COMO LA VIDA MISMA
Todos somos imperfectos.
Y, como lo enseñan nuestros Sabios, el trabajo principal en la vida es minimizar nuestra imperfección.
Pero con la soberbia, la altivez y la arrogancia no se pacta.
O las vencemos, o nos vencen.
Ser menos soberbio no es una virtud, … es ser patético.
Quien no conoce su verdadero lugar, su exacto valor, ni la estatura de su alma, está condenado a terminar ahogado en su engreimiento y en su absoluta soledad.
La humildad no es una opción, sino la única base que posibilita todo crecimiento personal.
El gran ejemplo es Moisés, definido por la Torá misma, no como el más Sabio de los hombres, sino como el más humilde.
La humildad de quien bien conoce sus capacidades y sus virtudes, sus logros y sus atributos, pero que no se los atribuye en lo más mínimo.
Porque sabe que todo, finalmente, es un Obsequio.
Bendita humildad, tan difícil de alcanzar y tan frágil de perder.
Como la vida misma.

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