LIBANO SE ESTA TAMBALEANDO EN EL ABISMO DE UNA NUEVA GUERRA CIVIL
Un acuerdo de cese del fuego con Israel que requiere que el gobierno desmantele a Hezbola vuelve a encender las tensiones sectarias.
Por Omar Abdel-Baqui y Wael Taleb
Junio 8, 2026
El gobierno de Líbano apenas es capaz de manejar los requerimientos básicos del estado. Puede proporcionar electricidad por apenas algunas horas al día, y la gente evita su moneda achatada en favor de los dólares. Su ejército es tan sólo la segunda fuerza más poderosa en el país detrás de Hezbola—o la tercera contando a Israel, que ha estado expandiendo su ocupación de meses.
Pero ahora está siendo presionado por EE.UU., Israel y mucha de su propia gente hacia un enfrentamiento con Hezbola que arriesga con inclinar al país hacia una nueva guerra civil.
La presión creciente llega a través de un nuevo y ya tenso acuerdo de alto al fuego para poner fin a la guerra con Israel que ha sacudido Líbano desde principios de marzo, cuando Hezbola se puso del lado de Irán y empezó a disparar cohetes enfrente de la frontera. El acuerdo requiere que el estado libanés recupere el control de su territorio poco a poco mientras desarma y desmantela al grupo terrorista.
Es un plan que fue probado después de la última guerra de Israel con Hezbola a fin del 2024 e hizo algún progreso antes de fallar cuando Hezbola, el cual representa a muchos de los musulmanes chiíes de Líbano y es una de las milicias no estatales más poderosas del mundo, se afianzó y rechazó desarmarse.
La atmósfera en el país sólo se ha vuelto más tensa a medida que Líbano se vuelve central para el conflicto regional más amplio. Irán quiere que un cese del fuego en su guerra con Israel y Estados Unidos incluya también a Líbano. Israel e Irán intercambiaron andanadas de disparos después que Israel atacó los suburbios sureños de Beirut el domingo, en una reanudación tumultuosa de la violencia poniendo a prueba el frágil alto al fuego meso-oriental del Presidente Trump.
La reciente invasión terrestre y ataques aéreos por parte de Israel han creado más de un millón de refugiados internos, muchos de quienes ahora viven en tiendas en las calles de Beirut. Los musulmanes chiíes desplazados son evitados por temor que traerán ataques aéreos a los típicamente protegidos barrios y pueblos cristianos, drusos y musulmanes suníes. El enojo contra Hezbola por llevar al país a otra guerra ha aumentado, pero el grupo, debilitado por los ataques israelíes en el 2024, ha sido envalentonado y ahora llama abiertamente a los libaneses a salir a las calles y resistir a su gobierno.
“Sabemos cómo empezaría intentar desarmar militarmente a Hezbola, pero no sabemos cómo terminaría," dijo Khalil Helou, un ex general en el ejército de Líbano que se opone al grupo.
Líbano ha tambaleado durante mucho tiempo al borde de ser un estado fallido. Atrapado a lo largo de su historia entre Siria, Israel y las poderosas milicias sectarias, nunca pareció conseguir la soberanía plena.
Sus fisuras explotaron en el caos de la guerra civil de 1975-1990, cuando las milicias rivales chiíes, suníes, maronitas cristianas, palestinas y drusas dirigidas por caudillos dividieron el país en enclaves defendidos por puestos de control y ejecuciones sumarias. El combate destrozó Beirut, la cual fue dividida por la Línea Verde que las facciones rivales no se atrevían a cruzar.
En medio de la destrucción, Israel invadió Líbano en 1982 para atacar a la Organización para la Liberación de Palestina, la que sacó a sus combatientes de los refugiados y sus descendientes desplazados durante la fundación de Israel en 1948. Las tropas israelíes llegaron tan lejos como a Beirut, y, con la ayuda de algunas milicias lideradas por los cristianos, ocupó porciones importantes del sur hasta el 2000.
La última invasión israelí, la militancia de Hezbola y la profundización de la lucha sectaria repiten para muchos esos días oscuros.
En el rico distrito frente al mar de Bahía Zaitunay en Beirut, los ricos comen en restoranes elegantes cerca del Hotel Four Seasons y celebran fiestas en los yates. En la misma calle, cientos de personas, en su mayoría chiíes, pero también incluidos algunos refugiados palestinos y sirios, viven en tiendas de campamento. Algunos dijeron que están ahí porque los señores de otros grupos se negaron a alquilarles departamentos.
La cercana mezquita suní al-Kantari asumió el enfoque opuesto, abriendo sus puertas y proporcionando suministros a los chiíes que se refugian en la vecina escuela suní.
Imad Sobh, el líder religioso de la mezquita, dijo que algunos fieles estaban enojados porque él recibió al electorado del grupo que arrastró a Líbano a la guerra. A ellos también les preocupaba poder ser tomados como blanco si un miembro de Hezbola termina en medio de ellos.
Los líderes de la comunidad local dicen que la incapacidad del gobierno de frenar a Hezbola está llevando a la desconfianza y vigilantismo.
