miércoles, 22 de abril de 2026

DEL WSJ

 

Mi hijo fue asesinado por Hamas hace casi dos años. Nunca dejaré de llorar

En un extracto exclusivo del libro, Rachel Goldberg-Polin escribe sobre llorar a su hijo, quien fuera asesinado por Hamas hace cerca de dos años.

Rachel Goldberg-Polin sitting for a portrait in her living room.Rachel Goldberg-Polin in her living room in Jerusalem.

April 21, 2026 5:30 am ET

Erase una vez en que yo estaba caminando tranquilamente por el camino de la vida con mi esposo, Jon. Era una vida normal y corriente, y funcionaba. Era una monotonía cálida. Nosotros nos sentíamos, y lo éramos, bendecidos y afortunados. Normal. 
De repente, un día, mientras recorríamos nuestro camino, un camión de 18 ruedas metafórico nos chocó desde atrás y quebró cada hueso en nuestros cuerpos. Todos nuestros 412 huesos combinados fueron fracturados, nuestros espíritus fueron destrozados y nuestros corazones fueron robados. Nuestra vida fue robada.
Ese día fue el 7 de octubre del 2023.
Nuestro único hijo, Hersh, nuestro hijo mayor, acababa de cumplir 23 años cuatro días antes. El estaba asistiendo al festival de música Nova—publicitado como siendo por el Amor, la Unión y la Paz. Terroristas atacaron el festival, y otras comunidades en la zona, asesinando a más de 1,200 personas, torturando y violando a cientos, y secuestrando a 251 de ellas.
A screengrab taken from a video posted on the Telegram channel ‘South First Responders’ shows the aftermath of the Nova music festival attack.© South First Responders/Agence France-Presse/Getty Images
Tras perder el antebrazo izquierdo, el dominante, detonado por una granada, Hersh fue sacado del refugio anti-bombas en el cual se estaban ocultando 29 amantes de la música. El fue cargado en una camioneta pickup con otros tres hombres jóvenes heridos. Fueron llevados a donde todos ellos soportaron una odisea de sufrimiento, hambruna y tormento que es difícil para mí describir con palabras digeribles.
Los rehenes tomados el 7 de octubre eran de 28 países diferentes. Eran cristianos, judíos, musulmanes, hindúes y budistas. El rehén más joven era un bebé pelirrojo de 9 meses de edad, y el más grande era un abuelo de 86 años de edad.
Algunos fueron liberados en acuerdos diplomáticos negociados tras 52 días. Algunos fueron liberados tras 491 días. Algunos tras 738 días. Algunos fueron asesinados y sus cuerpos fueron tomados para ser utilizados como piezas de negociación. Tras 843 días imposibles, el rehén final fallecido fue devuelto a su familia para un entierro apropiado.
Algunos sobrevivieron en su macabro cautiverio hasta que fueron asesinados, cientos de días después, en sus infiernos subterráneos. Esto es lo que le sucedió a mi Hersh. El y otros cinco rehenes jóvenes y luminosos y amados resistieron la hambruna, el tormento, la falta de higiene y un completo aislamiento del mundo en túneles estrechos, 20 metros bajo tierra, sin electricidad o agua corriente durante 328 días. Y luego todos fueron ejecutados, a quemarropa. La mayoría con las armas clavadas en su piel mientras les disparaban numerosas veces.
Sus cuerpos fueron devueltos a sus familias en el día 330. Estaban todos esqueléticos, sucios (el forense estimó que no se habían bañado en meses), llevando cicatrices de tortura y acribillados con heridas de balas a quemarropa. Hersh tenía seis. Y su cabello estaba cubierto de pólvora.
Este es el telón de fondo del viaje interminable que Jon y yo ahora recorremos con dificultad, y aunque el contexto es peculiar, he aprendido que los detalles de lo que lleva al dolor no son cruciales para entender el sufrimiento real. Pero comparto esos detalles para que ustedes no se pierdan al intentar comprender nuestra pérdida.
‘I think Hersh was our glue,’ Goldberg-Polin writes.© bring them home now/Reuters
Desde esta colisión, he descubierto que el sufrimiento es todo el mismo. El mismo, el mismo. El modo en que se desarrollan las cosas para cada uno de nosotros varía, pero la pérdida es pérdida. Entonces el sufrimiento de ustedes es como el mío.
Y el mío es como el de ustedes. El mío ha sido bastante público, pero por lo demás es el mismo.
¿Cómo extrañamos a alguien para siempre? Yo miraba al enorme ciprés que se alzaba directamente frente a mí durante el homenaje a Hersh y seguía haciendo esa pregunta continuamente en mi cabeza. ¿Cómo hacemos esto para siempre? ¿Esta ausencia? ¿Cómo hacemos esto para siempre? ¿Cómo hacemos esto para siempre?
Yo pensaba en el proverbio africano que dice "hace falta una aldea para criar a un niño." Y hace falta un universo para llorar a uno. Eso me dice. Y soy sólo una persona, entonces ¿cómo hago esto? Tengo todos los trucos, artimañas, mentiras y técnicas y auto-consejos, métodos y tácticas y enfoques.
Lo que ayuda depende del momento. Y eso se transforma con el tiempo. Las cosas que funcionaban en diciembre han seguido su curso, y es hora de algo nuevo. Algo que dejó de ser efectivo de pronto surge recargado y ¡listo! Funciona nuevamente. El duelo está en constante desarrollo y creciendo y cambiando y mutando. Yo también. Pienso. Entonces no soy la misma madre doliente de septiembre, enero, Pesaj o ayer. Estoy en cocción lenta, hirviendo, evaporandome. Cambiando. Y congelandome totalmente. Todo al mismo tiempo. Alguien que llame a un físico.
