La alianza 'cristiana' de Putin con el Talibán
Sus propagandistas e idiotas útiles lo han descripto como el salvador de un Occidente decadente y en declive.
Por Bernard-Henri Lévy
Junio 30, 2026
Vladimir Putin como el salvador de un Occidente decadente y en declive, el guardián de una cristiandad amenazada y asediada, un baluarte contra el islamismo radical avanzando en todos los frentes—durante los 12 años desde que empezó su bárbara guerra contra Ucrania este ha sido uno de los refranes favoritos de los ideólogos del Kremlin e idiotas útiles del Sr. Putin.
Ellos están tranquilos acerca de los gritos de “¡Allahu Akbar!” en el campo de batalla de la guardia pretoriana chechena de Ramzan Kadyrov, las tropas de choque del Kremlin, cuya reputación de ferocidad ví siendo forjada en Bakhmut, Soledar y Zaporizhzhia.
No los altera que el 26 de octubre del 2023 Moscú fuera la primera capital después de las atrocidades del 7 de octubre en recibir a una delegación de Hamas, liderada por Mousa Abu Marzouk y a la que se unió un representante del régimen iraní.
Tampoco parecen molestos por el proyecto de civilización eurasiática defendido por Alexander Dugin, uno de cuyos temas centrales es un nuevo eje islámico-ortodoxo destinado a reemplazar a la supuestamente moribunda alianza occidental, atlántica y judeo-cristiana.
Pero aquí hay un nuevo acontecimiento que espero abra los ojos de los que no desean ver:
y27 de mayo, Rusia y Afganistán firmaron un acuerdo de cooperación militar y de seguridad dirigido a fortalecer los lazos entre Moscú y el régimen talibán, el cual asumió el poder en agosto del 2021 después de la retirada estadounidense. Presentes en la ceremonia estuvieron el secretario del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, el ex Ministro de Defensa Sergei Shoigu, y Mohammad Yaqoub, el ministro de defensa talibán en ejercicio e hijo del mulah Omar, el hombre que dio refugio a Osama bin Laden.
Tan pronto como en el año 2021, el Sr. Putin llamó a la comunidad internacional a eliminar al Talibán de las listas de organizaciones terroristas. El año pasado Rusia se convirtió en el primer país en reconocer formalmente al nuevo régimen. Pero esto va más lejos.
Se nos dijo que el objetivo es “expandir,” “profundizar” y lograr una sociedad estratégica “pragmática” a largo plazo.
Zamir Kabulov, enviado especial de Moscú a Afganistán, ha dicho que Rusia reacondicionará los helicópteros de combate de este régimen de asesinos. Dará mantenimiento a sus vehículos blindados vetustos, la mayoría de origen soviético. Entrenará a los mulahs, a sus batallones de virtud y terror, y a una fuerza de élite de 8,000 hombres atareados en mantener bajo la bota del régimen a este país de jinetes, eruditos y poetas. Proporcionará capacidades de inteligencia a un régimen que nunca ha ocultado su hostilida obsesiva hacia los judíos y los "cruzados"—o sea, los cristianos.
En resumen, el Taliban mantendrá el orden junto a las fronteras sureñas de la Gran Rusia y librará—o fingirá librar—la guerra contra grupos rivales tales como la Provincia Khorasan del Estado Islámico; a su vez, los ex soviéticos se comprometen a preservar el control islámico en Kabul.
Pero el control islámico no es meramente una frase. El fortalecimiento de esta sociedad estratégica y pragmática con una Rusia a la que le gusta presentarse como una Tercera Roma tendrá consecuencias concretas.
Significará la persecución, por parte de los servicios de inteligencia recientemente profesionalizados, de los últimos tres periodistas libres. Significará la eliminación de los miembros restantes de las minorías sij, hindú y hazara chií. Significará que los últimos homosexuales, artistas, profesores y cristianos afganos que practican su fe en secreto serán perseguidos con mayor eficiencia.
Y luego están las niñas pequeñas, niñas adolescentes y mujeres, ya excluidas de universidades y escuelas secundarias, parques, jardines y otros espacios públicos, ya confinadas en esas prisiones de tela llamadas burqas; La ayuda "estratégica y pragmática" de la nación del Patriarca Kirill completará su eliminación del paisaje afgano.
Nada de esto me sorprende. Lo describí todo en mi libro del 2018, "El Imperio y los Cinco Reyes." Yo ví venir este acercamiento entre los autoproclamados defensores de los valores cristianos y los islamistas de Kabul.
¿Pero qué piensan los putinistas locales de Francia y EE.UU. de eso? ¿Qué tienen para decir los que, en artículos de opinión recientes en Francia, llamaron a un "despertar" y nos instaron a "renovar lazos" con una "Rusia eterna", y eterna "amiga de Francia"?
Esos artículos, esos llamados a la "desintensificación" y a la "paz." esas manos extendidas hacia un país que busca, en una forma cada vez más desembozada, nuestra destrucción y la de los valores occidentales, ya inspiró una inquietud profunda.
¿Pero qué queda de esta supuesta sabiduría, y cuál es el valor del argumento que Rusia protege los "valores cristianos," cuando se alía con las peores formas del islamismo? Sólo vergüenza, cinismo e infamia.
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