En la casa de los Gut en Kozienice, Polonia, las noches de invierno olían a sopa de remolacha y a cera de las velas con la que iluminaban sus reuniones alrededor de la mesa. Eran tiempos de fe, de rosarios al pie de la cama y de una convicción férrea: Dios observa siempre. Irene Gut, la mayor de cinco hermanas, creció en una familia católica, donde la bondad era un deber....

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