morir.”
Menachem Begin no fue un político más. Fue un hombre que, incluso en la oscuridad, eligió la luz. Su vida nos enseña que los sueños se construyen con dolor, coraje y fe. Y que, aún después de las peores tormentas, se puede levantar una nación donde florezca la dignidad.
Hoy, su legado nos susurra que nunca dejemos de avanzar. Porque donde hay esperanza, hay futuro.
Menájem Beguín fue un político israelí que obtuvo el cargo de sexto primer ministro de Israel en mayo de 1977. Negoció los Acuerdos de paz de Camp David con el presidente egipcio Anwar Al-Sadat, por los que recibieron conjuntamente el Premio Nobel de la Paz en 1978.

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