por Drieu Godefridi • 31 de Diciembre de 2017
En Bruselas, sólo en el último mes, hubo tres estallidos distintos de revueltas y múltiples saqueos.
Y eso era sólo la punta del monstruoso iceberg que se ha formado a lo largo de tres décadas de inmigración masiva y locura socialista.

Con cañones de agua, policías antidisturbios tratan de hacer retroceder a unos vándalos en el centro de Bruselas, Bélgica, el pasado 12 de noviembre. Cientos de "jóvenes" de origen foráneo 'celebraron' la clasificación de Marruecos para el mundial de fútbol provocando altercados e hiriendo a 22 policías. (Imagen: captura de un vídeo de Ruptly).
Cuando el entonces candidato Donald Trump dijo en enero de 2016 que, gracias a la inmigración masiva, Bruselas se estaba convirtiendo en un agujero infernal, los políticos belgas y europeos formaron un frente unido en las barricadas (mediáticas): ¿Cómo se atreve a decir tal cosa? Bruselas, capital de la Unión Europea, la quintaesencia misma del mundo posmoderno, la vanguardia de la nueva "civilización global", ¿un agujero infernal? Por supuesto, asimilar a los recién llegados no siempre es fácil, y puede haber fricciones de vez en cuando. Pero no importa, dijeron: Trump es un bufón de todas formas, y tiene cero posibilidades de salir elegido. Este tipo de cosas pensaban los ávidos lectores de la edición internacional de The New York Times y los espectadores habituales de CNN internacional.
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