lunes, 5 de agosto de 2024

 El 4 de agosto de 1944, fue descubierta Ana Frank, en su escondite de la calle Prinsengracht 263 (actual Museo/Casa Ana Frank), en Ámsterdam, donde se ocultaba desde el 6 de julio de 1942 junto a otras 7 personas, incluyendo a sus padres y hermana mayor.

Casi dos años habían pasado en aquel lugar, cuando el oficial Karl Silberbauer, irrumpió en la llamada “Casa de atrás”, y junto a los demás oficiales se llevaron detenidos a los 8 judíos que habían logrado desafiar el destino impuesto por los nazis.
Tal como acostumbraban, destrozaron la casa en busca de objetos valiosos que pudiesen robar, vaciando el maletín de Otto Frank y tirando todo lo que ahí había.
Unos papeles sueltos cayeron al suelo quedando dispersos y desordenados. Pero para esos oficiales aquellos escritos carecían de todo valor.
No así para Miep Gies, una de las protectoras de los Frank, quien junto Bep Voskuijl, otra de las mujeres que los ayudaron, entraron a la Casa de Atrás luego de un tiempo prudente, y recogieron esos papeles dispersos en el piso, guardándolos en un cajón de la oficina, para devolverlos a Ana cuando regresara, algo que nunca ocurrió.
El 25 de junio de 1947, con una tirada de 3.036 ejemplares, Otto Frank, quien fue el único de los 8 escondidos que logró sobrevivir el Holocausto, publicó aquellos papeles que su hija había escrito y que un 4 de agosto de 1944 oficiales nazis habían tirado al suelo.
Y aunque hay teorías de que los Frank fueron traicionados y denunciados, no hay pruebas concretas al respecto, sin embargo, lo que sí es irrefutable, es el valor histórico, literario y emocional de aquellos papeles que conforman
El Diario de Ana Frank, ha trascendido generaciones, legándonos lecciones humanas y éticas que siguen resonando.
Museo Judío de Chile

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