LA MORTIFICACION DE IRAN PRUEBA QUE ISRAEL ESTA GANANDO CALLADAMENTE LA GUERRA
Por Jake Wallis Simons
31 de julio del 2024
Traducida por Marcela Lubczanski
Desde el 7 de octubre, Israel ha tenido un imperativo geoestratégico: volver a instalar la disuasión. En el Medio Oriente—y cada vez más en Ucrania y más lejos—los estados viven o mueren bajo la fuerza de su capacidad de intimidar a sus enemigos, y ninguno más que el estado judío.
Esta mañana, mientras se asienta el polvo sobre la ex casa segura en Teherán en la cual el líder de Hamas, Ismail Haniyeh estaba viviendo en el lujo hasta que la muerte llegó a él desde los cielos, esa disuasión está bien en el camino de ser restaurada.
El régimen iraní está en un estado de conmoción. La última vez que Israel atacó a un terrorista que era percibido como demasiado elevado en valor para tolerarlo, Teherán descargó una noche de 300 proyectiles sobre el estado judío, sólo uno de los cuales impactó el objetivo. El Occidente se unió para la defensa, pero la respuesta israelí fue quirúrgica y diseñada para enviar un mensaje de temor, no dolor.
Este es un movimiento de un orden diferente. La humillación sufrida por los iraníes es profunda. La paranoia difundiéndose a través de los escalones más altos del régimen es tangible. Si Israel—Jerusalén no ha afirmado la responsabilidad, pero trabajemos sobre esa presunción—puede llegar a una figura como Haniyeh en un lugar como Teherán, ningún lado y nadie están a salvo.
De acuerdo con expertos en Irán como Kasra Aarabi, director de investigación de la Guardia Revolucionaria Iraní en la respetada think tank Unidos Contra Irán Nuclear, la eliminación de anoche sólo profundizará el temor del régimen a Benjamin Netanyahu. Ellos han observado mientras el líder israelí ha resistido presión sin precedentes tanto internacionalmente como internamente, empujando a Hamas al borde de la destrucción.
Ellos conocen sus opiniones sobre Irán. El ha sido vocal acerca de la amenaza durante años, blandiendo de forma memorable una ayuda visual de una caricatura de bomba nuclear durante un discurso en las Naciones Unidas, y ha puesto astucia y firmeza detrás de sus preocupaciones. En el 2018, cuando el Mossad realizó el robo audaz del archivo nuclear de Irán de un distrito comercial no descripto en los límites de Teherán, Bibi estaba al volante.
Dos años después, cuando espías israelíes llevaron a cabo la eliminación destacable de Mohsen Fakhrizadeh, el "padre de la bomba," cuyas huellas fueron encontradas por todo el archivo, como me contó una fuente del Mossad, Bibi estaba una vez más en el cargo. Fakhrizadeh fue eliminado, como revelé en el momento, por medio de un arma automatizada de una tonelada que fue contrabandeada dentro del país pieza por pieza por un equipo de más de 20 espías israelíes e iraníes. El mito del espionaje sobrehumano de Israel estaba asegurado.
Estas son épocas diferentes. Aun cuando la guerra arrecia y Netanyahu está contra las cuerdas, sin embargo, él ha mostrado que en lo que a Irán respecta, ni siquiera los 300 proyectiles en abril fueron suficientes para mellar su resolución. Haniyeh está muerto; Teherán está en un estado de pánico y bochorno; apenas horas antes, Fuad Shukr, un comandante veterano de Hezbola cercano al líder Hassan Nasrallah, fue eliminado en otro ataque israelí de precisión, muriendo con una recompensa estadounidense de u$s5 millones sobre su cabeza, envolviendo astutamente a la Casa Blanca dentro de la ecuación.
Los iraníes están encajonados. La ley de la región ordena que ellos tendrán que montar una respuesta. Pero, ¿se atreven ellos a provocar más a Netanyahu?
Estarán los que dentro del alto mando del ayatola están ladrando por sangre. Con la elección de Donald Trump en noviembre viéndose como una posibilidad distinta, la ventana de debilidad estadounidense puede estar cerrándose. En conocimiento de esto, Irán ha estado acelerando su progreso hacia un arma nuclear, la que puede estar a apenas "una o dos semanas" de distancia, como confirmó el Secretario de Estado Antony Blinken hace dos semanas en Aspen. Los duros argumentarán que ahora es el momento de hacer una carrera hacia la nuclearización, lo que podría volver a dibujar el equilibrio de poder en el Medio Oriente.
Estas mismas voces—incluida, aparentemente, la de Masoud Pezeshkian, el nuevo presidente, quien se quitó la máscara de "moderado" que engañó al occidente prometiendo "hacer que los ocupantes terroristas lamenten su acto cobarde"—estarán instando al ayatola a contraatacar duro. Esto puede todavía suceder, pero hoy parece más improbable que probable. En el viejo mundo, cuando Trump estaba en el cargo y la disuasión era fuerte, incluso la eliminación de Qassem Soleimani en el 2020 se encontró sin ninguna escalada por parte de Irán. A pesar de la guerra en Gaza, el recuerdo de esa dinámica será conjurado hoy. Habrá inevitablemente alguna represalia del régimen, pero, como me dijo Aarabi, esto es más probable que asuma la forma de un ataque terrorista contra una embajada israelí en el exterior que otra noche de disparos de cohetes contra Israel.
Así que las rondas de violencia continúan. Ahora mismo no hay final a la vista. La eliminación de Haniyeh casi seguramente causará que se desvanezcan las posibilidades de un acuerdo por los rehenes, lo cual aumentará la presión interna sobre el líder israelí. En Jerusalén, habrá una sensación de satisfacción callada que el nombre Netanyahu provoque miedo en el corazón del ayatola una vez más.
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