Vladimir Putin, el hombre que destrozó Rusia
El estancamiento con Ucrania no es la única falla que está agotando los recursos de Moscú.
Por Walter Russell Mead
Mayo 4, 2026
¿Será recordado Vladimir Putin como el hombre que destrozó Rusia?
Eso antes parecía impensable. Durante más de una década, el Sr. Putin superó en maniobra a una serie de líderes occidentales ineptos. El entendimiento penetrante y poco sentimiental de sus oponentes por parte del líder ruso le permitió infligir un revés humillante tras otro a un Occidente excesivamente confiado. Entre esas humillaciones estuvieron la invasión de Georgia en el 2008, la captura de Crimea y mucho del Donbas en el 2014, y el renacer del poder ruso en el Medio Oriente mientras el Presidente Obama se alejaba de su línea roja en Siria. La defensa del presidente de Bielorrusia, Alexander Lukashenko, contra un tsunami de protestas populares y el desplazamiento del poder francés a lo largo de mucho del antiguo imperio colonial de Francia en Africa también promovieron el objetivo del Sr. Putin de hacer a Rusia grande nuevamente.
Pero entonces, el amo del Kremlin cometió un error crucial. Ucrania no era un país real, razonó él. Su pueblo no era nacionalista. Su gobierno era una cáscara vacía.
Eso resultó ser errado. Una masa crítica de ucranianos estaba dispuesta a combatir y morir por el país que el Sr. Putin menoscabó de forma arrogante. Su líder, el Presidente Volodymyr Zelensky, resultó ser un político y diplomático dotado que mantuvo a su pueblo unido en casa mientras acumulaba pacientemente apoyo internacional.
El dios de la guerra es caprichoso, y las ofensivas de la primavera y el verano de Rusia podrían todavía empujar a Ucrania dentro de la crisis. Pero incluso si el ejército estancado del Sr. Putin recupera algún impulso, la guerra se ha hecho tan larga, costó tanto y debilitó los cimientos del poder ruso tan seriamente que cualquier victoria será pírrica. El resultado más probable, un estancamiento agonizante que continúa consumiendo la mano de obra y recursos económicos rusos, amenaza el control del poder del Sr. Putin y el futuro de la misma Rusia.
Aun cuando lucha en vano en Ucrania, el Sr. Putin ha sido forzado a observar la caída de la influencia rusa en Europa. La derrota de Viktor Orbán en Hungría privó a Rusia de su aliado europeo más cercano. El Sr. Putin puede ahora tener que observar impotente como los investigadores húngaros ayudan a sus colegas occidentales a rastrear los flujos de dinero negro ruso dentro de los círculos empresariales y políticos europeos. Mientras, los europeos, divididos como están y desorientados por la disputa transatlántica, han encontrado los medios financieros para mantener a Ucrania en la guerra y puede probablemente apuntalar a Ucrania por el futuro inmediato.
El Sr. Putin ha demostrado ser incapaz de frenar el declive de la influencia rusa a lo largo del resto del espacio post-soviético. Armenia y Azerbaiyán están cooperando activamente con el Occidente. Algunas repúblicas de Asia Central ahora tienen lazos económicos más estrechos con China que con Rusia. Ellos dan la bienvenida a la expansión de las rutas de oleoductos al Occidente que eluden a Rusia y están atrayendo inversiones de Turquía y la Unión Europea.
Más allá de la frontera, el intento una vez prometedor del Sr. Putin de reinsertar a Rusia dentro del Medio Oriente se ha estancado. El aliado de largo tiempo Bashar al-Assad cayó del poder. Rusia ha sido incapaz de ejercer influencia significativa sobre los acontecimientos militares o diplomáticos en el conflicto entre EE.UU. e Irán. La aventura africana de Rusia no está saliendo bien tampoco. Los reveses militares en Mali han debilitado el poder y prestigio rusos, empeorando las relaciones con los gobiernos africanos decepcionados que esperaban más ayuda contra los rebeldes yihadistas que las fuerzas sobrecargadas de Rusia pueden proporcionar.
Mientras tanto, la guerra en Ucrania está exacerbando el declive demográfico de Rusia. Cientos de miles de hombres en edad militar han resultado muertos en la guerra; cientos de miles más, incluidos muchos de los mejor educados de Rusia, huyeron del país para evitar ser arrojados en la picadora de carne. Aun cuando las poblaciones musulmanas minoritarias de Rusia crecen, la población rusa eslava parece destinada a continuar disminuyendo a un ritmo acelerado.
Estas tendencias no sólo significan problemas para el Sr. Putin. Ellas podrían desencadenar una crisis para la Federación Rusa tan seria como el colapso posterior a la disolución de la Unión Soviética. La economía de Rusia sigue estando entre las más débiles de las grandes y casi grandes potencias hoy. Al occidente limita con una Europa profunda y amargamente distanciada. Su disputaa frontera oriental enfrenta a una China depredatoria y ambiciosa. En casa, las inquietas minorías étnicas bullen de descontento. Si la ideología del renacimiento nacional ruso que ha promovido el Sr. Putin es vista fracasando estrepitosamente, sus sucesores pueden luchar para mantener unido lo que queda del imperio.
Bajo las circunstancias, los informes que el Sr. Putin está ajustando su seguridad y pasando más tiempo en búnkeres subterráneos parecen creíbles.
El presidente astuto de Rusia no debería ser descartado. Sin importar lo que uno piense de su moral, el Sr. Putin ha demostrado frecuentemente audacia inquietante y habilidad. Pero a menos que él pueda reunir la energía y creatividad para sacarse de esta difícil situación, puede ser recordado por la historia como el líder bajo cuyo mandato se perdió finalmente y fatalmente la posición de Rusia como una gran potencia seria.
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