lunes, 30 de octubre de 2017

Contextos

Para qué se han 'reconciliado' Hamás y Fatah

Por Basam Tawil 

Bandera palestina
"La farsa de la reconciliación palestina no tiene que ver con la paz, ni mucho menos. Tiene que ver con seguir la lucha contra Israel y la 'empresa sionista', a saber, Israel y los judíos. En su acuerdo con Hamás, Abás se ha apuntado a la versión de la 'resistencia' violenta de Hamás contra Israel y los judíos. Ese es el verdadero significado del acuerdo entre Abás y Hamás"
Animada por el acuerdo de reconciliación alcanzado con el presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abás, Hamás ha anunciado que su propósito es unir a todos los palestinos en la lucha contra la “empresa sionista”. En otras palabras, Hamás ve el acuerdo como un medio para unir a los palestinos en torno a ella y lograr su viejo objetivo de destruir Israel.
Cuando Hamás habla de la “empresa sionista” se refiere a la fundación de Israel como patria del pueblo judío. Hamás no sólo se opone a la existencia de Israel en lo que la mayoría de los musulmanes perciben como propiedad musulmana; Hamás reitera, cada vez que tiene ocasión, su deseo de aniquilarlo.
Quienes piensen que el nuevo acuerdo de reconciliación tendrá un efecto moderador en Hamás están ciegos y sordos ante lo que la propia Hamás ha dicho antes y después del mismo. Hay que reconocerle a Hamás su claridad, sinceridad y coherencia en su objetivo de destruir Israel.
Horas después de que se firmara el acuerdo en El Cairo, Saleh Aruri, recién elegido vicepresidente del buró político de Hamás, declaró que el próximo paso de su movimiento iba a ser trabajar paraunir a todos los palestinos contra la “empresa sionista”.
Según Aruri –un architerrorista buscado por Israel por financiar y orquestar actos terroristas–, el objetivo de luchar contra Israel debería ser la prioridad número uno de todos los palestinos, especialmente tras el acuerdo de reconciliación de Hamás con Abás y la Autoridad Palestina. El bienestar de los palestinos de Gaza es lo último que tienen en mente Hamás y a su nueva socia, la AP.
Aruri, que se mueve constantemente entre varios países árabes islámicos, no vive en la Franja. De modo que no tiene que sufrir los cortes de luz, la falta de suministros médicos y el deficiente equipamiento de los hospitales con que tienen que lidiar a diario los palestinos de allí. ¿Por qué iba a importarle el sufrimiento de su pueblo, cuando puede permitirse alojarse en hoteles de cinco estrellas en el Líbano, Egipto y otros países?
“Confiamos en poder alcanzar un acuerdo con nuestros hermanos en Fatah [la facción gobernante de Abás] y otras facciones palestinas sobre una estrategia nacional integral para hacer frente a la empresa sionista”, declaró Aruri en una entrevista con el diario palestino Al Quds. “No nos resulta difícil encontrar una fórmula que pueda unir a todas las facciones. Creemos que enfrentarnos a la empresa sionista con todos los medios es no sólo un derecho, también el deber de todos nosotros. Esto no contraviene las leyes internacionales”.
Traducción: Aruri, como la mayoría de los líderes de Hamás, ve el acuerdo de reconciliación como una oportunidad para promover la agenda genocida de Hamás contra Israel y los judíos. Cree que la nueva asociación con el Fatah de Abás debería incentivar a todos los demás palestinos a unir fuerzas en la lucha contra Israel.
Y lo que más más importante: Aruri y Hamás interpretan el acuerdo de reconciliación como un acercamiento de Fatah a Hamás, y no al revés. Aquí, el líder de Hamás tiene toda la razón. El acuerdo sólo exige a Hamás que disuelva su gobierno en la sombra en la Franja de Gaza. A Hamás no se le pide que reconozca el derecho de Israel a existir,  que renuncie al terrorismo o que deponga las armas. A Hamás no se le está pidiendo que cambie su antisemita carta fundacional, que declara abiertamente (art. 13):
No hay solución a la cuestión palestina salvo a través de la yihad. Las iniciativas, propuestas y conferencias internacionales son una pérdida de tiempo y esfuerzos.
Asimismo, llama a la erradicación no sólo de Israel, también de los judíos (art. 7):
