miércoles, 13 de mayo de 2026

 Uno de los más grandes científicos y pensadores de la historia de la humanidad, Isaac Newton, no solo revolucionó la física y las matemáticas: también estaba profundamente fascinado por la historia del pueblo judío, las Escrituras hebreas y el conocimiento antiguo de Israel.

Newton aprendió hebreo para estudiar la Biblia en su idioma original. Pasó años investigando el Tanaj, las profecías de Daniel, la historia de Jerusalén y los misterios del Templo de Israel. Para él, el conocimiento entregado al pueblo hebreo contenía verdades divinas y universales.
Muchos historiadores señalan que Newton dedicó más tiempo a escribir sobre religión y estudios bíblicos que sobre física. Él veía la ciencia como una manera de comprender la obra del Creador.
El mismo hombre que descubrió la gravedad y formuló las leyes del movimiento creía que el orden del universo reflejaba la inteligencia de Di-s.
Su Di-s cristiano era el mismo Di-s de Israel: el Di-s de Abraham, Isaac y Jacob.
Newton no veía contradicción entre ciencia y fe. Al contrario: mientras más estudiaba el universo, más convencido estaba de que detrás de todo existía un diseño perfecto.
Quizás esa búsqueda espiritual, su obsesión por entender las leyes divinas y su admiración por la sabiduría antigua de Israel fueron parte del camino que lo llevó a convertirse en una de las mentes más brillantes que ha conocido la humanidad.

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