Para algunas personas, esta reflexión podría parecer contraintuitiva. Las noticias cotidianas están llenas de declaraciones de derrota. El mundo online está lleno de declaraciones estridentes que Israel ha perdido esta guerra.
Pero a medida que nos aproximamos al tercer aniversario de los ataques del 7 de octubre, sostengo lo que escribí aquí en esta época el año pasado: que Israel y sus aliados han estado ganando la guerra en el terreno aun cuando han perdido la guerra de relaciones públicas en todo el mundo. La guerra de relaciones públicas importa. Pero importa menos que la guerra en sí. Mejor ganar la guerra en el terreno y perder la guerra de relaciones públicas que a la inversa.
Tres años después del ataque que inició Yahya Sinwar, vale la pena reiterar los éxitos de la nación a la que él intentó derrotar—y la destrucción absoluta de las personas que iniciaron esta guerra.
Durante décadas, el gobierno revolucionario iraní había tratado de rodear al estado de Israel en un anillo de fuego. Sus aliados—Hamas en Gaza, Hezbola en Líbano, y otras fuerzas en Siria, Irak, y Yemen—permanecieron dispuestos como una trampa. Los cohetes de largo y corto alcance que habían sido acumulados en Líbano en particular estaban intencionados para un propósito principal: actuar como una disuasión si Israel llevaba a cabo acciones militares contra el programa nuclear iraní.
Ese programa nuclear iba a ser la joya de la corona del régimen iraní. Era lo que los apologistas del régimen en el Occidente pasaron años fingiendo que no estaba en operaciones. Pero lo estaba. Y los voceros del régimen en el Occidente estaban simplemente encubriéndolo hasta el día en que los iraníes pudieran declarar tener la capacidad de ruptura nuclear.
Una vez que los mulas tuvieran armas nucleares con capacidad de lanzamiento, ellos creían que serían invencibles—capaces efectivamente de seguir reprimiendo al pueblo iraní por el futuro indefinido y tener agarrado de la garganta no sólo al Medio Oriente sino también al mundo más amplio. Eso era, efectivamente, lo que sus voceros en los medios de comunicación occidentales querían. Sólo un gran error de cálculo impidió que lleguen allí: El lanzamiento de los ataques del 7 de octubre por parte de Sinwar.
Con la perspectiva tras tres años de guerra, ahora podemos ver más claramente cuán completos han sido los planes iraníes de devastación. Pieza por pieza, el gobierno de Benjamin Netanyahu desmanteló el eje iraní.
En primer lugar, desmantelaron a Hamas en Gaza. Hicieron esto a pesar de los constantes intentos por hacer que se detengan, lo que provino no sólo de los poco relevantes "aliados" importantes en Europa, sino de la Casa Blanca del Presidente Joe Biden. A lo largo de los años durante los cuales las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) intentaron completar su misión en Gaza, la administración Biden trató constantemente de frenarlas. Pero el gobierno israelí se rehusó. Incluso cuando Kamala Harris declaró que ella había “estudiado los mapas” y el hashtag “Todos los ojos en Rafah” se volvió mundial online, las FDI entraron al último bastión de Hamas. Allí arrinconaron a Sinwar y eliminaron al cabecilla de los ataques. No hubo ninguna "masacre" en Rafah, como había predecido el mundo online. Hubo simplemente otra victoria israelí.
Los israelíes vieron una amenaza existencial, tomaron las cosas en sus propias manos, y decidieron su propio rumbo.
Otros líderes del eje iraní fueron eliminados uno por uno. El líder de Hamas Ismail Haniyeh fue eliminado por una bomba oculta en el complejo donde se estaba quedando en Teherán en julio del 2024. Con Hamas desmantelado, los israelíes volvieron su atención hacia Hezbola y Líbano. Hubo discrepancias significativas dentro del gabinete de guerra israelí acerca de cuando enfrentar a Hezbola, el cual se unió a la guerra contra Israel el 8 de octubre del 2023. El Ministro de Defensa Yoav Gallant quería atacar de inmediato, bajo el fundamento que Hezbola era el enemigo más grande y Hamas el más chico, y que era más sabio seguir las reglas de la guerra que recomiendan que enfrentes a tu enemigo más fuerte primero. Pero Netanyahu estaba reticente—aunque no se negaba—a combatir en dos frentes.
