jueves, 30 de marzo de 2017

¡SHABAT SHALOM!
EL EXILIO DE LA PALABRA
La boca, el habla, el poder de la palabra, representan el final de un proceso.
Antes del nivel del habla, existen grados más elevados, que comienzan en el territorio del silencio, y continúan “materializándose” a través de las letras sonoras, la voz naciente, y las palabras.
De “arriba” hacia “abajo”, lo que somos, fluye y se derrama.
Y recién, después, hablamos.
La palabra encarna, y es la cara visible de tal proceso espiritual desde los cielos hasta la tierra de nuestro ser.
*
Pero cuanto en una persona, su poder del habla no representa a tales grados precedentes, entonces ¿a quién representa?
¿A quién representa tu habla, si a ti no te representa?
Si “no te pronuncia” ni “te expresa”, ¿a qué o a quién pronuncia y nombra?
Tal vez repita o duplique, incluso de un modo inconsciente, las palabras de otros, de extraños conocidos o desconocidos.
Y entonces, tu mundo interior y más excelso queda apresado, y no logra expresarse.
Ha sido esclavizado.
Resulta difícil imaginar un tormento mayor que el del “yo” encerrado en uno mismo.
Asfixia en casa, íntima mordaza.
O tal vez se trate del máximo exilio imaginable.
Uno, fuera de uno.

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