miércoles, 7 de enero de 2026

Artículo de Jonathan Schanzer

 

Un colapso escuchado en todo el mundo

por Jonathan Schanzer
New York Post
Enero 4, 2026

https://schanzer.pundicity.com/31191/bust-heard-round-the-world

La captura del dictador venezolano Nicolás Maduro por parte de la administración Trump fue una victoria estadounidense en dos frentes: la guerra contra las drogas y la competencia de grandes potencias con China y Rusia.

Durante años, la guerra contra las drogas ha sido librada en casa, principalmente con consignas, dirigidas a cambiar el comportamiento de los ciudadanos estadounidenses.

El Pres­id­ente Trump terminó con ese enfoque temerario en el año 2025 cuando empezó a bombardear los barcos de los narcos que traían drogas a Estados Unidos.

Su estrategia fue controvertida, por decirlo suavemente: Incluso los fuertes defensores del ejército estadounidense y los más feroces opositores de los capos narcos se alarmaron por el uso de la fuerza por parte de Estados Unidos en la Cuenca del Caribe.

Este fin de semana, Trump subió la apuesta nuevamente.

El derrocó un narco-estado a través del cambio de régimen. Puede esperarse que como resultado se lentifique el flujo de drogas peligrosas a Estados Unidos.

El efecto disuasorio de esta operación no puede ser subestimado. Los cárteles y capos narcos que ha envenenado históricamente a Estados Unidos con drogas ahora están bajo aviso.

Seguro, el ejército de Estados Unidos continuará bombardeando sus barcos en altamar. Pero lo que más los asusta ahora es la perspectiva de ser capturados y luego embarcados a Estados Unidos para enfrentar a la justicia.

No esperen que todos en Estados Unidos aplaudan este evento histórico, sin embargo.


Enemigos del cambio de régimen

Desde los experimentos fallidos por reconstruir Irak y Afganistán, los neo-aislacionistas en Wash­ing­ton han advertido que Estados Unidos debe evitar el cambio de régimen a toda costa. Se pueden esperar sus alaridos de desaprobación en los días y semanas por venir.

Por ahora, Trump tiene intención que Estados Unidos dirija el gobierno en Venezuela hasta que pueda ser instalado un gobierno adecuado. Y eso carga riesgos significativos.

Si Venezuela se desmorona, Trump será culpado. Si la región más amplia cae en el caos, el presidente será cargado con eso también. ¿Le dará la base de Trump la oportunidad de mejorar a partir de los fracasos de cambio de régimen de sus predecesores? El parece resuelto a intentarlo.

En verdad, la controversia por el cambio de régimen es de importancia secundaria. Derribar a Maduro tenía que ver con traer al hemisferio occidental nuevamente bajo la influencia de Estados Unidos.

Maduro no era sólo el jefe de un narco-estado. El era un aliado de los enemigos más espantosos de Estados Unidos de América.

De hecho, Maduro se reunió con una delegación china de alto nivel en Caracas poco antes de ser capturado por las fuerzas especiales de Estados Unidos.

Pero el régimen de Maduro no era sólo un aliado de China. El régimen en Caracas era también un socio valioso de otros estados canallas como Rusia, Cuba e Irán.

Incluso la República de Turquía, una aliada poco fiable de la OTAN, ha sido una aliada del régimen de Maduro. El gobierno del Presidente Recep Tayyip Erdogan es el quinto miembro de los "Fabulosos Cinco" de Venezuela — los países que ayudaron a apuntalar al caudillo venezolano.

Uno o más de estos regímenes pueden tratar de aprovechar el vacío en Venezuela.

Ellos pueden no ser capaces de restaurar a Maduro en el poder. Pero pueden intentar que Estados Unidos pague un precio por destituir a su aliado.

La administración Trump debe mostrar los dientes ahora, y advertirles que se mantengan fuera.

Si se hace bien, la destitución de Maduro debilitará la influencia de los adversarios de Estados Unidos en nuestro hemisferio.

Privará a los cárteles de un centro de tránsito para los cargamentos a los Estados Unidos. Y privará a nuestros enemigos de un aliado valioso.

Si así es como se desarrollan las cosas, no es un mal inicio para el 2026.

Jonathan Schan­zer es director ejecutivo de la Found­a­tion for Defense of Demo­cra­cies. El es un ex analista de finanzas del terrorismo en el Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

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