De The Telegraph:
Ha surgido un nuevo eje terrorista que cubre ambos lados del Mar Rojo
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Las fuerzas del gobierno yemení se han retirado de la Isla Mayyun, en el punto más estrecho del estrecho Bab al-Mandeb, la entrada sureña al Mar Rojo. Mucho del comercio mundial atraviesa el Bab al-Mandeb. La captura de Mayyun por parte de los hutíes fue parte de una estrategia, la cual se ha estado desarrollando durante años, y las fuerzas detrás de ella pueden importar más que el territorio en sí.
La red de aliados y grupos terroristas de Irán ha sido degradada significativamente en los últimos tiempos. Pero una parte de ese sistema no fue quebrada. Fue promovida. En los primeros días, los hutíes dependían de Teherán. Ellos ahora son parte de una red terrorista–llámenla el Eje del Mar Rojo–que controlará ambos lados del Bab-al-Mandeb. Esto debería ser entendido antes que alguien decida qué hacer luego.
El Eje del Mar Rojo se extiende por el estrecho, llegando al Cuerno de Africa. Está conformado por diferentes grupos que los no interiorizados no esperarían que trabajen juntos, no dependientes de un solo patrocinante, habiendo abandonado las ideologías que una vez limitaron la pertenencia. En este sentido recuerda a al-Qaeda, el cual tiene una historia documentada de cooperación con Irán a pesar de las profundas diferencias sectarias e ideológicas.
La evidencia del Eje nunca fue especulativa. Los informes del Panel de Expertos en Yemen de Naciones Unidas revela la cooperación hutí con al-Shabaab en Africa mucho más allá del contrabando. Incluye transferencias de armas, operaciones compartidas, ingenieros hutíes enviados a Somalia para enseñar modificación de drones, combatientes de al-Shabaab entrenados en campamentos hutíes, agentes de al-Qaeda junto a la inteligencia hutí.
La inteligencia somalí ha interceptado comunicaciones entre los hutíes, al-Shabaab y el Estado Islámico. En mayo, la propia estrategia contraterrorista de Estados Unidos nombró a la cooperación hutí con al-Shabaab como una alianza emergente definiendo el ambiente de amenaza de hoy día.
El registro existía antes de Mayyun. Lo que no existe es la voluntad de actuar respecto a él.
Los hutíes querían más que dinero. El Panel de Expertos encontró que su cooperación con al-Shabaab no es transaccional sino una estrategia deliberada para extender su influencia regional. El estrecho era el objetivo. Aumentando el costo del comercio global a voluntad, ellos adquieren lo que el territorio capturado nunca pudo: una fuerza que no puede ser atacada sin consecuencias o dejada fuera de cualquier acuerdo sobre el futuro de Yemen. Independientemente de si conservan o no el terreno que capturaron, un movimiento capaz de disputar el control de este estrecho ha cambiado lo que el mundo debe planificar.
Esta red liderada por los hutíes puede demostrar ser más duradera que la que reemplaza. El "eje de la resistencia" iraní tiene límites: un patrón, una ideología, una capital que podría ser presionada, límites respecto a quién se uniría. El Eje del Mar Rojo no tiene nada de esto. Secta y doctrina por igual están subordinadas a un compromiso con la muerte de los enemigos en común, haciendo el acuerdo más siniestro, pero mucho más difícil de romper. Tiene dinero propio, producto del contrabando y la extorsión.
El Mar Rojo ya no es más un riesgo a ser cuantificado: es una condición del comercio mundial. Las navieras llevan 2 años desviando las rutas por el Cabo, y las primas por riesgo de guerra ya están incorporadas en casi todas las mercancías que se trasladan entre Asia y el Atlántico. Esos costos surgieron cuando los hutíes podían sólo amenazar el estrecho desde las colinas circundantes. Ahora ellos tienen la costa y las islas dentro del estrecho: ya no estarán más amenazando la vía marítima desde una distancia. Estarán presentes en ella.
Por primera vez, una sola red controla ambos extremos de la Península Arábiga– el Bab al-Mandeb y el Estrecho de Ormuz. Y los que lucharon por ese terreno ya están exportando esa capacidad– misiles, drones, barcos cargados de explosivos– a una segunda línea costera, de 1,800 millas de largo, 12 millas a través del agua.
No exageraré lo que puede hacer mi país. Nuestras fuerzas han defendido una línea costera contra un movimiento abastecido por un estado. Podemos abordar un barco Dhow en nuestras propias aguas. No podemos mantener una vigilancia constantes sobre 1,800 millas de línea costera, o llegar a los financistas y agentes de navegación que están detrás de cada cargamento. Lo hemos dicho, públicamente y repetidamente.
Pero Yemen no ha sido pasivo. Nuestra guardia costera y armada han interceptado una sucesión de embarcaciones este año de sistemas de guía de drones, componentes para barcos explosivos, y misiles anti-tanque.
En agosto interceptamos un buque trasladando componentes de drones fuera de Yibuti, exponiendo la red dirigida por Teherán que era responsable de más de una docena de embarcaciones a través de Bandar Abbas. Cuando una embarcación dron hutí hundió un buque mercante de bandera india, fue la guardia costera yemení la que sacó a sus 14 tripulantes del agua. Hicimos todo esto con una fracción del presupuesto que cualquier armada llamaría adecuado, mientras combatíamos para recuperar el control.
He pasado la mayor parte de mi carrera en desarrollo y creación de paz. Fui subsecretaria general de la Conferencia de Diálogo Nacional de Yemen y estuve en la comisión de redacción de la constitución. Los hutíes estaban en esa mesa con nosotros. Luego ellos rechazaron el resultado y marcharon sobre Sana'a.
Houthi supporters hold a rally in Sana’a to celebrate the group’s takeover of the Bab al-Mandeb - Mohammed Hamoud/Getty Images Europe
Lo que Yemen necesita no es otra conferencia de donantes. Son cuatro cosas. Necesitamos reconocimiento, en la ley y en las listas de sanciones, que esta es una red en lugar de actores inconexos, para que los agentes, facilitadores y financistas que la mantienen unida se conviertan en objetivos en lugar de en notas al pie. Necesitamos compartir información de inteligencia que vincula las ramas de la organización presentes en Yemen y el Cuerno de Africa. Necesitamos apoyo para las fuerzas que todavía están luchando en el interior del país, en Taiz, Marib y al-Jawf.
Y tenemos que terminar con el hábito – todavía común en las capitales occidentales y partes del sistema de la ONU – de tratar al gobierno reconocido internacionalmente y a un grupo terrorista armado como iguales intercambiables. Ese hábito tiene un precio, y en Bab al-Mandab el mundo lo vió.
El presidente de nuestro Consejo de Liderazgo Presidencial ha dicho que lo que sucedió en Bab al-Mandab no es un asunto puramente yemení. El tiene razón. Una vía marítima no es un tema interno.
La antigua red de representantes iraníes tardó diez años en articularse a plena vista mientras el mundo discutía si existía. Su sucesor, el Eje del Mar Rojo, no necesitó tanto tiempo. No estoy pidiendo que alguien confíe sólo en el relato de Yemen; la evidencia es pública y está documentada por otros. Pido sólo que el Eje sea visto como una realidad única y conectada en lugar de como entidades separadas. Y reconocida como lo que es.
Yemen es donde se decidirá el futuro del Mar Rojo y una de las principales rutas comerciales del mundo. Preferiríamos no decidirlo solos.
La Dra. Afrah Abdulaziz Al-Zouba es Ministra de Asuntos Exteriores y Expatriados de la República de Yemen
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