El ejército israelí dijo que irá tras los miembros de Hezbola donde sea que se encuentren, incluso fuera de los bastiones tradicionales del grupo, que incluyen partes del sur de Líbano, suburbios sureños de Beirut y el Valle de Bekaa en el este del país.
En medio de la tarde del 8 de abril, Israel atacó en 90 segundos 100 objetivos a lo largo de Líbano en uno de los bombardeos más letales en el país en los últimos años. El ataque impactó algunos barrios de clase alta y zonas turísticas en centro de Beirut, y sacudió la psiquis de la sociedad libanesa, y llevó a algunos políticos a pedir a sus electorados que eviten que personas desconocidas entre los desplazados alquilen casas.
Líbano se acercó a un estado de anarquía hace un lustro tras una severa crisis bancaria, y una explosión en el puerto de Beirut que arrasó los barrios cercanos y sacudió la fe en el gobierno, y un tira y afloje político de guerra con Hezbola impidió que el país eligiera un presidente durante dos años.
La paliza de Israel a Hezbola en el 2024 abrió la puerta para un cambio de rumbo. El parlamento eligió a Joseph Aoun como presidente, y EE.UU. saludó la oportunidad para que el gobierno afirme su soberanía y desarme al grupo militante.
El ejército libanés pasó a trabajar despejando las posiciones y cachés de armas de Hezbola en el sur en un esfuerzo que Estados Unidos e incluso Israel admitieron estba teniendo un efecto. A veces tuvo ayuda de la inteligencia israelí. Pero para el otoño pasado, el progreso se había estancado mientras Hezbola se rearmaba, e Israel estaba advirtiendo que éste atacaría nueva con fuerza.
El gobierno de Líbano no pudo impedir que Hezbola se uniera a la guerra junto a Irán. El primer ministro del país anunció una prohibición de las actividades militares del grupo el 2 de marzo, pero Hezbola simplemente la ignoró. Más tarde ese mes, el Ministerio del Exterior ordenó que el embajador de Irán se fuera del país. El se negó a marcharse.
“Entiendan claramente: El desarme es exterminio, y nunca lo aceptaremos,” dijo el secretario general de Hezbola, Naim Qassem, en un discurso en mayo durante el cual también llamó al pueblo libanés a enfrentar al gobierno.
El gobierno de Líbano no sólo está empobrecido y superado en armas, está atravesado por las misas divisiones sectarias que la sociedad como un todo. El Departamento del Tesoro de EE.UU. dijo en mayo que Hezbola obtiene consejos de inteligencia de funcionarios que están dentro de las organizaciones de seguridad estatal de Líbano, incluido el ejército libanés.
Estados Unidos es el sostén más grande de las Fuerzas Armadas Libanesas, proporcionando más de us$3,000 millones en financiación desde el 2006 y ofreciendo entrenamiento a las tropas libanesas. La paga del ejército es tan baja que muchos soldados toman segundos empleos.
Funcionarios actuales y anteriores del ejército libanés admiten que el ejército actúa como una institución unificadora en lugar de como una fuerza de combate unificadora. Sus decenas de miles de soldados en deber activo reflejan el mosaico que es el país, con representación de todas las sectas. Desde que terminó la guerra civil de Líbano en 1990, el ejército ha desarmado a varios actores no estatales, fue intermediario entre facciones políticas rivales y ha reprimido a grupos de narcotráfico e islamistas.
Esta vez, sin embargo, es más delicado. Los soldados libaneses no quieren ser percibidos como haciendo el trabajo sucio de Israel y muchos no tienen la voluntad de confrontar a sus compatriotas, aun si están en Hezbola, dicen los funcionarios estadounidenses y libaneses. El Secretario de Estado Marco Rubio ha dicho que Estados Unidos está trabajando hacia establecer un sistema en el cual unidades militares libaneses examinadas tengan el entrenamiento y equipo para ir tras Hezbola para que Israel no tenga que hacerlo.
Israel atacó miles de veces a Hezbola tras el cese del fuego en noviembre del 2024 y aumentó los ataques esta primavera, pero está en una situación difícil. A pesar del castigo, el grupo se recuperó. Se ha reabastecido de cohetes, misiles antitanque y artillería a través de puertos y rutas de contrabando que todavía funcionan a través de Siria, informó The Wall Street Journal a fin del año pasado. El grupo también ha restablecido el control de los antiguos cachés, y ha fabricado algunas armas nuevas.
Los terroristas de Hezbola ahora están usando nuevas tácticas incluidos drones explosivos guiados por cable de fibra óptica que Israel está luchando por contrarrestar. Israel se arriesga a ser arrastrada hacia otra guerra a largo plazo y ocupación complicada si se propone desarmar ella misma a Hezbola, dicen los analistas.
La alternativa es un proceso de paz liderado por EE.UU. entre Israel y el gobierno libanés que no involucre directamente a Hezbola. El presidente de Líbano incluso confía en usar un intermediario para hablar con Hezbola, en lugar de comunicars directamente con el grupo, dijeron altos funcionarios libaneses.
El Presidente Trump quiso que Aoun y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu se reúnan, pero Aoun se ha resistido, considerándolo un riesgo político demasiado alto, dijeron los funcionarios libaneses.
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