domingo, 5 de marzo de 2023

 La receta de hamantaschen (Oznei Haman)de mi mamá, contiene los recuerdos que ella está perdiendo.

Una educadora judía reflexiona sobre la galleta de Purim que solía hacer con su madre, a quien le diagnosticaron afasia.
“A mi madre siempre le gustó cocinar y hornear, pero nunca fui bienvenida en la cocina. Ni en las noches antes de la cena, ni antes de Shabat cuando hacía jalá todas las semanas, ni tampoco en el período previo a Hanukkah y Pascua, cuando sus preparativos de latkes y el seder estaban en marcha.
La gran excepción era justo antes de Purim, cuando me invitaba ceremoniosamente a la cocina para ayudarla a llenar y pellizcar las galletas en forma de triángulo que son una marca registrada de las vacaciones.
Como adulta, y con mis propios hijos pequeños, lo entiendo, pero cuando era niña, no se me ocurría que mi madre ya había pasado horas preparando todo.
Todo lo que yo tenía que hacer, era entrar en la cocina, tomar una taza redonda, colocarla sobre la masa enrollada, cortar un círculo, sacar gelatina de un tazón que ella me había preparado, pellizcar las esquinas de la galleta y ponerlas en la bandeja.
Sentía que realmente estaba horneando “hamantaschen”.
Estas galletas de origen semi-misterioso son fundamentales para ayudar al comensal a celebrar la festividad judía de Purim, una historia contada sobre un villano, Hamán, que quería destruir al pueblo judío en el antiguo reino de Persia.
La galleta es “la venganza definitiva”: su nombre en yiddish significa "orejas de Haman”.
Mi madre me hablaba sobre ese significado, hasta que comenzó a perder la capacidad de hablar.
Hace dos años, le diagnosticaron afasia progresiva primaria, un tipo de demencia en la que lucha por recordar palabras, tiene pérdida de memoria a corto plazo y confunde fechas y horas.
Eventualmente, perderá su capacidad de hablar o entender palabras.
Al igual que con tantas cosas en la vida judía, su declive está vinculado en la memoria de mi familia al calendario judío.
Comenzamos a notar cambios hace varios años cuando llegó a la ciudad de Nueva York para una celebración de Rosh Hashaná, y no pudo expresar con palabras lo que había traído consigo. (Era su pastel de manzana especial, mi favorito).
Luego, puso la mesa con jalá y velas, como lo haría para prepararse para Shabat, pero era jueves.
Y fue cuando comencé a prepararme para Purim en 2021 que me di cuenta que había pasado un año entero desde que mi madre me había enviado algo por mensaje de texto o correo electrónico.
El último mensaje que recibí fue un documento que necesitaba para nuestro primer Purim pandémico, cuando mi hijo tenía 3 años y acabábamos de comenzar a refugiarnos en nuestro apartamento.
Titulado "Receta de Hamantaschen de mamá", el documento permitió que mi madre y mi hijo hornearan juntos a través de FaceTime. A pesar de que estaba hablando por teléfono, mi madre se reía y estaba presente.
Un año después, ya no pudo hacerlo. Pero como educadora judía, se me asignó el trabajo de crear programación virtual para mi comunidad, con el fin de apoyarnos, para mantenernos juntos a pesar de que estábamos separados.
Al igual que muchas comunidades judías en ese momento, nosotros, como comunidad, decidimos hornear hamantaschen en Zoom juntos, cada quien en en su propia casa.
Envié "Mommy's Hamantaschen Recipe", la receta de mi mamá, a 500 hogares a través del Proyecto de la Comunidad Judía del Bajo Manhattan.
Esta semana, mientras buscaba los suministros para hacer hamantaschen con mis propios hijos en nuestro nuevo hogar en las afueras de Filadelfia, abrí el archivo de recetas nuevamente, y recordé que había eliminado el "Mommy's" del título, haciendo mía la receta.
Mi mamá todavía está viva, gracias a Dios con una salud relativamente buena, y estoy agradecida todos los días por eso y por mi padre, que es su cuidador de tiempo completo.
Trato de centrarme en el hecho de que ella todavía está aquí, y no detenerme en las partes de ella que faltan. Y así, mientras su receta absolutamente deliciosa se usa una vez más en innumerables hogares judíos este año, estoy pensando en todos los niños que están recibiendo la experiencia que fue un punto culminante de mi infancia: hacer las orejitas de Haman, que de alguna manera nunca se desmoronan, usando la receta de mi madre.
Sé que cuando le cuente a mi madre sobre el alcance de su receta, ella sentirá, aunque solo sea por el más breve de los momentos, el orgullo y la alegría que una vez sentí al ocupar mi puesto al final de su línea de montaje de hamantanschen.
Y me consolaré, una vez más, en el hecho de que el calendario judío crea oportunidades para marcar el paso del tiempo de maneras que pueden durar más que cualquiera de nosotros, creando recuerdos cuando no podemos crear otros nuevos de nuestro mundo.
Por: Erin Beser
Traducido por Lilian Rotter
F: Forward via JTA

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