Miro alrededor y me digo morbosamente (y a veces a otros), “Lo que pasa con esta vida es, que nadie sale vivo de acá. Todos están muriendo. ¿Ves esa persona allí? Muerta. El, ¿ese tipo con los dientes? Muerto. ¿Tú, con las sandalias rojas? Adiós." Toda persona a camino a la muerte. Incluyéndome. Y todos los que alguna vez he encontrado, visto, aprendido de, hablado con, a quienes he querido. Muriendo. Todos y cada uno. Ustedes también. Entonces el elefante polvoriento con esas uñas arqueadas y abovedadas que está parado sobre mi esternón se siente más ligero. Y él también está muriendo. Y su piel gruesa no hará nada por evitarlo.
Hersh murió antes de lo que yo quería. Yo quería que mis hijos y nietos me sobrevivieran. Una petición tan razonable, pensaba. Por favor, que mis hijos m entierren. Yo suplicaba por esto en mis rezos. Diariamente. Mi rezo fue respondido de forma diferente a lo que yo hubiese querido. Yo lo digo en voz alta a Hersh. "Todos nosotros estamos muriendo. Pero desearía que tú me hubieras enterrado a mí." 
The grave of Hersh Goldberg-Polin near Jerusalem.
Un día a la vez. Un día a la vez. Una hora a la vez. Un minuto a la vez. Un segundo a la vez. Uno. Uno. Uno. Uno.
Es el sonido de la máquina cuando visitas a alguien en el hospital.
Respira, y recuerda, todos mueren.
Al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Hersh, nosotros seguimos desvaneciéndonos en el tiempo. Incontables personas nos cantaron las canciones acostumbradas: "Espero que con el tiempo mejore..." Con buenas intenciones, por supuesto, pero también sordos en su llamado implícito a que estemos "mejor." Yo no culpo a nadie por intentarlo. No sabría qué decirme tampoco.
Hersh Goldberg-Polin's bedroom.
My Son Was Killed by Hamas Almost Two Years Ago. I’ll Never Stop Grieving.
Pero les voy a dar noticias muy duras: No está “mejorando.”
Un hombre me dijo que lo más amable que puedo decir es la verdad sobre eso. Y ahí la tienen, La Verdad.
Cada mañana, el reloj retrocede de cierta manera. Como si un formidable dedo índice con una uña cuadrada hiciera retroceder las manecillas. No hay un momento de olvido. Ni respiro de la certeza de la pérdida, pérdida, pérdida. Y entonces estoy para siempre empezando con el tormento de la pérdida combinado con un anhelo persistente. ¿Lo entienden? Entiéndanlo. 
El dolor puede cambiar de forma con el tiempo para la gente, pero estará siempre presente. Anida y se enreda para siempre. Es una emoción que inunda a los que sufren una pérdida profunda, una y otra vez. Nuestro cabello nunca se seca.
Solíamos tocarlo, verlo, escuchar su voz, olerlo, y sí incluso saborearlo en nuestra experiencia diaria con él. Esa cuerda que lo ataba a nosotros todavía nos rodea, como nuestros tefilín, y siempre estará.
Unos amigos queridos nuestros tienen un hijo que fue a un "gran viaje" a Sudamérica cuando terminó su servicio militar. Tras seis meses, ¿ustedes piensan que sus padres lo extrañaron menos? Por supuesto que no. Ellos lo extrañaron más. Empezaron a contar hacia atrás los días hasta que lo verían nuevamente, lo abrazarían nuevamente, lo olerían nuevamente. Ellos lo anhelaron aún más. Entonces, ¿por qué seríamos diferentes? ¿Por qué cualquier padre doliente extrañaría menos a su hijo a medida que pasa el tiempo? El paso del tiempo hace la sed más frenética, más extrema. Más desesperada. Más.
Goldberg-Polin and her husband wore numbers to count the days since Hersh had been taken.
Cada día recojo la mochila gigante del hambre y confusión, agobiante y pesada, y me la pongo. Ajusto ese extraño cinturón con los fuertes clips negros para amortizar la carga, y la llevo durante mi día, durante mi vida. Por favor, que nos volvamos todos más fuertes, todos nosotros, sedientos eternamente, llenos eternamente del deseo por nuestros hijos que están en la tierra. Que nuestros hijos nos ayuden, desde El Mundo Venidero, a subir las correas de nuestras mochilas y las hagan menos pesadas sobre nuestros cuerpos cansados.
Estoy buscando cosas que puedan unir nuevamente nuestra familia, nuestro universo. Pienso que Hersh era nuestro pegamento. O tal vez cada uno de nosotros en cualquier dinámica es el pegamento. Y quien parta primero se lleva consigo la pasta pegajosa.
Eramos cinco y funcionaba. Eramos un racimo de cinco que encajaban, no sin fisuras y perfectamente, pero perfectamente y sin fisuras. Ahora somos cuatro personas confundidas que flotamos hacia arriba y hacia abajo en este caldero de repetición insoportable. Estoy tratando de volverme algo sostenible, y nosotros estamos tratando de convertirnos en cuatro.
Jonathan Polin, center left, and Rachel Goldberg-Polin, center right, with their daughters.© Gil Cohen-Magen/ Press Pool
Cuatro es un lindo número. Es par. Tiene tres líneas que no tienen curvas. Nosotros tenemos amigos queridos con dos hijas dinámicas y talentosas. Yo las adoro. Nadie falta, ellos son el cuatro perfecto, como los palos de una baraja de cartas. Yo quisiera ser así. Pero por ahora, estamos viviendo en un cuerpo con piel de sobra tras haber perdido demasiadas libras muy rápidamente. Y es extraño que Jon sea el único hombre aquí. No sólo en casa, sino en todos lados donde vamos.

