La increíble historia de las hermanas Touza, las “Schindler Gallegas”
Esta es la historia de tres hermanas, Lola, Amparo y Julia, quienes en esos difíciles años cuarenta del siglo pasado, de hambre y posguerra en España, desempeñaron un papel heroico sin apenas saberlo ni buscarlo, con esa inocencia de quien hace el bien porque simplemente debe hacerlo ante el dolor inconmensurable de los demás.
Las hermanas Touza, procedentes de Ribadavia (Ourense) fueron tres gallegas que habrian ayudado a salvar a más de 500 judíos que huían del Holocausto, estableciendo una red clandestina para lograr que los fugitivos llegados a la Estación de Trenes de Ribadavia pudieran ponerse a salvo en Portugal, según se informo en un artículo publicado por el diario madrileño El País.
El diario local El Faro de Vigo también daba noticia de su historia plagada de riesgos, atrevimiento y determinación por ayudar a los judíos:
“Apodadas por su humanidad las «Schindler gallegas», salvaron a 500 judíos desde Ribadavia, Ourense. Consiguieron ayudarles a huir del nazismo gracias a una red clandestina que las conectaba directamente con el cónsul portugués Arístides de Sousa, que también desempeñó el mismo cargo en Vigo”.
Las tres hermanas, vecinas de esta pequeña localidad gallega, regentaban el casino y una cantina en la estación de trenes, hecho que fue providencial para poder realizar sus tareas humanitarias. Lola Touza montó con sus hermanas la red en la que también colaboraron los taxistas Xosé Rocha Freixido y Xavier Míguez, con parada en Ribadavia, un barquero, Ramón Estévez, y un intérprete, Ricardo Pérez.
Cuando llegaba el tren previamente señalado de noche o de día, Lola, con el acuerdo cómplice de sus dos hermanas se encargaba de atender a los viajeros en situación de auxilio, los escondía en su casa el tiempo necesario, hasta la noche precisa en que los taxistas se encargaban de su traslado a la frontera con Portugal.
El escritor y librero Antón Patiño Regueiro rescató la historia de las hermanas Touza, cuyo relato fue transmitido por Amancio Vázquez, un exiliado gallego a quien un judío residente en Nueva York le había encomendado hacer llegar el agradecimiento a las hermanas.
Unos años antes de este relato, en 1964, Isaac Retzmann, neoyorquino de origen judío, quien había llegado a Estados Unidos en 1943 huyendo de la persecución de los judíos en Europa, comenzó a investigar para poder encontrar a las personas que durante la Segunda Guerra Mundial le habían salvado la vida a él y a muchas personas más.
Esta búsqueda fue la que reveló el secreto mejor guardado.
Entre la Gestapo y la policía franquista
Las tres hermanas, Lola, Amparo y Julia, fueron valientes y arriesgadas, capaces de esquivar a las autoridades franquistas y a los agentes de la Gestapo para salvar la vida de cientos de personas y lograr que consiguieron cruzar la frontera entre España y Portugal.
A la estación de Ribadavia se la conocía como Estación Libertad.
Contaron con muchos colaboradores, es cierto, pero seguramente también las autoridades locales y policiales de la época harían la vista gorda ante unos hechos que en un pueblo de esas dimensiones en España, en la que no se movía una hoja sin que la Guardia Civil se enterara, no podían pasar desapercibidos.
Las hermanas Touza Domínguez habilitaron el escondite para los perseguidos en el quiosco de la estación de Ribadavia y en su propia vivienda; esta casa contaba con un sótano, que estaba disimulado bajo un falso suelo, de unos 20 metros cuadrados excavado bajo tierra y acomodado para el refugio de los huidos, aquí comían y descansaban hasta el momento propicio de partir hacia la frontera portuguesa.
La sofisticada red organizada por Lola, principalmente, comenzaba en los Pirineos, hacía escala en Medina del Campo y llegaba hasta Ribadavia.
Daba auxilio sobre todo a judíos, pero también a otros refugiados que huían de la pesadilla fascista que se abatía por toda Europa.
Estas hermanas mantuvieron el secreto de su gesta solidaria durante toda su vida, incluso para sus hijos este hecho fue desconocido, pues el pacto de silencio se mantuvo mientras siguiera alguna de ellas con vida. Nada se haría público por miedo a represalias.
Esta historia ha sido rescatada fundamentalmente por los relatos de las personas salvadas de la persecución nazi.
Nada de reconocimientos, ni homenajes públicos, solamente el honor de haber estado a la altura de las circunstancias como seres humanos y haber dejado la estela de haber contribuido a un mundo mejor en las más adversas condiciones, incluso a riesgo de poner su vida en juego.
La generosidad de las hermanas no acababa con la puesta de los perseguidos en la frontera portuguesa, si bien antes de pasar les entregaban algo de dinero para que pudieran desenvolverse en Portugal, a esta ayuda económica destinaban lo ganado en la gestión del casino.
Así lo ha testificado uno de los sobrevivientes, que entregó la moneda de plata que Lola Touza le había dado, al nieto de ésta, Julio, según cuenta el periodista Gerardo Di Fazio en una reciente crónica.
Lola murió el 26 de junio de 1966, Amparo el 6 de febrero de 1981 y Xulia el 6 de junio de 1983.
Juntas vivieron y están enterradas en el cementerio de Ribadavia.
El 7 de septiembre de 2008, la labor humanitaria de las hermanas Touza fue reconocida en Ribadavia con un homenaje póstumo auspiciado por el Centro de Estudios Medievales de la localidad, en la fachada de su casa se colocó una placa ‘Loitadoras pola liberdade’.
El Estado de Israel ha reconocido a las hermanas Touza en su capital, Jerusalén, con un árbol que evoca la labor de Lola, Amparo y Julia y se han iniciado los trámites para otorgar a las hermanas Touza Domínguez el título de Justas entre las Naciones, que otorga el Yad Vashem a las personas que se han sacrificado por la salvación de judíos durante el Holocausto.
Ricardo Angoso
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