El plan del primer ministro dio sus frutos. Un año después de los ataques del 7 de octubre, Israel había llevado a cabo sus brillantes ataques con los buscapersonas y los walkie-talkies, eliminando o mutilando a miles de agentes de Hezbola con víctimas civiles mínimas. Entonces, mientras Netanyahu estaba en New York hablando ante las Naciones Unidas, Israel bombardeó el complejo donde estaban reunidos el jefe de Hezbola, Hassan Nasrallah, y casi todos sus colegas de alto rango restantes.
Tras haber desmantelado a Hamas y Hezbola, era hora de llevar la guerra directamente al régimen iraní. Para esto, Israel necesitó—y recibió—la ayuda de la nueva administración en Washington. La fuerza aérea israelí eliminó la mayoría de las defensas de misiles tierra-aire del régimen iraní. Dejaron indefensos los cielos encima de Irán y luego regresaron. Dos años después de la guerra que inició Sinwar, Israel había atacado miles de objetivos del régimen y abrió la ruta para que los bombarderos estadounidenses B-2 ataquen los principales sitios nucleares iraníes.
El Presidente Donald Trump declaró una victoria total sobre el programa nuclear iraní, pero una vez que quedó claro que los iraníes retuvieron capacidades y estaban todavía rechazando cooperar, tanto los estadounidenses como los israelíes regresaron. Esta vez—a principios de este año--ellos no sólo atacaron el programa nuclear iraní nuevamente, sino también eliminaron al líder supremo. En el presente, el régimen iraní es débil, sus líderes están reticentes a aparecer en público, su economía está hecha polvo gracias a las sanciones del Secretario del Tesoro Scott Bessent, y el eje terrorista entero que Irán ha construido desde 1979 está de rodillas.
Tal vez el golpe de gracia llegará desde afuera de Irán, o tal vez llegará desde adentro. Pero el régimen nunca ha estado en una posición más débil.
Sinwar era un psicópata, y entonces él probablemente habría lanzado su guerra de todas formas. Pero bajo cualquier análisis, lo que él inició el 7 de octubre fue uno de los mayores errores militares en la historia. Todos junto a él y por encima de él en la cadena de mando están ahora muertos. Ni Hamas, Hezbola, ni el régimen iraní tienen más un nudo corredizo listo para pasar alrededor del cuello de Israel. Hace tres años, esta serie de victorias habría parecido impensable. Hoy, es una noticia de un día promedio. Que una gran parte de los rehenes israelíes que Hamas capturó el 7 de octubre fueran finalmente devueltos con vida es una victoria adicional digna de las Escrituras.
Sólo una parte de la guerra ha sido perdida, y es la guerra por la opinión pública—especialmente entre los jóvenes. Eso es a la vez preocupante y poco sorprendente. El régimen de Catar, vinculado al terrorismo, entre otros, ha tenido gran destreza en usar sus altavoces en Al Jazeera y otros, más canales de propaganda encubierta para influenciar a la opinión pública. Estos medios noticiosos empezaron a hacer falsas afirmaciones que Israel estaba cometiendo “genocidio” en Gaza empezando en octubre del 2023. Tristemente, grandes partes del mundo han creído esta mentira, y gobiernos débiles como el de Reino Unido han decidido congraciarse con una parte de su base política interna repitiéndola y alimentándola.
En los años por delante, ese será su problema. Pero por ahora, lo ocurrido en los cielos encima de Arabia Saudita el miércoles a la mañana sirve como una metáfora para tres años de guerra. Los israelíes vieron una amenaza existencial, tomaron las cosas en sus propias manos, y decidieron su propio rumbo. El resto del Occidente tendrá que decidir si seguirá el modelo israelí o si permitirá que su futuro sea dictado por el terrorismo y el secuestro de su sociedad entera.
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