viernes, 19 de junio de 2026

 

Reino Unido lanza su primer Mes de la Cultura Judía para combatir la exclusión y celebrar un legado histórico
Londres se convirtió este año en el epicentro de una celebración inédita: el primer Mes de la Cultura Judía del Reino Unido.
Bajo el lema “Less Oy, More Joy” (“Menos lamentos, más alegría”), la iniciativa busca destacar el aporte historico y contemporáneo de los judíos a la cultura británica, al tiempo que responde a un clima creciente de antisemitismo y exclusión en espacios artísticos y académicos.
Aunque el evento se presenta como una fiesta de la creatividad y la identidad judía, sus organizadores reconocen que nació como respuesta a una realidad preocupante.
Desde los ataques de Ham2s del 7 de octubre de 2023 y la posterior guerra en Gaza, numerosos artistas, escritores, músicos y profesionales judíos denunciaron haber sido marginados o discriminados en distintos ámbitos culturales del Reino Unido.
Según explicó Liat Rosenthal, directora de Cultura, Educación y Comunidades de la Junta de Diputados, la iniciativa no habría surgido en otras circunstancias.
“Esta es nuestra respuesta”, afirmó Rosenthal, quien se convirtió en 2025 en la primera directora de cultura en los 260 años de historia de la organización.
Organizado por la Junta de Diputados de los Judíos Británicos (Board of Deputies of British Jews), el festival se desarrolló entre mediados de mayo y mediados de junio con más de 100 actividades repartidas por todo el país.
La programación incluyó exposiciones, recorridos historicos, conciertos, ferias gastronómicas, talleres educativos y encuentros con artistas, con el objetivo de acercar la cultura judía al público general.
Para los impulsores del proyecto, era necesario crear un espacio que mostrara la riqueza de la experiencia judía más allá de los relatos vinculados al Holocausto o al antisemitismo.
Uno de los aspectos más llamativos del festival fue la participación de algunas de las instituciones culturales más importantes del Reino Unido.
Museos como el Victoria and Albert Museum, la Biblioteca Británica y el Museo de Ciencias organizaron visitas guiadas, charlas y actividades especiales centradas en las contribuciones de artistas, científicos, fotógrafos y pensadores judíos.
En muchos casos no fue necesario crear exposiciones nuevas. Las colecciones permanentes ya contenían una enorme cantidad de obras realizadas por creadores judíos.
En el Victoria and Albert Museum, por ejemplo, se organizaron recorridos dedicados a figuras fundamentales de la fotografía estadounidense como Diane Arbus, Alfred Stieglitz, Joel Meyerowitz y otros artistas de origen judío cuyas obras forman parte de la colección.
La propuesta buscó mostrar hasta qué punto la influencia judía está integrada en la historia cultural contemporánea.
La programación incluyó una amplia variedad de eventos pensados para distintos públicos.
Hubo recorridos patrimoniales, conciertos, actividades infantiles, ferias gastronómicas y encuentros académicos. También se organizaron iniciativas digitales y campañas en redes sociales destinadas a acercar la cultura judía a nuevas audiencias.
Uno de los elementos más llamativos fue la aparición de «Mr. Pickle», una enorme mascota con forma de pepinillo encurtido que recorrió distintos puntos emblemáticos de Londres y se convirtió en uno de los símbolos del festival.
Los organizadores destacaron que la intención era ofrecer una imagen abierta, diversa y positiva de la comunidad judía británica.
Sin embargo, detrás del tono festivo existe una preocupación profunda.
La organización Community Security Trust registró alrededor de 3.700 incidentes antisemitas durante el último año en una comunidad que cuenta con aproximadamente 290.000 miembros en el Reino Unido.
Según Stephen Silverman, director de investigaciones de Campaign Against Antisemitism, los judíos británicos enfrentan actualmente niveles de hostilidad sin precedentes.
De acuerdo con datos oficiales citados por la organización, los judíos tienen una probabilidad significativamente mayor de ser víctimas de delitos de odio en comparación con otros grupos religiosos.
Los incidentes incluyen agresiones físicas, amenazas, vandalismo y ataques contra instituciones comunitarias.
Más allá de los ataques visibles, numerosos artistas denuncian una forma más silenciosa de discriminación.
La ceramista británica Lucy —nombre ficticio utilizado para proteger su identidad— relató que perdió oportunidades profesionales después de que una representante artística considerara que exhibir su trabajo era un “riesgo comercial” debido a su condición de judía.
Según explicó, la situación comenzó cuando compartió en redes sociales imágenes de actos antisemitas dirigidos contra ella.
Casos similares han sido denunciados por músicos, escritores y actores que aseguran haber sido excluidos de proyectos o eventos culturales por expresar públicamente su identidad judía o sus opiniones sobre Israel.
Para muchos integrantes de la comunidad artística judía, el resultado ha sido una mayor búsqueda de espacios propios y redes de apoyo mutuo.
Uno de los episodios más comentados ocurrió cuando el Museo Británico canceló a último momento una conferencia titulada “Israel y Judá antiguos en el Museo Británico”.
Según los organizadores, la institución detectó que numerosos asistentes planeaban interrumpir el evento en señal de protesta.
La charla fue posteriormente reprogramada y transmitida por internet, convirtiéndose en la actividad más exitosa de todo el Mes de la Cultura Judía, con más de 5.000 espectadores en línea.
Para Rosenthal, el episodio demostró el interés del público por conocer aspectos historicos y culturales del judaísmo que suelen quedar fuera del debate politico cotidiano.
Los organizadores consideran que la primera edición fue un éxito y esperan convertir el Mes de la Cultura Judía en un evento anual.
Más allá de la programación artística, el proyecto busca fortalecer la visibilidad de la comunidad judía británica y promover una comprensión más amplia de su legado historico.
Según análisis de Reuters, en un contexto marcado por tensiones políticas, polarización y aumento del antisemitismo, los impulsores del festival creen que la cultura puede funcionar como una herramienta para generar diálogo, combatir prejuicios y recuperar espacios de convivencia.
La apuesta es que, en los próximos años, la celebración continúe creciendo y se consolide como una de las principales iniciativas culturales dedicadas a la diversidad y al patrimonio judío en Europa.
Aurora Israel

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