1951. La Operación ‘Esdras y Nehemías’ para sacar a los judíos de Irak
En 1951, familias enteras subieron a aviones en Bagdad sabiendo que el viaje tenía una condición absoluta: para irse de Irak debían dejar de ser iraquíes.
La fotografía pertenece a aquel éxodo.
Dentro del avión aparecen ancianos, mujeres y niños pertenecientes a una de las comunidades judías más antiguas del mundo.
Sus raíces en Mesopotamia se remontaban unos 2.600 años.
Mucho antes de que existiera Bagdad, comunidades judías ya vivían en aquellas tierras después del exilio babilónico.
Allí surgieron grandes centros religiosos y académicos y, siglos después, se desarrolló el Talmud de Babilonia, una de las obras fundamentales del judaísmo.
A comienzos del siglo XX, los judíos formaban una parte importante de la vida de Bagdad.
Habían comerciantes, médicos, funcionarios, profesores y familias cuyas historias podían rastrearse durante generaciones.
Entonces comenzó a romperse aquella continuidad.
En junio de 1941 ocurrió el Farhud.
Durante dos días, mientras el poder político iraquí atravesaba una crisis, grupos armados y multitudes atacaron los barrios judíos de Bagdad.
Casas y negocios fueron saqueados.
Mujeres fueron agredidas.
Al menos 179 judíos murieron.
Para una comunidad que llevaba siglos considerando a Irak su hogar, aquello abrió una herida que nunca terminó de cerrarse.
Después llegó 1948.
La creación de Israel y la guerra árabe-israelí hicieron todavía más vulnerable la posición de los judíos iraquíes.
Las autoridades comenzaron a relacionar cada vez más judaísmo y sionismo, aunque muchas de aquellas personas jamás hubieran estado en Palestina.
Funcionarios perdieron sus empleos.
Hubo detenciones.
Las restricciones económicas aumentaron.
Y en septiembre de 1948 ocurrió algo que estremeció especialmente a la comunidad.
Shafiq Ades, uno de los empresarios judíos más ricos e influyentes del país, fue acusado de traición y ejecutado públicamente en Basora.
Si un hombre con su posición podía terminar en la horca, pocas familias podían sentirse completamente seguras.
En marzo de 1950, el gobierno iraquí abrió una salida.
Los judíos podían emigrar legalmente, pero debían registrarse y renunciar a su ciudadanía.
Miles dudaron.
Irse significaba abandonar el país donde habían nacido ellos, sus padres y sus abuelos.
Pero quedarse significaba apostar por un futuro cada vez más incierto.
Finalmente, alrededor de 104.000 personas se registraron.
Entonces las condiciones cambiaron otra vez.
En marzo de 1951, Irak congeló los bienes de quienes habían renunciado a su nacionalidad.
Cuentas bancarias.
Propiedades.
Acciones.
Negocios.
Buena parte de lo que aquellas familias habían construido durante generaciones quedó fuera de su alcance.
Solo podían llevar consigo una cantidad limitada de pertenencias personales.
Comenzó entonces uno de los grandes puentes aéreos del siglo XX.
La operación recibió los nombres de ‘Esdras y Nehemías’, las figuras bíblicas asociadas al regreso de los judíos desde Babilonia a Jerusalén.
Esta vez la dirección histórica se invertía de una manera casi imposible de ignorar.
Los descendientes de una comunidad nacida del exilio babilónico abandonaban Babilonia.
Entre 1950 y 1951, casi 120.000 judíos salieron de Irak.
En cuestión de meses, una comunidad que había sobrevivido a imperios, conquistas y dinastías durante más de dos milenios quedó reducida a una pequeña fracción de lo que había sido.
Las personas de esta fotografía están dentro de uno de aquellos aviones.
Algunas parecen mirar directamente a la cámara.
Otras permanecen en silencio.
No podemos saber qué pensaba cada una mientras esperaba el despegue.
Pero sí sabemos algo que hace diferente aquella imagen de cualquier fotografía corriente de pasajeros.
Para muchos, subir al avión significaba abandonar el único país que habían conocido.
Y antes de despegar ya habían firmado que dejaba de ser suyo.
Fuente: Personalidades Judias de Todos los Tiempos vía Datos históricos
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