Hersh vino a nosotros dos años antes del 7 de octubre y dijo que no le atraía la forma en que practicamos la religión, y que él no iba a hacer todo lo que nosotros hacíamos. Pero siguió viniendo con nosotros a la sinagoga y sentándose durante los servicios largos, tanto los viernes a la noche como los sábados a la mañana.

Se estuvo levantando en las mañanas de Shabat para unirse a nosotros en la sinagoga, era lo que más me alegraba y desconcertaba. Si la práctica religiosa no le estaba atrayendo, ¿por qué, tras permanecer fuera toda la noche hasta tarde con sus amigos, él todavía se levantaría temprano y se arrastraría a la sinagoga?
Le pregunté a principios del verano del 2023. Y él dijo, “No quiero que Papá se siente solo.” En nuestra sinagoga, los hombres y mujeres se sientan separados, entonces si Hersh no asistía, Jon estaba solo del lado de los hombres, mientras yo me sentaba con nuestras niñas del lado de las mujeres. Me dí cuenta de lo que Hersh no entendía. Cuando hacemos cosas que son fáciles, o importantes para nosotros, o nos atraen, esas cosas o requieren esfuerzo real. Porque queremos hacerlas.
Pero cuando alguien hace algo que no quiere hacer, aunque lo haga por amor y respeto, eso, para mí, es santo. Y así Hersh, de esta manera, era más "religioso" que muchos que usan esa palabra como una marca.
Ahora Jon se sienta solo en la sinagoga.
Siempre.
Jon Polin outside his living room in Jerusalem.
El cambió su asiento acostumbrado de donde él y Hersh se sentaban juntos, donde todos comentaban sobre cuan dulce era que Hersh descansara su cabeza sobre el hombro de Jon. Era amor, sí, pero también quería echarse una siesta, porque Hersh estaba todavía cansado de su noche afuera. En El Después, Jon prefiere sentarse todo el tiempo contra la pared. Tal vez aminora la pena fantasma de no tener ese pedazo de sí mismo sobre su hombro. 
Del lado de las mujeres de nuestra sinagoga, yo levanto mi cara, cierro mis ojos, y siento el sol a través de las ventanas altas. Tras mis delgados, los rayos casi dañan mis pupilas. Y me digo, "Dios, ayúdanos. No más dolor, sólo amor y fuerza. No más dolor, sólo amor y fuerza. Brilla sobre nosotros, Hersh, déjanos sentir tu amor y tu luz." 
A esto es a lo que aspiramos. A sentirlo. Sin dolor. No se si es un objetivo razonable o asequible. Pero tenemos que actuar como si fuera posible. Como nosotros fuéramos posibles.
“Cuando te veamos nuevamente” de Rachel Goldberg-Polin, publicado el 21 de abril del 2026 por Random House.

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