El profeta, Dios lo bendiga y le dé su salvación, ha dicho:
El Día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan a los judíos [matando a los judíos] [y] el judío se esconda debajo de las rocas y los árboles. Las rocas y los árboles dirán: “Oh, musulmanes, Oh, Abdulá, hay un judío detrás de mí, venid a matadlo. Sólo el árbol de Garkad [evidentemente, un cierto tipo de árbol] no lo haría porque es uno de los árboles de los judíos” (narrado por Al Bujari y Moslem).
Lo único que se pide a Hamás es que permita al Gobierno de la Autoridad Palestina gestionar los asuntos civiles en Gaza. Hamás, por lo menos de momento, seguirá manteniendo el “control de la seguridad” en la Franja.
De ahí que el acuerdo de reconciliación suponga claramente la sumisión de Fatah a Hamás, y no al revés. Abás y su facción Fatah se arrastraron hasta Hamás porque temían una posible alianza entre Hamás y el exdirigente de Fatah Mohamed Dahlán. Hamás jugó hábilmente la carta de Dahlán haciendo correr la noticia de que estaba a punto de hacer un trato con él para permitirle la vuelta a Gaza, donde habría sido gobernador sin competencias en seguridad. Dahlán reside en Emiratos.
El regreso de Dahlán a Gaza habría salvado a Hamás del aislamiento y la crisis financiera, especialmente tras la serie de sanciones impuestas por Abás a la Franja para tratar de debilitar a Hamás.
Además, Hamás confía en que el acuerdo impida a Abás reanudar las conversaciones de paz con Israel. Como Aruri dijo claramente en la entrevista:
En Hamás no queremos involucrarnos en ningún proceso político con Israel. No lo queremos y no es nuestro trabajo. Nuestra tarea es continuar la resistencia hasta que desaparezca la ocupación de nuestra tierra. Nuestra postura es esta y no ha cambiado. Con el enemigo [israelí] no debería haber ningún proceso político. Sólo debe haber resistencia.
Para los que no estén familiarizados con la terminología y la cultura árabes, “resistencia” es un eufemismo para el terrorismo. Para Hamás, la resistencia significa cohetes, misiles, atentados suicidas y otras formas de terrorismo contra Israel y los judíos.
Por lo tanto, Hamás confía en que el acuerdo acerque a Fatah aún más al terrorismo, como alternativa a las conversaciones de paz con Israel. Hamás considera la intención de Abás de volver a Gaza como un primer paso hacia el abandono de cualquier proceso de paz con Israel en favor de la lucha armada.
Hamás no sólo quiere que Abás abandone cualquier proceso político; ahora está advirtiéndole de que no tiene autoridad para hacerlo. El mensaje de Hamás a Abás es: a partir de ahora, somos socios en la paz y en la guerra. Nadie tiene derecho a sorprendernos firmando un acuerdo político con Israel que se ajuste a la visión de una facción por encima de las otras. Estas son las precisas palabras del líder de Hamás Aruri.
Conclusión: el acuerdo de reconciliación no ha sido concebido para promover ningún proceso de paz o para convencer a Hamás de que abandone el terrorismo. Ni está diseñado para congregar a los palestinos en torno a Abás y Fatah. Este es un acuerdo que allana el camino a Abás y Hamás para convertirse en socios en pie de igualdad. Hamás tiene razón: ¿por qué debería permitir que Abás firme un acuerdo de paz con Israel una vez que ha accedido a sentarse con Hamás, que persiste en su objetivo de destruirlo? Como nuevo socio de Hamás, Abás debería rendir cuentas ahora de cualquier ataque terrorista que surja de de Gaza. Cuando te asocias con alguien aceptas la responsabilidad por sus dichos y hechos.
La farsa de la reconciliación palestina no tiene que ver con la paz, ni mucho menos. Tiene que ver con seguir la lucha contra Israel y la “empresa sionista”, a saber, Israel y los judíos. En su acuerdo con Hamás, Abás se ha apuntado a la versión de la “resistencia” violenta de Hamás contra Israel y los judíos. Ese es el verdadero significado del acuerdo entre Abás y Hamás.
© Versión original (en inglés): Gatestone Institute
© Versión en español: Revista El Medio
 

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